domingo, 21 de noviembre de 2010

El caballero del sol - De la batalla que hubo el Caballero del Sol con los Caballeros de la Torre

No estaban el Caballero del Sol y su compaña dos tiros de piedra de la torre, cuando pudieron ver dos caballeros armados de todas armas que, saliendo de la morada a mucha priesa, sobre dos caballos cabalgan, y siendo conocidos por el escudero del herido caballero, en altavoz dijo: ¡Válame el alto Dios! Estos son los matadores de mi señor y robadores de nuestros caballos. ¡Oh Caballero del Sol, cuánto valdría aquí vuestro esfuerço, porque, vengando a mi señor, quitarías dos robadores de esta floresta! No les temas, que traidores son. Guárdate de ellos. Uno acomete y el otro hiere; el uno huye y el otro sigue. La razón está de nuestra parte. Dios te dé victoria.
Estas palabras no eran bien acabadas cuando, llegando los dos Caballeros de la Torre, el más anciano con una soberbia voz dio principio a tales palabras:
-Caballero de las Lunetas , ¿por ventura tráenos esos dos caballos por pensar de con ellos rescatar los que tomamos a ese caballero? Mal pensamiento traes. A ti, ni a él, ni a vuestros escuderos no queremos, pero danos esos caballos y esas tus armas, que ricas y buenas me parecen, y dejaros hemos a todos ir en paz. En otra manera, si emprender quieres batalla, pagando con la vida tu atrevimiento, así como así dejarás el despojo del campo.
-¡Oh, soberbio y sin razón caballero!, dijo el Caballero del Sol, ¿tomaste tú por ventura la orden de caballería para mantener robo o para matar [a] los robadores, para mantener a cada uno su derecho o para tomar a cada uno a tuerto su hacienda, para defender justicia y razón o para hacer sin justicia y hacer sin razón? Gran villanía cometiste maltratar un caballero por robarle un caballo, y sobre esta razón no te aguardo más palabras, sino conmigo ven a la batalla.
Con estas palabras embravecido, el Caballero de la Torre andaba por el campo braveando y, tomando de él lo que le pareció, contra el Caballero del Sol endereça, dejándose venir el uno contra el otro al más correr de los caballos, las lanças bajas, se encontraron en medio de aquel campo. Pero como los Caballeros de la Torre el uno viniese tras el otro, recibiendo el Caballero del Sol el encuentro del primero en soslayo del escudo, levantó su lança e hiriendo de ella al segundo, que más descuidado venía en descubierto del escudo, falsándole el arnés y loriga con un troço de lança por un costado en soslayo, lo lançó por tierra malherido, y fue tal la caída que quedó tan quebrantado que no pudo mas volver a la batalla aunque la herida no era mortal. Pues ver la braveza del anciano caballero cuando vio al hijo por tierra tendido, pensando que muerto fuese, no hubiera caballero que no espantara. Acometía y hería tan bravamente y tan sin piedad que apenas daba lugar al Caballero del Sol a se revolver. Pero como conociese que bien le era menester su esfuerço, porque el Caballero de la Torre era membrudo y orgulloso, poniendo mano por su espada, le començó de dar la respuesta, heriéndole de tantos y tan espesos golpes que, mal de su grado, lo hacía revolver por el campo de unas partes a otras. Bien había una hora que la batalla duraba, cuando siendo los escudos despedaçados y las lorigas falsadas, ya sus carnes començaban de sentir los filos de sus espadas. Tanto era en este punto el Caballero de la Torre cansado, que desfalleciendo por la mucha sangre que de él salía, en él no había defensa. Lo cual, como bien sintiese el Caballero del Sol, alçando su espada, le hiere de tres pesados golpes por cima del yelmo, uno tras otro, de tal manera que sin sentido vino a tierra. No fue perezoso el Caballero del Sol, ca saltando de su caballo vino sobre él y, como conoció que no fuese mortal, esperando que en su acuerdo volviese, de esta manera le dice: -Di, anciano caballero, ¿qué te aprovechan tus años, qué te aprovecha tu discreción, pues viniste a robar [a] los caballeros? Tus soberbias y malas obras te han traído a este desastrado fin. O yo te cortaré la cabeça, o te otorga por vencido, a tal condición, que, satisfaciendo lo mal llevado, has de hacer y jurar lo que yo te mandare.
-A punto soy, dijo el Caballero de la Torre, de conocer mi maldad y soberbia y el castigo que por ello Dios me ha dado. Yo lo he hecho como malo. Yo lo emendaré como bueno. Dios ha sido conmigo misericordioso, pues, siendo yo pecador, me ha dado conocimiento de mi pecado y me ha dejado tiempo para hacer de él penitencia. Yo otorgo lo que dices y haré y juraré todo lo que me pides juntamente con mi hijo, si vivo es.
Diciendo estas palabras, el Caballero del Sol por las manos lo levanta y juntamente se van todos a la morada de la Torre, donde para todos fueron parados lechos, y, siendo de lo necesario proveídos, de sus heridas fueron curados.

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