domingo, 9 de mayo de 2010

Alfonso VI, rey de Leon y Castilla

Rey de León (1065-1109) y de Castilla (1072-1109), hijo segundo de Fernando I y su esposa Sancha, fue designado por su padre rey de León, mientras sus hermanos Sancho y García quedaban como monarcas respectivamente de Castilla y Galicia. La división del reino hecha por su padre no fue aceptada por el primogénito, Sancho II. Derrotado Alfonso en Llantada (julio 1068), pudo huir y conservar el reino. Hacia 1071 ambos hermanos se pusieron de acuerdo para repartirse el reino de Galicia despojando de él a García. Nuevamente vencido en Golpejera (1072), Alfonso fue apresado y despojado del reino leonés. Solo la intervención de su hermana Urraca consiguió que se le permitiera refugiarse en el reino musulmán de Toledo.
De hecho, la guerra entre hermanos encubría un enfrentamiento entre leoneses y castellanos por la hegemonía del centro de la Península. En el marco de esta rivalidad castellanoleonesa surgió entre el monarca y el caballero castellano Rodrigo Díaz, el Cid, una radical enemistad. La primera medida importante de gobierno de Alfonso VI fue el encarcelamiento de su hermano García, que desde Sevilla había vuelto a Galicia pensando en recuperar el trono, por lo que a Alfonso VI, se le presentó la urgente necesidad de eliminar a su hermano. Por consejo de Urraca y de Pedro Ansúrez, le invitó a una entrevista, a la cual el incauto García acudió. Alfonso VI le mandó encerrar cargado de cadenas, en el castillo de Luna, donde permaneció hasta su muerte en (1090).Rehecha la unión de los reinos, Alfonso pudo lanzarse a empresas de mayor ambición. Ocupó momentáneamente La Rioja (1074) en lucha con el rey Sancho IV de Navarra, quien además le disputaba las parias de la taifa de Zaragoza.
El asesinato del rey navarro en Peñalén (1076) trajo como consecuencia la ocupación de La Rioja, Álava, Vizcaya y Guipúzcoa por parte de los castellanos y el reconocimiento feudal del reino de Pamplona a Alfonso VI por parte de Sancho Ramírez de Aragón. Alfonso VI impulsó la introducción de los monjes del Cluny en los monasterios de sus reinos y acogió en su corte a numerosos miembros de la nobleza francesa. En el terreno cultural, el resultado fue la sustitución de la liturgia mozárabe o toledana por la romana y, de la letra visigoda por la carolingia francesa. La rendición de Toledo (1085), que implícitamente suponía la caída de todo el territorio musulmán hasta el Tajo, espoleó la ambición imperialista de Alfonso, quien se tituló emperador de las dos religiones e impuso su soberanía sobre el reino musulmán de Valencia. Los príncipes de Navarra, Aragón y Cataluña se veían imposibilitados de proseguir su expansión territorial y Alfonso parecía a punto de realizar sus designios imperialistas. Pero los reyes de taifas y, en especial, al-Mutamid de Sevilla solicitaron el auxilio del emir de los almorávides Yùsuf b Tasfin, quien desembarcó en Algeciras con un gran ejército.
Alfonso VI levantó el cerco de Zaragoza para salir a su encuentro y fue completamente derrotado en Sagrajas, cerca de Badajoz, el 23 de octubre de 1086. Ante la pérdida de influencia sobre los taifas, se reconcilio con el Cid, a quien encomendó la defensa del Levante peninsular, y apeló a la cristiandad. Su llamamiento fue acogido en Francia, donde se organizaron diversas cruzadas contra los almorávides. En mayo de 1108 las huestes castellanas fueron nuevamente vencidas en Uclés y, además de ésta perdieron Consuegra y Cuenca, pero Alfonso pudo conservar Toledo. Los sucesivos desastres frente a los almorávides arruinaron la obra imperialista de Alfonso VI. La constante afluencia de nobles francos fue decisiva para la defensa de sus estados; y Alfonso, que había perdido a su único hijo varón, Sancho, en la batalla de Uclés, casó a sus hijas Urraca y Teresa con Raimundo de Borgoña y Enrique de Borgoña, respectivamente.
Del primer matrimonio nacería el futuro Alfonso VII el Emperador, y del segundo, Alfonso Henriques, primer rey de Portugal. En 1109, el monarca se hizo llevar en una litera a Toledo para dirigir la defensa de la ciudad ante un esperado ataque almorávide. Alfonso VI murió sin poder asistir al asalto, el día uno de julio, después de haber concertado el matrimonio de su hija Urraca, heredera del trono y viuda ya de Raimundo de Borgoña, con Alfonso el Batallador de Aragón, quien conforme a los planes forjados por Alfonso VI sería el encargado de defender el reino castellano-leonés frente a los almorávides. Su cuerpo fue trasladado, según sus disposiciones, al monasterio de Sahagún.
Ya anciano --tenía sesenta y nueve años--, intentaba resolver la problemática sucesión que le planteaba la falta de un hijo varón, a pesar de los cinco matrimonios contraídos. El primer enlace lo realizó en 1074 con Inés, hija del duque Guillermo VIII de Aquitania, de la que se separó, probablemente, por no darle descendencia. En 1079, contrajo matrimonio con Constanza ...Alfonso VI, que había oído hablar de la belleza de Constanza, la solicitó en matrimonio. En los 12 años que duró la unión, Constanza tuvo seis hijos, cuatro de ellos fallecieron pronto y dos la sobrevivieron: Urraca, que al final heredaría el trono de Castilla-León, y otra infanta, Teresa. Con el séquito de Constanza había venido una hermosa dama francesa, pariente de la novia, que agradó más al rey que su propia esposa y que amargaría la luna de miel de Constanza.
Otra humillación hubo de soportar la reina. Al-Mutamid, rey de la taifa de Sevilla, con el objeto de estrechar públicamente su alianza con Alfonso VI, le ofreció como concubina en 1090, a su nuera Zaida, a la que dotó de las poblaciones de Consuegra, Huete y Cuenca. El sensual Alfonso VI, que había mantenido relaciones incestuosas con su hermana Urraca, y que en las cartas que escribía a los musulmanes se hacía llamar "Emperador de las dos religiones" previo consejo con sus condes, la recibió. Zaida que tras ser bautizada recibió el nombre de Isabel, fue una excelente competidora en el tálamo regio de Constanza y Berta, En el 1093, Zaida-Isabel le dio a Alfonso VI su único hijo varón, Sancho Alfónsez, lo que alegró grandemente al rey. Desgraciadamente, Sancho Alfónsez moriría en la batalla de Uclés (1108). La tercera esposa fue Berta, de origen toscano pero emparentada con la casa de Borgoña, que debió morir hacia 1098. Al año siguiente contraería su cuarto matrimonio con Isabel, de origen incierto, de la que nacerían dos hijas: Sancha, y Elvira. En 1108, contraería su último matrimonio con Beatriz, también francesa, quien al morir el rey en 1109, regresó a su país.
También tuvo Alfonso VI concubinas, de las que cabe destacar, por los acontecimientos posteriores, a la rica, noble y hermosa Jimena Muñoz, de la casa de los Guzmanes, que dio dos hijas al rey: Elvira y Teresa. La falta de descendencia masculina de Alfonso VI hacía recaer la herencia en una mujer: su hija Urraca.

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