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jueves, 5 de enero de 2012
lunes, 4 de julio de 2011
Los "reyes osos" y el escudo de Madrid
Entre el siglo V y el VIII, en toda Europa aparecieron monarquías de las que se sabe muy poco, situadas a medio camino entre la historia y la leyenda, pero todas ellas unidas por una constante: su común referencia al oso, como animal totémico; todas las leyendas urdidas en torno a estos monarcas hacen de ellos seres míticos.
El culto al oso entre los antiguos celtiberos queda atestiguado por distintas inscripciones en las que figura la palabra "arconi" o "arco" (idéntica en su raíz a "arkthos" y a la mítica y paradisíaca Arcadia) referidas a una diosa de la tierra y de la naturaleza.
Los germanos adoraron al oso y los godos trajeron hasta España este culto que quedó ligado a la nobleza visigoda superviviente después de la invasión árabe. El primer conde de Barcelona se llamó Bera (= el oso), y varios de sus sucesores Berenguer (= el que es como un oso).
Al producirse la invasión musulmana en España, se produjo una sacudida social mucho más grave que la que representó las invasiones germánicas. Las estructuras de la sociedad hispano-visigoda se derrumbaron y con ellas el Estado. El período legendario en la historia de España tiene su momento áureo desde que los musulmanes inician la invasión, hasta la culminación de la dinastía astur.
Del hijo de Pelayo, el primer rey de la Reconquista, Favila, solamente se sabe una cosa, pero ciertamente significativa, que murió abrazado por un oso. A la luz de la óptica legendaria y de las estructuras míticas medievales, este dato no hay que tomarlo como un desgraciado accidente, sino como la asunción por parte de Favila y de sus descendientes, de las características propias del oso: vigor, vitalidad, fortaleza, valor, energía, etc. que, mediante el acto del abrazo, quedarían incorporadas al rey. Este moriría como hombre para renacer en sus descendientes con fuerzas renovadas. Tal esquema, muerte/renacimiento es frecuente en las mitologías e iniciaciones medievales.
¿Por qué esta insistencia de la humandiad medieval en la figura de los osos y en su vinculación con las monarquías legítimas? Para entenderlo hay que alzar los ojos al cielo en la noche clara y contemplar que la respuesta está allí: las constelaciones llamadas Osas tienen una estrella de singular importancia en el cielo, la Polar, es decir, aquella en torno a la cual gira todo el firmamento y que indica el Norte.
La ideología medieval consideraba que el rey estaba dotado de una función polar: indicaba el camino a seguir, era inmóvil e ineccesible, frecuentemente su castillo se encontraba en una montaña elevada, o su trono se alzaba sobre el nivel del suelo en las salas palaciegas, y esto era así, por influencia divina.
Madrid es conocida como la villa del oso y del madroño, elementos que componen el escudo heráldico de la Capital. Las hojas peremnes del madroño lo relacionan con la inmortalidad, mientras que su color rojo púrpura lo entronca con la realeza imperial. No es por casualidad que exista una relación fonética -no etimológica- entre Madrid y madroño: las funciones que de una capital están contenidas simbólicamente en el madroño que junto con el oso rampante, sobre campo de plata, componen el escudo de Madrid.
La presencia del oso está justificada por la abundancia que hubo de este animal en otro tiempo; pero al mismo tiempo, el oso representa la fuerza y la potencia salvajes, violenta, primitiva e incontrolada que, al contacto con los frutos de la inmortalidad -madroño- será transformada en potencia ordenada, luminosa y rectora.
El culto al oso entre los antiguos celtiberos queda atestiguado por distintas inscripciones en las que figura la palabra "arconi" o "arco" (idéntica en su raíz a "arkthos" y a la mítica y paradisíaca Arcadia) referidas a una diosa de la tierra y de la naturaleza.
Los germanos adoraron al oso y los godos trajeron hasta España este culto que quedó ligado a la nobleza visigoda superviviente después de la invasión árabe. El primer conde de Barcelona se llamó Bera (= el oso), y varios de sus sucesores Berenguer (= el que es como un oso).
Al producirse la invasión musulmana en España, se produjo una sacudida social mucho más grave que la que representó las invasiones germánicas. Las estructuras de la sociedad hispano-visigoda se derrumbaron y con ellas el Estado. El período legendario en la historia de España tiene su momento áureo desde que los musulmanes inician la invasión, hasta la culminación de la dinastía astur.
Del hijo de Pelayo, el primer rey de la Reconquista, Favila, solamente se sabe una cosa, pero ciertamente significativa, que murió abrazado por un oso. A la luz de la óptica legendaria y de las estructuras míticas medievales, este dato no hay que tomarlo como un desgraciado accidente, sino como la asunción por parte de Favila y de sus descendientes, de las características propias del oso: vigor, vitalidad, fortaleza, valor, energía, etc. que, mediante el acto del abrazo, quedarían incorporadas al rey. Este moriría como hombre para renacer en sus descendientes con fuerzas renovadas. Tal esquema, muerte/renacimiento es frecuente en las mitologías e iniciaciones medievales.
