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martes, 15 de enero de 2013

La utilización del Sax en la alta edad media hispanica

A día de hoy se pone en duda la utilización del tradicional cuchillo de los sajones, (Sax), en la alta edad media hispánica. De los siglos IX al XI no se han encontrado pruebas testimoniales ni arqueológicas, que puedan demostrar si los soldados de leva o guerreros utilizaban este arma a modo de ataque una vez llegados al cuerpo a cuerpo.
No obstante el sax esta documentado en los tiempos visigodos, tanto en Castilla como en el ámbito vasco / navarro desde los siglos VI al VIII. Los visigodos utilizaban este arma atado al cinturón en su parte delantera, al contrario que los sajones y vikingos, quienes parece que solían utilizarlo a su espalda. El sax, era un arma corta, empleada para el combate cuerpo a cuerpo como una espada secundaria de menor tamaño.
Durante los siglos IX al XI, se sabe que los ejércitos se des profesionalizaron, y pasaron a ser ejércitos de leva. Donde altos aristócratas adinerados obligaban a los campesinos a combatir a su lado en defensa de sus intereses. Estos ejércitos, según diferentes testimonios históricos, como el documento fundacional de Covarrubias. Acudían a la batalla armados principalmente con lanzas y escudos. ¿Pero?, una vez rotas las lanzas, que armas utilizaban esos antiguos antepasados.
En el ámbito anglosajón, se sabe que utilizaban hachas de mano que cumplían una doble función. Por un lado agrícola, y en segundo lugar de ataque en las batallas. Pero en la península, las cabezas de hachas encontradas durante los siglos IX al XI son prácticamente nulas. Esto no significa que no se utilizaran, ya que en los siglos VI al VIII hay numerosos restos arqueológicos. Simplemente significa que durante los siglos posteriores, parece que desaparecieron desde un unto de vista arqueológico.
De cualquier forma, la lógica hace pensar que los soldados de leva utilizarían algún tipo de arma para solucionar los combates cuerpo a cuerpo, una vez rotas o superadas las lineas de lanzas. ¿sax?, ¿hachas de campo usadas para la guerra?.
Aun cuando no hay pruebas concluyentes de su utilización, nos inclinamos a pensar que utilizarían hachas de campo como armas cortas, y seguramente algún tipo de sax que desconocemos, y que a buen seguro también tendría una doble función como herramienta y arma. Máxime cuando en épocas anteriores, sus antepasados godos, si habían utilizado y conocido este arma.

martes, 11 de diciembre de 2012

lunes, 17 de octubre de 2011

¿De filo o de punta?. La Antigüedad hispana.

