sábado, 5 de junio de 2010

Batalla de Atapuerca (1 de septiembre de 1054). Batalla que enfrentó en 1054 a los reyes y hermanos, García III de Navarra y Fernando I de Castilla,

A la muerte de Sancho III el Mayor de Navarra, ocurrida en 1035, sus hijos heredaron sus estados: al primogénito le correspondió el reino de Navarra, donde reinó como García Sánchez III; al segundogénito, Fernando, le correspondió el condado de Castilla, mientras que Aragón pasó a Ramiro I y los condados de Sobrarbe y Ribagorza pasaron a Gonzalo.
En 1037 Bermudo III emprende una guerra contra su cuñado Fernando (casado éste en 1032 con Sancha, hermana de aquél) resultando derrotado y muerto en un enfrentamiento que pasó a la historia como la batalla de Tamara o Tamarón. La muerte del leones sin descendencia, convierte por matrimonio a Fernando I en rey de León, aunque no entró en en aquella ciudad hasta el mes de junio del año 1038. En la batalla de Tamara Fernando contó con la ayuda de su hermano García III de Navarra bajo la promesa de entregarlos territorios castellanos comprendidos entre Oca y Burgos; desde Briviesca hasta el valle de Urbel; desde Castrobarto hasta Bricia, al sur de Reinosa, y desde el Nervión hasta Santander integrando al viejo reino astur en el reino navarro.

Primera versión


Según el Monje de Silos escribió sobre la vida de Alfonso IV, hijo de Fernando I, más de medio siglo después de que se desarrollaran los hechos. Su versión es que la envidia devoraba el corazón de García, y movido por ella no dudó en atentar contra la vida de su hermano Fernando aprovechando una visita que hiciera éste a Nájera con motivo de una enfermedad de García que le tuvo cerca de la muerte. Poco después, para hacerse olvidar su atentado o para sincerarse de él, García fue a visitar a Fernando en su corte, "más para disimular su frustrado crimen, que para consolar a su hermano". Lleno de ira al verle, Fernando hizo que le cargasen de cadenas y mandó que le encerrasen en una torre de Cea. El navarro logró escaparse y deseando vengar la injuria, declaró la guerra a su hermano.
La historia nos presenta la personalidad del monarca navarro como visceral y poco reflexiva, y plantea la disputa de la causa mediante una guerra. Fernando I de Castilla, al parecer más sensato, intentó varias veces solucionar el problema mandando embajadores y procurando acuerdos, todo para evitar el litigio. Pero el navarro los rechazó a todos y la guerra no se pudo evitar.
El 1 de septiembre del año 1054 las huestes castellanas y leonesas se encontraban en Atapuerca, a tres leguas al oeste de Burgos. Fernando atravesó, aunque poco, los límites de su reino para salir al encuentro de su hermano. Según el Silense, García tenía en su ejército fuerzas auxiliares moras, y tal vez le ayudara su hermano Ramiro I de Aragón. En los Anales Compostelanos podemos leer: "En la era hispana de MLXXXXII (que, sin que nadie explique porqué, cuenta con 38 años más que la era cristiana), el primer día de septiembre fue matado el rey García, luchando con su hermano el rey Fernando en Atapuerca, por un caballero suyo, llamado Sancho Fortún, a quien había injuriado con su mujer". Desde entonces, el lugar del campo de batalla fué conocido como "el campo de la Matanza".
El "amo" del rey, Fortún Sánchez, no quiso sobrevivir a aquella desgracia, y buscó la muerte arrojándose entre las mesnadas enemigas. También debió terminar allí la vida del viejo servidor del rey, Sancho Fortún Ochóiz, señor de Cantabria. El mismo asesino, que se puede identificar con Sancho Fortún señor de Funes hasta poco tiempo antes, debió perder la vida tras su asesinato.
La Crónica Najerense, sin embargo, nos habla de unos parientes fideles del rey difunto Bermudo que, empujados por su hermana la reina Sancha, se lanzaron furiosamente hacia el rey García, acción contraria a la intención manifestada por Fernando de capturar vivo a su hermano.
Tal vez el rey castellano quedó aterrado por el inesperado desenlace de la batalla y renunció a perseguir a los navarros. Tal vez éstos, lejos de perder la serenidad, supieron defenderse hasta que el comienzo de la noche separó a los combatientes. El hecho es que los navarros tuvieron ánimo, no sólo para recoger el cadáver de rey y llevarle a enterrar en Nájera, sino también para aclamar en el mismo campo de batalla a su hijo y sucesor Sancho Garcés IV, que llevaría en la Historia el nombre triste de Sancho de Peñalén y que entonces debía de ser un adolescente de unos 15 años.

Segunda versión

Fernando I pretendía las comarcas de las Asturias de Santander, Castilla la vieja, Briviesca (Bureba) y parte de la Rioja, cosa que el de Nájera no estaba dispuesto a ceder. Enfermo García fue visitado por su hermano, quien sospechando que aquel le quería prender, se puso a salvo rápidamente. García, al parecer inocente de esas acusaciones, y para demostrar su buena disposición, sabiendo más tarde que Fernando estaba enfermo en Burgos fue a verlo. El castellano le apreso en el castillo de Cea, sin embargo el navarro logro huir. Resuelto a vengar la injuria, García llamó en su ayuda a algunos moros y con ellos y su gente entró en Castilla armado contra su hermano. Aunque en Atapuerca trataron de ajustarse a razones, se llegó por fin a las armas. Dos soldados de García traidores a su rey (uno de ellos llamado Sancho Fortun), llegaron hasta él hiriéndole mortalmente. Al poco tiempo murió y todos los suyos huyeron.
Su hermano Fernando I concedió que enterrasen el cuerpo en la iglesia de Santa María de Nájera, construida años antes por orden del muerto. Tras la batalla se apoderó de los teritorios que pretendía: Briviesca, Montes de Oca y parte de la Rioja. Fernando I llegó hasta Nájera y se apoderó de todas las tierras y poblaciones de la derecha del Ebro. Desde entonces la Bureba y la Rioja se incorporaron definitivamente al reino de Castilla, cuya frontera oriental alcanzó el rio Ebro. Además de las pérdidas territoriales, la derrota supuso para Navarra el reconocimiento de vasallaje del nuevo monarca navarro Sancho Garcés IV, el de Peñalén, ante el rey castellano.

Noticia sobre El Cid

En algunas fuentes se habla de la presencia del Cid Campeador en la batalla. Este dato no se sostiene puesto que éste al parecer, nació en el año 1048 (aunque otros sugieren el año 1043), y no parece lógico que una criatura, que, como mucho tuviera 11 años de edad, y siendo como era de buena familia, fuese reclutado para la lucha. Sin embargo, podemos asegurar que el padre del Cid, Diego Laínez, fuera un general que con sus huestes formara parte del ejército de Fernando I. Está documentado que Diego Laínez consolidó la recuperación de la Bureba para Castilla en los meses siguientes a la batalla de Atapuerca.
Academia de Infantería. Historia Militar. Segundo curso. Guadalajara, 1945. Página 100.
Diccionario Enciclopédico Espasa. Editorial Espasa-Calpe. Madrid.


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