¿Por qué esta insistencia de la humandiad medieval en la figura de los osos y en su vinculación con las monarquías legítimas? Para entenderlo hay que alzar los ojos al cielo en la noche clara y contemplar que la respuesta está allí: las constelaciones llamadas Osas tienen una estrella de singular importancia en el cielo, la Polar, es decir, aquella en torno a la cual gira todo el firmamento y que indica el Norte.
La ideología medieval consideraba que el rey estaba dotado de una función polar: indicaba el camino a seguir, era inmóvil e ineccesible, frecuentemente su castillo se encontraba en una montaña elevada, o su trono se alzaba sobre el nivel del suelo en las salas palaciegas, y esto era así, por influencia divina.
Madrid es conocida como la villa del oso y del madroño, elementos que componen el escudo heráldico de la Capital. Las hojas peremnes del madroño lo relacionan con la inmortalidad, mientras que su color rojo púrpura lo entronca con la realeza imperial. No es por casualidad que exista una relación fonética -no etimológica- entre Madrid y madroño: las funciones que de una capital están contenidas simbólicamente en el madroño que junto con el oso rampante, sobre campo de plata, componen el escudo de Madrid.
La presencia del oso está justificada por la abundancia que hubo de este animal en otro tiempo; pero al mismo tiempo, el oso representa la fuerza y la potencia salvajes, violenta, primitiva e incontrolada que, al contacto con los frutos de la inmortalidad -madroño- será transformada en potencia ordenada, luminosa y rectora.
Ernesto Mila
martes, 29 de marzo de 2011
La Hispania de los alanos
Alrededor del año 370, los alanos fueron barridos por los hunos y se dividieron en varios grupos, algunos de los cuales huyeron al oeste. Una parte de esos alanos occidentales se unieron a las tribus germánicas de los vándalos y suevos en su invasión de la Galia romana. Gregorio de Tours destaca en su Liber historiae Francorum (Libro sobre la historia de los francos), que el rey alano Respendial salvó la batalla para los vándalos en un choque con los francos cerca del Rin el 31 de diciembre de 406. Según este historiador, otro grupo de alanos, conducidos por Goar cruzaron este río por esas fechas, pero al punto se unieron a los romanos y se asentaron en la Galia.
Si seguimos el derrotero de vándalos y suevos en la Península Ibérica (la entonces Hispania) en 409, los alanos se asentaron en las provincias de Lusitania y Cartaginense: «Alani Lusitaniam et Carthaginiensem provincias, et Wandali cognomine Silingi Baeticam sortiuntur» (Hidacio). Los vándalos silingos se asentaron en la Bética, los suevos en la Galicia costera y los vándalos asdingos en el resto de Galicia.
En 412, el rey alano Atax o Attaces conquistó la ciudad de Emérita Augusta (Mérida) y estableció en ella su corte durante seis años, hasta que en 418 murió en una batalla contra los visigodos y esta rama de los alanos, por consiguiente, apeló al rey vándalo asdingo Gunderico para que aceptara la corona alana. Aunque algunos de estos alanos permanecieron en Iberia, la mayoría se dirigió al norte de África con los vándalos en 429. Los posteriores reyes vándalos de esta zona se hacían llamar Rex Wandalorum et Alanorum (Rey de los vándalos y de los alanos).
En la Galia, los alanos en un principio conducidos por Goar se asentaron en diversas áreas, sobre todo cerca de Orleans y Valence. Bajo este rey se aliaron con los burgundios de Gundahario (Gunther), con quienes entronizaron al emperador usurpador Jovino. Con el sucesor de Goar, Sangiban, los alanos de Orleans desempeñaron un papel crucial al repeler la invasión de Atila en la Batalla de Chalons. Tras el siglo V, sin embargo, los alanos de la Galia se sumieron en las luchas territoriales de los francos y los visigodos y dejaron de tener la independencia de antes. Flavio Aecio congregó a numerosos alanos en la región de Armórica para reprimir los levantamientos. El nombre bretón de Alan (antes que el francés Alain) y muchas poblaciones con nombres relacionados a «alano», como Alanville, son considerados popularmente como evidencias de que un contingente de este pueblo se asentó en la Bretaña.
En la Península Ibérica se centraron en las provincias romanas de Lusitania y Cartaginense. Llegaron a ser conocidos más tarde por sus cacerías masivas y sus perros de pelea, que aparentemente introdujeron en Europa. Normalmente los utilizaban en las cacerías de osos y para guardar el ganado. Pero no solo eso. Una parte del grupo de alanos germánicos junto con visigodos se establecen en la parte noreste de la península y según Encyclopædia Iranica dan su nombre a Cataluña, cuyos pobladores se llaman los Got-Alanien.