PLANTEAMIENTO
"Praeterea non caesim sed punctim ferire discebant", "además enseñaban a herir no de filo sino de punta". Así describía FlavioVegecio Renato (Epitoma Rei Militaris 1, 12) la esencia del entrenamiento con la espada de los legionarios romanos. Vegecio continúa explicando que los romanos sometieron con facilidad a quienes se enfrentaron con ellos empleando armas diseñadas para golpes tajantes, porque éstos, incluso los de mayor fuerza, rara vez matan, dado que los órganos más vitales del cuerpo están protegidos tanto por huesos como por armaduras. El tratado de ciencia militar de Vegecio fue escrito en una fecha indeterminada entre 383 d.C. y 450 d.C., en plena crisis del Imperio Romano, y, más que de la ciencia militar de su propia época, es un resumen -a menudo caótico- de textos muy anteriores, la mayoría hoy perdidos, junto con datos contemporáneos al autor.
La tradición romana de preferir los golpes de espada dados de punta frente a los de filo se remonta muchos siglos atrás, al menos a la época inmediatamente anterior a las Guerras Púnicas. Así, ya Polibio (c. 200- c. 118 a.C.) escribía en el contexto de las campañas contra galos boyos e insubres de 224-222 a.C. que "por su construcción, las espadas galas sólo tienen eficaz el primer golpe, después del cual se mellan rápidamente, y se tuercen de largo y de ancho de tal modo que si no se da tiempo a los que las usan de apoyarlas en el suelo y así enderezarlas con el pie, la segunda estocada resulta practicamente inofensiva [...] Los romanos, en cambio, que utilizan sus espadas no de filo, sino de punta, porque no se tuercen, y su golpe resulta muy eficaz, herían, golpe tras golpe, pechos y frentes, y mataron así a la mayoría de enemigos..." (Polibio, 2, 33; también interesantes 2, 30, 8, Dionisio de Halicarnaso, 14, 10, 17 y Polieno, Estratagemas 8,7,2).
Cuando narra Polibio la batalla de Cannas (216 a.C.), en la que el ejército cartaginés de Aníbal contaba con contingentes galos e hispanos, además de los africanos, insiste en la misma idea: "los iberos y los galos tenían el escudo muy parecido, pero en cambio las espadas eran de factura diferente. Las de los iberos podían herir tanto de punta como por los filos; la espada gala, en cambio, servía sólo para herir de filo, y ello aún a cierta distancia" (3, 114, 3). Parece evidente que Tito Livio, autor posterior a Polibio, seguía a éste cuando en su narración de la misma batalla de Cannas escribía: "Los galos y los hispanos tenían escudos de casi idéntica forma, mientras que las espadas se diferenciaban en forma y tamaño: las de los galos, muy largas y sin punta; las de los hispanos, manejables por lo cortas y con punta, pues estaban acostumbrados a atacar al enemigo clavando más que dando tajos" (Livio, 22, 46, 5). Por cierto que la propia redacción del original latino de Livio hace sospechar que pudo ser la fuente del texto tardío de Vegecio con que abríamos estas páginas: "Hispano, punctim magis quam caesim adsueto petere hostem, brevitate habiles et cum mucronibus".
Contamos pues, hasta ahora, con tres datos: los antiguos romanos preferían las espadas punzantes a las tajantes por su inherente superioridad; las espadas galas eran sólo tajantes, y las empleadas por los iberos eran mixtas, punzantes y tajantes. A esto hay que añadir una cuarta información: según las propias fuentes antiguas, en un momento indeterminado, pero probablemente entre el 225 y el 200 a.C., los romanos adoptaron una espada de origen ibérico, que denominaron gladius hispaniensis. La fuente más explícita (aunque hay otras varias) es un manuscrito bizantino del s. X d. C., la Suda, que en este caso recoge un texto de Polibio (fr. 96) "los celtíberos difieren mucho de los otros en la preparación de las espadas. Tienen una punta eficaz y doble filo cortante. Por lo cual los romanos, abandonando las espadas de sus padres, desde las guerras de Aníbal cambiaron sus espadas por las de los iberos...". Fragmento éste que enlaza con la descripción que de la espada romana de su época hace Polibio: "la espada, que llevan colgada sobre la cadera derecha y que se llama 'española'. Tiene una punta potente y hiere con eficacia por ambos filos, ya que su hoja es sólida y fuerte" (6, 23,6-7).

PRIMERA CUESTIÓN: LA SUPERIORIDAD DE LA PUNTA SOBRE EL FILO.
Por lo que se refiere a la primera cuestión (la supuesta superioridad inherente de las espadas punzantes frente a las tajantes), los tratados modernos tienden a confirmarla, aunque con matices. En lo que hay acuerdo general es que las heridas punzantes son más peligrosas que las tajantes (Quesada, 1992:68-69; Clements, 1997:8-9). El notable personaje que fue Richard F. Burton, aventurero, viajero, lingüista, militar, escritor y esgrimista, publicó en 1884 una obra, The book of the Sword, en la que, muy en la línea de las concepciones etnográficas y raciales de su tiempo, atribuía características 'raciales' a los tipos de armas: "He dado precedencia a la hoja curva porque el golpe cortante es más natural para el hombre que el punzante. La naturaleza humana tiende al golpe 'curvo' hasta que un entrenamiento severo le enseña a golpear directo desde el hombro. [...] Y sin embargo no hay duda sobre la superioridad del golpe punzante sobre el cortante. Como muestra el diagrama, A, que ataca de punta, tiene ventaja en tiempo y distancia sobre B que usa el filo. [...] Las gentes de las latitudes meridionales (por ejemplo, las que habitan alrededor del Mediterráneo, el foco de la civilización antigua, donde la espada ha jugado su papel más brillante y dominante) son razas activas y ágiles de constitución ligera y poder muscular comparativamente reducido. En consecuencia han preferido habitualmente, y todavía prefieren, el arma de punta, cuya estocada mortal puede darse sin necesitar fuerza o peso. Por la razón inversa los hijos del Norte han elegido el Espadon propiamente dicho, la hoja larga, recta, pesada, de doble filo, que se adecuaba con su superior estatura y poder de momento. Esta es una visión geográfica y etnológica de la distribución de la espada, una regla sin embargo tan general que deben esperarse multitud de excepciones..." (Burton, 1884, 126-128).
No sería prudente sonreír con superioridad ante la aparente ingenuidad de Burton: hay mucho en la arqueología y en las fuentes literarias antiguas que tiende a apoyar su visión etnográfica. Y en todo caso, todos los tratadistas en esgrima y estudiosos de las armas blancas más recientes mantienen la superioridad de la espada punzante o mixta sobre la exclusivamente tajante, más primitiva dado que la tendencia general del hombre es a tajar (así por ejemplo Oakeshott, 1963:33-35; Clements, 1997:13-14; Bridgfoot, 1997:113).
Por otro lado, también debe tenerse en cuenta que la ciencia de la esgrima con armas exclusivamente punzantes, que alcanzó su carta de naturaleza sólo en el s. XVI (Clements, 1997:5 ss.) y su plenitud sólo en el s. XVIII (Oakeshott, 1963:34), es realmente útil sólo en duelos individuales (Clements, 1997:8, 11-13), en defensa personal en la ciudad (ibidem pp. 21-22) y en especial cuando se enfrentan combatientes sin protección corporal (Bridgfoot, 1997:113).
En circunstancias de batalla, cuando el combatiente debe esperar ser atacado desde varias direcciones y por distintos enemigos protegidos con corazas, cascos y escudos, la situación puede ser muy diferente. Entonces una espada ropera (o rapière) sólo punzante puede ser menos útil que una espada sólo tajante: la segunda tiene al menos la oportunidad de herir el hombro, brazo o cabeza del rival e incapacitarle; el estoque, en teoría más peligroso, debe primero encontrar puntos débiles en la protección del enemigo para poder penetrar (la axila, el cuello o el bajo vientre), y esta selección del blanco es problemática en el caos del combate. Mientras que una punta de flecha o un pilum, lanzados con gran impulso, pueden penetrar una coraza, la espada estoque, impulsada sólo por la fuerza del brazo (y con suerte, del cuerpo entero), encuentra más problemas. Por eso la gran mayoría de las espadas de guerra a lo largo de la historia (hasta la generalización de las armas de fuego y consecuente desaparición de las corazas) han sido, o bien puramente tajantes, o de uso mixto; no estoques puros, caracterizados por su hoja estrecha y muy aguda y que no se encuentran en la Antigüedad o Edad Media. Incluso la corta y ancha espada griega hoplita (xiphos) y la romana imperial (gladius), de la que las fuentes enfatizan su uso punzante, eran armas de uso mixto, aunque en el contexto de una táctica de formaciones cerradas se emplearan sobre todo pero no exclusivamente para punzar, en una secuencia que incluía primero empujar con el escudo al enemigo para desequilibrarle, y luego tratar de herirle en el vientre.

SEGUNDA CUESTIÓN: LAS ESPADAS GALAS.
Por lo que se refiere a las espadas galas, la arqueología confirma en buena parte las afirmaciones citadas de Polibio. Aunque las primeras espadas celtas (del periodo de La Tène I, hacia el s. IV a.C.) son piezas de hoja recta y punta aguda, de uso mixto tajante-punzante, hacia el s. III a.C. habían evolucionado hacia un tipo de espada más larga, de hasta un metro de hoja, con filos paralelos y rectos, únicamente utilizables para asestar grandes golpes de sable (Dionisio de Halicarnaso, 14, 10, 17). En cambio, y aunque no se puede negar que algunas espadas de mala calidad se doblaran con facilidad, los estudios recientes permiten afirmar que muchas espadas de La Tène II-III son de buena calidad metalúrgica (Pleiner, 1993:159ss.). En todo caso, esta cuestión no nos afecta ahora porque, aunque en Iberia aparecen numerosas espadas rectas de tipo de La Tène I y derivados locales, apenas si existen, salvo en Cataluña, espadas tajantes de La Tène II-III.