Actualmente la ciencia genética ha descubierto una distribución geográfica de los marcadores genéticos que han convencido a algunos investigadores de que existe una conexión entre la antiquísima y profunda herencia sármato-alana y el grupo G de línea paterna del ADN, especialmente el G2 (enlace en inglés).
Si seguimos el derrotero de vándalos y suevos en la Península Ibérica (la entonces Hispania) en 409, los alanos se asentaron en las provincias de Lusitania y Cartaginense: «Alani Lusitaniam et Carthaginiensem provincias, et Wandali cognomine Silingi Baeticam sortiuntur» (Hidacio). Los vándalos silingos se asentaron en la Bética, los suevos en la Galicia costera y los vándalos asdingos en el resto de Galicia.
En 412, el rey alano Atax o Attaces conquistó la ciudad de Emérita Augusta (Mérida) y estableció en ella su corte durante seis años, hasta que en 418 murió en una batalla contra los visigodos y esta rama de los alanos, por consiguiente, apeló al rey vándalo asdingo Gunderico para que aceptara la corona alana. Aunque algunos de estos alanos permanecieron en Iberia, la mayoría se dirigió al norte de África con los vándalos en 429. Los posteriores reyes vándalos de esta zona se hacían llamar Rex Wandalorum et Alanorum (Rey de los vándalos y de los alanos).
En la Galia, los alanos en un principio conducidos por Goar se asentaron en diversas áreas, sobre todo cerca de Orleans y Valence. Bajo este rey se aliaron con los burgundios de Gundahario (Gunther), con quienes entronizaron al emperador usurpador Jovino. Con el sucesor de Goar, Sangiban, los alanos de Orleans desempeñaron un papel crucial al repeler la invasión de Atila en la Batalla de Chalons. Tras el siglo V, sin embargo, los alanos de la Galia se sumieron en las luchas territoriales de los francos y los visigodos y dejaron de tener la independencia de antes. Flavio Aecio congregó a numerosos alanos en la región de Armórica para reprimir los levantamientos. El nombre bretón de Alan (antes que el francés Alain) y muchas poblaciones con nombres relacionados a «alano», como Alanville, son considerados popularmente como evidencias de que un contingente de este pueblo se asentó en la Bretaña.
En la Península Ibérica se centraron en las provincias romanas de Lusitania y Cartaginense. Llegaron a ser conocidos más tarde por sus cacerías masivas y sus perros de pelea, que aparentemente introdujeron en Europa. Normalmente los utilizaban en las cacerías de osos y para guardar el ganado. Pero no solo eso. Una parte del grupo de alanos germánicos junto con visigodos se establecen en la parte noreste de la península y según Encyclopædia Iranica dan su nombre a Cataluña, cuyos pobladores se llaman los Got-Alanien.
Actualmente la ciencia genética ha descubierto una distribución geográfica de los marcadores genéticos que han convencido a algunos investigadores de que existe una conexión entre la antiquísima y profunda herencia sármato-alana y el grupo G de línea paterna del ADN, especialmente el G2 (enlace en inglés).
lunes, 10 de enero de 2011
Los tres gigantes godos
Armenon el gigante de la guerra
Armenon es el hijo de Mannus el primer nacido, quienes los estudiosos del germanismo identifican con Bor en la mitología nórdica. Armenon es una especie de Dios gigante, a quienes nuevamente los estudiosos de la mitología germánica identifican con Odin. Y aquí me gustaría hacer un nuevo inciso, ya que identificar a Armenon con Odin, no viene a significar que fueran idénticos. Únicamente quiere decir, que Armenon es el equivalente a Odin entre los escandinavos. Pero bajo mi punto de vista, y casi con total seguridad, Armenon tendría un carácter mas primitivo y próximo al concepto helénico del mundo divino. Siendo bajo mi teoría, y es solo una teoría personal simbólico conceptual, una dualidad de dios gigante, al igual que su padre Mannus.
En cualquier caso, Armenon, fue el origen de la familia de los Irminores, compuesta por diferentes tribus germánicas entre las que estarían los godos. Nuevamente los expertos mitólogos germánicos, atribuyen un carácter heroico solar y guerrero a Armenon, al darle el atributo de símbolo guerrero, siendo en consecuencia sus descendientes hijos de un dios / gigante de la guerra.
Repito que bajo mi punto de vista, Armenon es mas que un dios de los hombres, es una pre deidad relacionada con los titanes del mundo clásico helénico.