LA TRADICIÓN DE LAS ESPADAS DE IBERIA Y EL 'GLADIUS HISPANIENSIS' ROMANO.
Las cuestiones tercera y cuarta son para nosotros de la mayor importancia: según Polibio y Livio, las espadas de los hispanos eran muy eficaces, por su doble capacidad de herir de filo y de punta; tanto que fueron adoptadas por el ejército romano republicano como gladii hispanienses, espadas hispanas que causaron terror entre otros enemigos de Roma, como los macedonios en 199 a.C. (Tito Livio, 31, 34).
Planteada así la cuestión en sus términos de significado histórico, es como como podemos pasar a examinar la tradición formal y funcional de las espadas de la Pnínsula Ibérica desde el final de la Edad del Bronce y hasta la llegada de los romanos a fines del s. III a.C., para averigüar si efectivamente hay una tradición homogénea, y cuál pudo ser la espada que los romanos copiaron.
Aunque en el Bronce Pleno (en torno al s. XV a.C.) surgieron, por ejemplo en el Egeo, esapdas de bronce aparentemente diseñadas como estoques, hay suficientes pruebas arqueológicas de que a menudo se empleaban de otro modo: la empuñadura no es integral con el arma, sino que consiste de una pieza independiente remachada a la hoja. Los desgarros laterales que a menudo presentan los orificios de remaches en los hombros de estas espadas indican claramente que fueron -mal- utilizadas en golpes tajantes: su carácter punzante era pues resultado de su debilidad estructural (Oakeshott, 1963:34; contra Godon, 1953:74); incluso se han planteado dudas sobre su misma funcionalidad (Drews, 1993:198 con más referencias; Harding, 1999:162 ss.). En el Bronce Final de la Península Ibérica, como en el resto del Mediterráneo, se popularizaron después espadas de hoja más o menos pistiliforme y empuñadura de lengüeta solidaria con la hoja, de función mixta, tajante y punzante, aunque el ensanchamiento de la hoja en el tercio distal (hacia la punta) implica un mayor énfasis en los golpes tajantes. Algunas de las espadas de este tipo se cuentan entre las mejor diseñadas, sólidas y equilibradas de la historia de las armas blancas. Con todo, en el Bronce Final del Mediteráneo Occidental y en el Bronce Final Atlántico, hacia los siglos X-IX a.C. se produjo una novedad curiosa consistente en la aparición de unos tipos de espada (llamadas 'de lengua de carpa' y sus evoluciones 'Vénat' y 'Sa Idda'), con nervio marcado, en las que la punta se aguza y estrecha considerablemente, todo lo cual implica un nuevo énfasis hacia la función punzante, aunque la tajante no se pierde del todo. La composición del bronce, binario, es buena, con una media del 10% de estaño (Rovira, 1995); la tecnología parte de la fundición en un molde de piedra.
Con la extensión del uso de la metalurgia del hierro en Iberia, hacia los ss. VII-VI a.C., asitimos a un fenómeno notable: los artesanos tartésicos y los del área levantina trataron de imitar la vieja tradición de espadas broncíneas largas de hoja recta y punta aguda del Bronce Final pero en hierro forjado, primero copiando exactamente los modelos de bronce (espada de Cástulo) y luego ensayando otros derivados (Palmarón en Huelva, Can Canyis en Tarragona, La Solivella en Castellón). Al tiempo, en la zona nororiental aparecen espadas de hoja larga y recta y empuñadura de antenas (alguna, como la de Camallera, de hasta 73 cm. de hoja). Sin embargo, estas dos tradiciones de armas de larga hoja recta murieron en el s. VI a.C., probablemente porque la metalurgia inicial del hierro todavía no estaba bien adaptada a forjar hojas sólidas y que a la vez fueran largas y estrechas. En todo caso, cuando tras un cierto hiato en nuestra información volvemos a contar con espadas en yacimientos arqueológicos, ya a fines del s. V a.C., la situación ha cambiado por completo: la tradición de largas espadas ha desaparecido para siempre, sustituida por otra basada en las espadas cortas (Quesada, 1997:194-203).
En el ámbito de la Cultura Ibérica (a grandes rasgos, Andalucía, Sureste y Levante) desde el s. V y hasta el I a.C. encontramos básicamente dos tradiciones de espadas: la famosa falcata (Quesada, 1992) y las de hoja recta, corta y ancha. El área catalana responde a una tradición armamentística diferente, de tipo galo.
La falcata ibérica procede de un prototipo itálico del s. VI a.C., muy modificado hasta el punto de constituir un arma diferente. Las machairas itálicas son sables largos y curvos, de un sólo filo, con una media de 64,5 cm. de longitud de hoja, y de función exclusivamente tajante. Los artesanos ibéricos modificaron este arma para convertirla en una espada mucho más corta (hoja de 48,5 cm. de media), y sobre todo de doble uso, tajante-punzante. Esto se aprecia sobre todo en la aparición de un contrafilo en el dorso de la hoja que abarca en torno a un tercio de la longitud de la misma, y en una menor curvatura de la espada. Así, la falcata se convierte en una espada cortante y punzante pero de hoja muy ancha, adecuada para un combate tanto en orden cerrado, al modo romano o griego (donde se usarían golpes de punta hacia el vientre del enemigo, tal y como se observa en el caso del relieve de Osuna en Sevilla), como para un combate algo más abierto, con golpes cortantes laterales o verticales desde el hombro. Este último empleo es el documentado por un texto de Séneca (De Beneficiis, 5, 24): "Recuerdas, César, aquella ocasión en la campaña de Hispania?. Te habías torcido el tobillo, no podías andar, y estabas sediento. Uno de tus soldados recogió agua en su casco y te la trajo... tú crees que podrías recordar perfectamente a aquel hombre que te ayudó. Y sin embargo no me reconoces, porque en aquel entonces yo era todavía un hombre completo; después, en la batalla de Munda, perdí un ojo y parte de los huesos de mi cabeza... Tampoco reconocerías el casco que llevaba, porque una falcata hispana lo partió por la mitad".
Aunque la falcata fue, con diferencia, la espada de más éxito entre los antiguos ibéricos, entre otras cosas por sus connotaciones simbólicas (Quesada, 1992:201 ss.; 1997:162 ss.), durante los siglos V y IV a.C. aparece a menudo acompañada de espadas de hoja recta simétrica, de dos tipos diferentes. Uno es la espada de frontón, de origen mediterráneo, con hoja muy ancha y ligeramente pistiliforme y una peculiar empuñadura rematada en un pomo curvo en forma de frontón (de ahí su nombre). Es un arma mediana, con una hoja de en torno a los 40 cm., pesada y de funcionalidad muy similar a la de la falcata. El otro tipo, menos frecuente, es de fabricación ibérica pero de origen distinto, pues procede de la Meseta: son espadas con pomo rematado en 'antenas atrofiadas', de empuñadura redonda o facetada, a menudo decorada con damasquinados en plata o cobre. Aunque tipológicamente son muy diferentes, y tienden a ser aún más cortas, su función es también mixta, aunque probablemente se emplearan más en función punzante dada su corta longitud. La gran anchura de las hojas de todas estas espadas (falcata, frontón y antenas) hace que no sean demasiado eficaces como armas punzantes contra enemigos muy protegidos con corazas metálicas, pero lo cierto es que todo lo que sabemos sobre la guerra en la Iberia prerromana indica que el armamento defensivo se limitaba sobre todo escudos y cascos, mientras que la coraza, cuando existía, era sobre todo de cuero o material orgánico acolchado, más fácil de perforar; además, el muslo y el bajo vientre estaban mal protegidos, probablemente en aras de la movilidad.
A lo largo de toda la Segunda Edad del Hierro, el área catalana adoptó una panoplia esencialmente distinta, de tipo galo, basado en la espada recta de tipo de La Tène I, de mayor longitud (hoja en torno a los 60 cm.), pero también de función mixta tajante-punzante. A lo largo del tiempo, estas espadas evolucionaron en la misma línea que sus vecinos al Norte de los Pirineos, alargándose y enfatizando la función cortante, aunque probablemente sin llegar al extremo del mundo galo.
En el interior peninsular, y en especial en la Meseta Norte, la evolución del armamento siguió líneas diferentes. Aquí la tradición mayoritaria y casi exclusiva es la de espadas de antenas atrofiadas de origen norpirenaico, aunque mucho más cortas, de en torno a los 30 cm. de hoja, hasta el punto que, para los estandares centroeuropeos, las espadas peninsulares serían casi puñales. En todo caso, a lo largo del tiempo se aprecia una cierta -y sólo parcial- tendencia a la aparición de tipos ligeramente más largos (longitud media de la hoja, 35cm. ) y con hoja pistiliforme, como el tipo Quesada VI (1997:221 ss.), que podría indicar un empleo de filo más frecuente. De todos modos, resulta difícil visualizar una función tajante para armas de hoja tan corta. En todo caso, debe recordarse que el arma principal en toda la Península durante toda la Edad del Hierro es la lanza y la jabalina, mientras que la espada sólo debía emplearse como último recurso.
Junto a las espadas de antenas, a partir de fines del s. IV se extendieron por la Meseta las versiones locales de la espada de La Tène I galas, modificando sobre todo la vaina y el sistema de suspensión, más que la espada en sí misma. Estas armas perduraron y alcanzaron gran popularidad durante los ss. III-II a.C., mientras que en la propia Galia habían sido sustituidas por los largos espadones ya comentados. Estas espadas de unos 60 cm. de hoja son mucho más útiles como armas de empleo mixto (Quesada, 1997:248 ss.).
Volvemos así, por fin, a una de las cuestiones que planteábamos al principio: ¿cuál es el prototipo del gladius hispaniensis romano?. Esta es una cuestión que ha sido muy discutida desde principios del s. XX pero, a la vista de recientes descubrimientos arqueológicos de espadas romanas de este tipo sólo cabe una respuesta (Quesada, 1997b): de entre todos los candidatos, sólo la versión celtibérica tardía modificada de la espada de La Tène I gala es adecuada como prototipo; más aún, es prácticamente imposible distinguir estas espadas de necrópolis meseteñas relativamente tardías como Arcóbriga o La Osera, o incluso quizá en algunos yacimientos ibéricos como Puntal dels Llops (Valencia), de las espadas romanas republicanas halladas desde La Rioja en España hasta Delos en Grecia, pasando por el sur de Francia o Eslovenia.
En cuanto a los puñales, exigirían un estudio aparte dada la gran variedad de tipos y variantes que existe tanto en el ámbito mediterráneo como en el interior de la Península. En todo caso, y aunque hay algunos tipos perfectamente funcionales como armas, la mayoría, por su pequeño tamaño, por la forma de la hoja (por ejemplo los puñales de hoja triangular andaluces y murcianos), y por las peculiaridades decorativas (por ejemplo los puñales 'Monte Bernorio' del Alto Ebro), debieron ser objetos de prestigio, símbolos de status más que armas proipiamente dichas, y por tanto su análisis funcional resulta aún más resbaladizo que en el caso de las espadas.
Fernando Quesada