Armenon es el hijo de Mannus el primer nacido, quienes los estudiosos del germanismo identifican con Bor en la mitología nórdica. Armenon es una especie de Dios gigante, a quienes nuevamente los estudiosos de la mitología germánica identifican con Odin. Y aquí me gustaría hacer un nuevo inciso, ya que identificar a Armenon con Odin, no viene a significar que fueran idénticos. Únicamente quiere decir, que Armenon es el equivalente a Odin entre los escandinavos. Pero bajo mi punto de vista, y casi con total seguridad, Armenon tendría un carácter mas primitivo y próximo al concepto helénico del mundo divino. Siendo bajo mi teoría, y es solo una teoría personal simbólico conceptual, una dualidad de dios gigante, al igual que su padre Mannus.
En cualquier caso, Armenon, fue el origen de la familia de los Irminores, compuesta por diferentes tribus germánicas entre las que estarían los godos. Nuevamente los expertos mitólogos germánicos, atribuyen un carácter heroico solar y guerrero a Armenon, al darle el atributo de símbolo guerrero, siendo en consecuencia sus descendientes hijos de un dios / gigante de la guerra.
Repito que bajo mi punto de vista, Armenon es mas que un dios de los hombres, es una pre deidad relacionada con los titanes del mundo clásico helénico.
Aun así es mas que evidente, que las cualidades y concepciones simbólicas de Armenon, fuera éste dios o gigante, están mas que relacionadas con la guerra, lo heroico, victorioso, y valeroso del combate para el mundo proto germanico.
Armenon, tuvo cinco hijos según el monje Gales Nennius: Gothus, Valagothus, Cibidus, Burgundus y Longobardus.
Mi idea me lleva a pensar, que los gautas o getas... los godos. Se consideraban descendientes realmente de Gaut / Gautúr, de quien adoptaron el nombre de godos, como bien indica Jordanes. Es por tanto bajo mi concepto y deducción, Gaut, Odin para el primitivo godo. Y todas las deidades anteriores, seres mitológicos relacionados con el concepto de pre deidad o titanes en el mundo clásico. Por esta razón afirmo que Armenon es un Titán, una pre deidad, un gigante para la mitología del godo. De quien por supuesto desciende Gaut el dios padre de los godos.
Gothus el gigante origen de los godos
Siguiendo con la mitología expuesta por el monje galés Ninnius, Gothus es uno de los hijos del gigante de la guerra Armenon. Aquí sí nos encontramos con la dualidad tan propia de los pueblos indoeuropeos. Y es que Gothus, el gigante padre de la estirpe de los godos, sí es lo mismo que Gaut o Gautúr. El propio escritor dice, apoyado hoy en día por los mitólogos del germanismo. Que los godos descienden de Gothus. Al tiempo que los historiadores, reconocen actualmente, que el pueblo godo se consideraba descendiente de un dios del que tomaron el nombre de Getas (godos). El nombre de esa deidad nos ha llegado a través de escritores clásicos como Jordanes. Quien nos describe cultos prohibidos de los arcanos godos en el este de Europa. Hacia un dios llamado por ellos Gaut (Odin), Gautúr, Gutar. A quien sacrificaban seres humanos antes de las guerras colgándolos de árboles, o despedazándolos y colgando sus miembros en los bosques.
Es por tanto Gothus, lo mismo que Gaut, pero quizás en una evolución menor y desconocida de la mitología goda. Semejante al Gigante dios padre de la estirpe o el pueblo. Jugando a deducir e imaginar, podríamos decir para entendernos, que quizás Gothus fue la forma de gigante del hijo de Armenon, antes de cumplir unas pruebas o mandatos, por los cuales transformarse en Dios. Algo también muy típico y propio de los pueblos indoeuropeos a lo largo de todas sus leyendas y sagas.
En el aspecto ritual y simbólico. Gothus será el equivalente a Gautúr, pero en una faceta mas primitiva. Aun así, Gothus es Gaut, es Gautúr, es Gutar, Odin, Wotan.
Valagothus el gigante origen de los valagodos
Tristemente poco o nada se sabe de Valagothus, con la excepción de lo escrito en las crónicas del monje Ninnius. Quien afirma que según los germanos, Valagothus es hijo de Armenon y hermano de Gothus. Dando origen a las tribus de los valagodos.
Lamentablemente tampoco mucho se conoce acerca de esta misteriosa tribu de los valagodos. Aun cuando se supone que pudiera tratarse de una ramificación familiar de los propios godos, que en tiempos remotos emigraron desde la isla de Gotland (Suecia), hasta las tierras del mar Báltico (Lituania).
En cualquier caso, Valagothus es igualmente un gigante dios, origen de un pueblo. Hermano de Gothus, Cibidus, Burgundus, y Longobardus.