viernes, 10 de diciembre de 2010

Batalla de Groenlo

No solemos tratar demasiado la época del siglo de oro español, la razón no es ni mas ni menos que la falta de esa época de una espiritualidad pagana destacable.
No obstante hace algunos días tuvo lugar un acontecimiento histórico en pleno siglo XXI, fue la representación por parte de grupos de recreación de toda Europa de la batalla de Groenlo en Holanda.
En dicha batalla o cerco a la ciudad, participaron las conocidas a la par que temidas por su eficiencia militar, tropas de los tercios viejos de infantería española, mas conocidas como tercios de Flandes.
Desde España diferentes agrupaciones nacionales encargadas en divulgar y revivir el pasado del siglo de oro español, acudieron bajo la invitación de nuestros hoy amigos holandeses, para celebrar dicha batalla como parte de la identidad bélica de los pueblos de Europa, tristemente enfrentado hace años, y afortunadamente hoy unidos y hermanados.
Nuestro país vuelve a entrar en la historia europea como parte creadora de la misma, y es que bajo acontecimientos como estos se demuestra que España es parte de la identidad histórica de Europa, sin la cual el viejo continente estaría cojo y falto de algo.
En el siguiente video se pueden ver con total claridad a las tropas españolas bajo los estandartes de la cruz de borgoña.

martes, 5 de octubre de 2010

Fin de semana medieval en Burgos

Fin de semana medieval en Burgos. Combate de dos caballeros castellanos del siglo XII. Combate a tres toques, no a resistencia.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Wolin 2010

lunes, 9 de agosto de 2010

Wolin 2010

domingo, 8 de agosto de 2010

Fabricando un hacha larga

Hace no mucho, tratamos el tema de fabricación de un hacha de mano. Pudimos ver, como era realmente fácil y simple. Ahora veremos como fabricar un hacha larga, cosa que es igualmente fácil. Las hachas largas se utilizan tras nuestra línea de escudos, siendo utilizadas, o bien para agarrar los escudos enemigos abriendo hueco entre las filas enemigas. Permitiendo así que las espadas de los nuestros puedan tajar a los contrarios . O bien para golpear directamente las cabezas y yelmos de los enemigos.
Un guerrero con hacha larga, necesita las dos manos para golpear. Es por ello que no puede utilizar un escudo, quedando de tal forma expuesto a los ataques. De ahí la vital importancia de situarse tras la línea de defensa, en una segunda línea. Así la primera línea armada con escudo, hachas o espadas. Sirve de defensa y ataque, para que la segunda línea de ataque, compuesta por hachas largas y lanzas. Encuentren hueco y causen bajas a los enemigos.
Al estar situados en la segunda línea de ataque, es razonable pensar que nuestro palo, tenga que ser suficientemente largo, como para poder salvar a nuestros compañeros de la primera línea, y aun así llegar al ataque al contrario.
En nuestro caso, recorrimos la montaña en una jornada de senderismo, buscando y recopilando todo tipo de palos gruesos y largos, haciendo a posteriori una selección de los mas apropiados para el hacha.
Finalmente encontramos un palo de unos 2:30 m, y de un grosor considerable como para aguantar los golpes sin quebrarse. También puede comprarse un palo en alguna fabrica de madera, pero sinceramente pensamos que usar palos del campo caídos por el viento o cualquier otra causa, además de ahorrar madera, da un toque mas natural e histórico al arma. Hemos de comprender que en los siglos IX al XI, la mayor parte de la gente que utilizaban hachas, eran campesinos, o simples guerreros muy alejados de la nobleza. Queremos decir, que no había grandes fabricas de madera, las cuales nos cortaran un palo perfectamente lineal y limpio. Muy al contrario, lo normal era que se utilizaran palos de los bosques o campos. Además de todo esto, puede ser una buena ocasión para aventurarse en la montaña o bosques de nuestra tierra, respirando de su naturaleza.
En segundo lugar necesitamos la cabeza del hacha. Ya comentamos en el anterior articulo, donde comprar con facilidad cabezas de hachas. Reiteramos una vez mas, no dejarse impresionar por el cine, comprando una cabeza muy grande, espectacular y pesada. La principal utilidad de un arma es atacar y matar. Es así, esa es la realidad. Por lo cual, el principal objetivo que tenemos que mirar, es su fácil manejo, tanto para atacar, como para defender. Traduciendo esto, seria algo así como: cuanto menos pese un arma mucho mejor. Una cabeza muy pesada, nos ofrecería un golpe potente, pero resultaría muy costoso recuperar el arma para reatacar, además de ser mas lento. Una cabeza “pequeña” nos daría menos potencia de golpe, pero mortal y dañino igualmente. además de ser mas ligera, traduciéndose en mas velocidad para repetir ataque y defender. Por ejemplo, una de las armas mas mortales de la historia, fueron los picos /martillos de la baja edad media. Pequeñas armas en apariencia, pero capaces de romper las potentes armaduras del siglo XIV. Incluso hoy en día los picos son armas prohibidas en recreaciones por su potencia de golpe. El procedimiento para encajar el hacha es idéntico al de una mano. Limando o cortando con un machete la parte del palo donde queremos incrustar nuestro arma, hasta que tenga el grosor deseado. Después meter el hacha a martillazos para que quede bien incrustado, imposibilitando así que salga despedida. No es mala idea, serrar la parte superior y clavar una cuña en la ranura.
Una vez todo terminado, tendremos un hacha larga para soldados de infantería. Creo que en los diferentes reinos de España, no se utilizo este arma en los siglos IX – XI. Al menos no recuerdo ninguna iconografía de la época donde se vea este arma. Pero si fue un arma utilizada por pueblos norteños, vikingos, sajones, daneses.. en la batalla de hastings fue donde se utilizo por primera vez este arma, causando muchas bajas entre los normandos.