Es posible que Valagothus, fuera el origen de los visigodos. Sobre todo si aceptamos la posibilidad de que realmente una ramificación de los getas desde Gotland, atracaran sus barcos en Lituania. Siendo desde este punto de vista Lituania, la mítica tierra de Scanzia descrita por Jordanes. Teoría esta que a buen seguro gustaría muchísimo a Jurate Rosales, impulsora de la teoría Lituano visigoda. De esta forma, Gothus sería el gigante que dio origen a los gautas asentados en Suecia, y Valagothus, el gigante que dio origen a los visigodos que recorrerían toda Europa hasta llegar a las tierras de Toledo.
Fuese como fuere, Gothus, Valagothus y Armenon, son los pilares, los guardianes del más arcano primitivismo simbólico de la esencia del pueblo godo. Y hay que tratarles como representantes de esa esencia, de origen del pueblo.
Armenon, tuvo cinco hijos según el monje Gales Nennius: Gothus, Valagothus, Cibidus, Burgundus y Longobardus.
Mi idea me lleva a pensar, que los gautas o getas... los godos. Se consideraban descendientes realmente de Gaut / Gautúr, de quien adoptaron el nombre de godos, como bien indica Jordanes. Es por tanto bajo mi concepto y deducción, Gaut, Odin para el primitivo godo. Y todas las deidades anteriores, seres mitológicos relacionados con el concepto de pre deidad o titanes en el mundo clásico. Por esta razón afirmo que Armenon es un Titán, una pre deidad, un gigante para la mitología del godo. De quien por supuesto desciende Gaut el dios padre de los godos.
Gothus el gigante origen de los godos
Siguiendo con la mitología expuesta por el monje galés Ninnius, Gothus es uno de los hijos del gigante de la guerra Armenon. Aquí sí nos encontramos con la dualidad tan propia de los pueblos indoeuropeos. Y es que Gothus, el gigante padre de la estirpe de los godos, sí es lo mismo que Gaut o Gautúr. El propio escritor dice, apoyado hoy en día por los mitólogos del germanismo. Que los godos descienden de Gothus. Al tiempo que los historiadores, reconocen actualmente, que el pueblo godo se consideraba descendiente de un dios del que tomaron el nombre de Getas (godos). El nombre de esa deidad nos ha llegado a través de escritores clásicos como Jordanes. Quien nos describe cultos prohibidos de los arcanos godos en el este de Europa. Hacia un dios llamado por ellos Gaut (Odin), Gautúr, Gutar. A quien sacrificaban seres humanos antes de las guerras colgándolos de árboles, o despedazándolos y colgando sus miembros en los bosques.
Es por tanto Gothus, lo mismo que Gaut, pero quizás en una evolución menor y desconocida de la mitología goda. Semejante al Gigante dios padre de la estirpe o el pueblo. Jugando a deducir e imaginar, podríamos decir para entendernos, que quizás Gothus fue la forma de gigante del hijo de Armenon, antes de cumplir unas pruebas o mandatos, por los cuales transformarse en Dios. Algo también muy típico y propio de los pueblos indoeuropeos a lo largo de todas sus leyendas y sagas.
En el aspecto ritual y simbólico. Gothus será el equivalente a Gautúr, pero en una faceta mas primitiva. Aun así, Gothus es Gaut, es Gautúr, es Gutar, Odin, Wotan.
Valagothus el gigante origen de los valagodos
Tristemente poco o nada se sabe de Valagothus, con la excepción de lo escrito en las crónicas del monje Ninnius. Quien afirma que según los germanos, Valagothus es hijo de Armenon y hermano de Gothus. Dando origen a las tribus de los valagodos.
Lamentablemente tampoco mucho se conoce acerca de esta misteriosa tribu de los valagodos. Aun cuando se supone que pudiera tratarse de una ramificación familiar de los propios godos, que en tiempos remotos emigraron desde la isla de Gotland (Suecia), hasta las tierras del mar Báltico (Lituania).
En cualquier caso, Valagothus es igualmente un gigante dios, origen de un pueblo. Hermano de Gothus, Cibidus, Burgundus, y Longobardus.
Es posible que Valagothus, fuera el origen de los visigodos. Sobre todo si aceptamos la posibilidad de que realmente una ramificación de los getas desde Gotland, atracaran sus barcos en Lituania. Siendo desde este punto de vista Lituania, la mítica tierra de Scanzia descrita por Jordanes. Teoría esta que a buen seguro gustaría muchísimo a Jurate Rosales, impulsora de la teoría Lituano visigoda. De esta forma, Gothus sería el gigante que dio origen a los gautas asentados en Suecia, y Valagothus, el gigante que dio origen a los visigodos que recorrerían toda Europa hasta llegar a las tierras de Toledo.