Batallla de Grunwald 1410 - Polonia

martes, 3 de agosto de 2010

Exhibicion de combate en Madrigal


Exhibición de combate y armas de combate durante el festival medieval identitario de Madrigal. La explicación mezcla armas y defensas de distintas épocas. Siglo XIII y siglo XV etc.

jueves, 22 de julio de 2010

Ogrodzieniec 2010 siglo XI

miércoles, 21 de julio de 2010

martes, 13 de julio de 2010

Baja edad media - Vyborg

sábado, 26 de junio de 2010

Calatayud 2010 - Corona de Aragon

Viking Combat Training


En el siguiente video, vemos diferentes técnicas de entrenamiento para combate. Aunque lo definen como “viking”, realmente es aplicable a un espacio de tiempo en Europa entre los siglos IX y XI. Las armas son similares, los escudos, cotas de malla y yelmos muy similares etc. Sin ir mas lejos en la península Ibérica, podemos observar en el beato de Liébana escudos redondos son ruedas solares. Algo muy similar a los escudos de los pueblos sajones, y vikingos de ese mismo periodo de tiempo.
Puede que algunos movimientos del video parezcan ridículos. Pero todos ellos van destinados a aumentar los reflejos para la defensa y el ataque. Por otro lado, como en cualquier arte marcial. Es muy complicado aplicar estos movimientos a un combate real a velocidad real. Para ello, seria necesario entrenar día y noche continuamente, como hacían los caballeros en sus torneos y tiempo libre. Llegando a ser y tener una soltura casi mecánica en el combate. Observamos también en el combate con lanza, como lo importante es limitar el espacio. Reduciendo así la capacidad de un arma (la lanza) realmente muy peligrosa (mas de lo que parece). también merece la pena resaltar en el combate de una espada contra una espada sin escudo, que nuestra mano es un arma. Capaz de golpear, agarrar, o limitar el espacio del atacante.

viernes, 25 de junio de 2010

viernes, 18 de junio de 2010

Wolin esta proximo


Ya va quedando menos para el mejor festival medieval ambientado entre los siglos IX – XI del mundo. El festival vikingo eslavo de la isla de Wolin en Polonia.
La adrenalina y el miedo antes de la batalla, cuando estas en formación. Y esa fuerza incomprensible que te anima y empuja a avanzar a pesar del pánico a los golpes.
El ruido de los gritos, los tambores, el publico, y el chocar de los hierros. El dolor en los huesos fruto de los latigazos de las espadas. Y a pesar de todo ello, una y otra vez seguimos acudiendo.
Es realmente de admirar la devoción que los pueblos eslavos tienen hacia su cultura e identidad histórica. Aun cuando a Wolin, como a toda gran cita o batalla histórica en Europa, acuden gentes de todo el viejo continente.

lunes, 14 de junio de 2010

lunes, 7 de junio de 2010

Ejemplos de hachas rotas en combate

Algunos ejemplos de cómo puede partirse un hacha en un combate. De ahí la importancia de reforzar bien la parte inferior a la cabeza del arma. Precisamente en previsión de que el palo se parta y salga disparada el arma contra la cara de nuestro oponente. Como bien puede verse en el video.
Esto es algo de lo que no tomas conciencia real, hasta que no te ves en la situación. Bien como atacante, bien como defensor. Al tercer hacha que partes, o te parte en la cabeza. Empiezas a comprender de la importancia de reforzar la base. Ya sea para evitar tener que construir otra, o para evitar un incidente serio a tu oponente.