Fuese como fuere, Gothus, Valagothus y Armenon, son los pilares, los guardianes del más arcano primitivismo simbólico de la esencia del pueblo godo. Y hay que tratarles como representantes de esa esencia, de origen del pueblo.
Ellos son los tres titanes gigantes que dieron origen a la raza de los godos
Teolfo Rodriguez
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Los vándalos asdingos en Asturias
La presencia de los vándalos asdingos en Asturias no solo se puede deducir de la mención que Hidacio sobre el reparto territorial , sino que también en el Liber Itaci se dice que el rey vándalo Gunderico reino en Asturias. Si hubo un reparto es lógico que se respetase y por tanto las noticias de una invasión en este periodo que refleja sobre este aspecto el tesorillo de monedas de oro encontrado en Chapipi (Grado) sirve de testimonio de la huida de los habitantes de la región ante el paso de los invasores (que no serian otros que los vándalos) .
La primera incursión sobre Asturias de estos bárbaros se produciría por la Vía del puerto de La Mesa, encaminándose sus objetivos hacia las ciudades de Passicin (antigua civitas Paesicorum) y Amneni (en la desemboaadura del Nalón). Es posible también que se hubiese producido una invasión por otros pasos geográficos . Así Pajares o la Vía de La Carisa , habrían sido otros lugares de entrada para los vándalos .
Éstos se desplazarían hasta Memorana (Lena) que presenta señales de incendio en dicha época dirigiéndose con posterioridad a Lucus Asturum, a pesar de que la documentación medieval atribuye a los vándalos la potenciación de este centro no su destrucción.
La primera incursión sobre Asturias de estos bárbaros se produciría por la Vía del puerto de La Mesa, encaminándose sus objetivos hacia las ciudades de Passicin (antigua civitas Paesicorum) y Amneni (en la desemboaadura del Nalón). Es posible también que se hubiese producido una invasión por otros pasos geográficos . Así Pajares o la Vía de La Carisa , habrían sido otros lugares de entrada para los vándalos .
Éstos se desplazarían hasta Memorana (Lena) que presenta señales de incendio en dicha época dirigiéndose con posterioridad a Lucus Asturum, a pesar de que la documentación medieval atribuye a los vándalos la potenciación de este centro no su destrucción.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Nueva traducción de la saga de Teodorico
Compuesta en Bergen (Noruega) durante el reinado de Hákon IV (1217-1263), es una de las obras más emblemáticas e importantes de la literatura germánica medieval. En ella se recoge a modo casi enciclopédico una serie de leyendas de origen básicamente alemán, estructuradas en torno a la figura central del célebre rey ostrogodo Teodorico el Grande.Recordemos que el gran Teodorico, fue quien comando a los visigodos en Hispania contra los suevos. A quienes arrincono en el norte de Portugal. Venciéndoles en la batalla de río Orbigo. Haciéndose cargo del reino de los visigodos. No en vano el también era un gauta, un godo del este Se trata, en definitiva, de una obra fundamental de amena lectura que no sólo registra una rica información procedente de fuentes ya perdidas u ofrece interesantes versiones de otros relatos épicos conservados, sino que también constituye la única narrativa global que existe en la literatura del medievo sobre la vida y destino de uno de los monarcas más legendarios de todos los tiempos junto con Carlomagno y Arturo de Bretaña".
miércoles, 20 de octubre de 2010
La cruz visigoda como lábaro de la reconquista
De entre los símbolos más importantes utilizados durante los primeros tiempos de la Reconquista destaca la cruz de brazos trapeciales e iguales, llegada a nuestros días como principal emblema heráldico de Asturias, y primitivo lábaro de la reconquista, adoptado por los reyes asturianos como emblema de la monarquía junto a otros modos y costumbres visigóticas «pues en mostrarse heredera de estos visigodos residía su más prestigiosa razón de ser».
Es conocida por los historiadores e investigadores de esta parte de la historia la aspiración por parte de los monarcas asturianos de restablecer la continuidad visigoda en el naciente enclave, cuna de los posteriores reinos de León y Castilla que finalizarían la reconquista europea del territorio de la península ibérica a los moros, iniciado por sus antepasados de estirpe goda desde la primera llegada de aquellos. Ya uno de los primeros monarcas asturianos, Alfonso I, que reinó entre el 739 y el 756, quien fuera yerno de Pelayo –a su vez de la estirpe real de Kindaswindus, y espatario del rey Egik–, primer rey neogodo elegido al estilo germánico, elevándolo sobre su propio escudo por sus más nobles guerreros, y que arrojó a los moros de Galicia y de León, se vanagloriaba de ser de «stirpe regis Recaredi et Ermenegildi». Por su parte, su nieto Alfonso II afirmaba en el Epítome Ovetense del año 883, también llamada Cronicón Albeldense «omnem gothorum ordinem sicuti Toleto fuerat, tam in ecclesiam quam palatio in Oveto, cuncta statuit» («todo el orden de los godos tal como existió en Toledo quedó instituido en la Iglesia y la corte de Oviedo»), y es en dicha crónica tal como apunta Hernández Sáez en Las Castillas y León, teoría de una nación, donde se califica también a la relación de monarcas astures como «Ordo Gothorum Ovetensium Regum» («relación de los reyes godos de Oviedo»), pues como apunta Gonzalo Menéndez Pidal en su artículo «El lábaro primitivo de la reconquista», «en mostrarse heredera de estos visigodos residía su más prestigiosa razón de ser». Por ello, los modos, costumbres, textos refundidos de la época toledana, rituales y símbolos visigodos se perpetúan en Silos, Cardeña , San Millán y otros centros durante los primeros siglos de la reconquista hispánica. Por su parte, en los nacientes reinos peninsulares –en todos, no sólo en el asturiano–, el rito godo dentro de las costumbres religiosas continuó en vigor hasta el año 1071 fecha en la que el legado del papa Alejandro II, Hugo, fue a San Juan de la Peña y en presencia del rey Sancho Ramírez de Aragón y de toda su corte, obispos y abades, celebró la primera misa pascual conforme al rito romano, originando con ello toda una reforma en la que fue preciso copiar miles de códices para asegurar la difusión de la nueva liturgia, sustituyéndose la letra gótica, en vigor hasta esas fechas, por la carolina, y modificándose el calendario litúrgico y el santoral. También en el campo de la lingüística, la onomástica o el de la legislación, o bien en el mundo de la literatura de los nacientes reinos peninsulares permaneció un legado visigótico nada desdeñable. En definitiva, «la impronta visigoda está grabada en muchas instituciones medievales y en la epopeya castellana». Y en esta campo, es la cruz cómo lábaro de la Reconquista, una importante seña de identidad de la monarquía visigótica que continuó como tal entre las aristocracias germánicas que iniciaron la reconquista tal como veremos a continuación.
Tan sólo unos años antes de la batalla de Covadonga, la península ibérica en su totalidad se hallaba bajo el poder del reino visigodo de Toledo, y destacando entre los símbolos godos se encontraba la cruz, antiguo símbolo visigótico representado en numerosas ocasiones de una forma particular, normalmente con brazos iguales, tal como consta en los templos visigóticos de los antiguos reinos de Tolosa y Toledo, y quedando dicha cruz para la posteridad en los emblemas heráldicos de los diversos reinos y condados que devinieron durante la Edad Media procedentes del de Toledo. En la península ibérica, entre las piezas visigodas halladas en los tesoros de Guarrazar y Torredonjimeno se cuentan nunerosas cruces votivas con inscripciones, presencia constatada también en el Liber Ordinum, o en importantes joyas artísticas como la corona de Recesvinto. García Volta, destaca en su obra El mundo perdido de los visigodos , la afición de este pueblo de depositar en los altares cruces junto a otros motivos artísticos. Sabemos además por otras fuentes documentales como dice Blanco Torviso, que junto a las representaciones geométricas, vegetales y zoomórficas –repetidas en el llamado «arte asturiano»– destacaban en los templos visigodos resplandecientes elementos suntuarios, «especialmente cruces y coronas votivas». También Fernández Conde y Santos del Valle inciden en que «el mundo tardorromano y visigodo estaba mucho más cercano. Por eso, nada tiene de extraño que las grandes iglesias hispanogodas del siglo VII –San Juan de Baños de Cerrato, San Pedro de la Nave, Santa Comba de Bande, y hasta la misma Quintanilla de Viñas– presentan similitudes estilísticas notorias con la fundación de Silo en su corte asturiana». Ya en tiempos del rey Don Favila, se levantó sobre un dolmen en Cangas de Onís, una de las primeras iglesias cristianas tras la invasión musulmana, llamándose precisamente de la Santa Cruz, observando con ello Besga Marroquín que «si la vinculación de la Santa Cruz con la monarquía asturiana es patente desde el reinado de Favila, no lo es menos con el pasado visigótico», ya que según Menendez Pidal de Navascues, «de todos los pueblos germánicos, solo entre los visigodos se halla este uso de la cruz; (…).Tal signo o emblema de la monarquía visigoda se refuerza por su probable uso como enseña de las milicias reales, llevada la cruz de modo visible, sostenida por el asta, uso que veremos continuado por la monarquía asturiana», añadiendo Besga Marroquín, que «éste debe ser tenido como un elemento más que vinculado al naciente poder en Asturias con el elemento visigodo»
Por su parte el rey Alfonso II, «de quien el Epitome Ovetense dice que restauró los modos del Toledo visigótico, tanto en palacio como en la Iglesia», mandó labrar una extraordinaria cruz votiva con la forma usual entre los visigodos, es decir, brazos trapeciales e iguales, como los representados en Guarrazar, San Juan de Baños, el tablero de Alcaudete u otras muestras del arte visigótico. Es la conocida como Cruz de los Ángeles.
También Alfonso III ofreció a la recién construida basílica de Santiago otra cruz similar, ofrecimiento que se repite con sus descendientes Alfonso III y Ramiro II, ya en el 940.
Por ello, como indica Menéndez Pidal en el trabajo citado «…las cruces conservadas “de los ángeles”, de Santiago y de la Victoria –o la llamada «cruz del secreto» tal como aparece figurada en un pilar visigodo, similar a la de la victoria, con el alfa y el omega– «se nos ofrecen como supervivencias que testifican de qué manera aquella costumbre visigótica, según la cual los reyes ofrecían como dones cruces preciosas a sus iglesias, siguió siendo practicada por los reyes asturianos deseosos de persistir en los modos toledanos», costumbre que pervivirá al menos hasta el siglo XIII. Por su parte, el Liber ordinum en sus diversas ediciones nos describe con todo detalle como el rey visigodo-asturiano era recibido por el obispo y el clero en la iglesia pretoriana, recepción en la que era protagonista la cruz como estandarte victorioso de combate, y en la que acabado el ceremonial los caballeros recibían de manos del sacerdote los estandartes. «De donde resulta que la cruz era lábaro de los reyes visigodos y lo siguió siendo de los asturianos, acorde con lo cual quedan bien justificadas las inscripciones de las cruces de Alfonso II y Alfonso III».
Siguiendo a Menéndez Pidal conocemos que «La vieja tradición española parece haberse distinguido en ciertas peculiaridades: En Santa María de las Viñas un ángel y la figura central de un capitel, actualmente suelto, empuñan cruces de brazos trapeciales e iguales, en una de las cuales se ve claramente el mango que entesta con el pie de la cruz. Ambas van empuñadas con una sola mano y no con dos. En la miniatura de los Beatos, el Ángel de los Vientos marca a los elegidos con una cruz enmangada. Pero la más completa imagen de cómo este lábaro visigótico asturiano era llevado a la guerra, nos la da el estandarte de San Isidoro de León, que en pleno siglo XIII aún representa al santo de Sevilla galopando en corcel que monta con silla de guerra de altos borrenes llevando en la mano derecha una cruz gótica empuñada de igual modo a como lo hace el ángel visigodo de Santa María de Lara o el Angel de los Vientos en los Beatos mozárabes. Así se dice que apareció San Isidoro en el cerco de Baeza; así iría antes los reyes ovetenses o toledanos, el clérigo a quien el rey entregaba la cruz al partir para la guerra desde la Basílica pretoriana, centros ceremoniales donde el rey toma la cruz para partir a la guerra, , basílica en la cual se reunieron de 653 a 702 al menos seis de los grandes concilios toledanos, y en la cual fue ungido Wamba en el 672. Basílica pretoriana también se llamó en Toledo a la de Santa Leocadia. Llevarían título de pretorianas por ser las de la guardia real, por eso en ellas se celebraba la ceremonia de tomar el rey la cruz para la guerra .
Todavía de Alfonso III se refiere como encargó al conde Hermenegildo Gutierrez someter al rebelde Vitiza, y como le combatió con su gente y “cum omnibus militibus palatii”. Esta militia palatii evidentemente ya no osaba llevar el titulo de pretoriana , pero sin duda quería heredar la tradición toledana, y por eso era tenida como nervio de ese ejército permanente que en tantas cosas se consideraba continuador de las tradiciones visigóticas. Esa basílica palatina tendría en Oviedo una basílica preferida para su ceremonial castrense», función no del todo reconocida, o bien semiocultada, en nuestros días por parte de la historiografía oficial, aunque la estructura y emplazamiento del monumento no deje de confundir a muchos historiadores y arqueológos. Sabemos por las crónicas del siglo IX que en Naranco construyó Ramiro I un edificio y una aula regia con baño, pero en ella además de la estancia que ha sido definida como baño existió un ara consagrada a Santa María en el 848 con uso circunstancial de lo que podríamos llamar basílica pretoriana o de la milicia palatina. Y es en el interior de la sala principal de este interesante monumento, donde se pueden apreciar, tal como incluimos en las ilustraciones de este trabajo, la cruz de la que estamos hablando junto a otros motivos que nos remiten a simbologías solares guerreras. Cuando la visitamos, pensamos que no es difícil imaginar el interior de Santa María del Naranco ocupado por guerreros visigodos asturianos junto a su rey. No hay más que estudiar sus detalles con detenimiento. Definitivamente ni es un palacio ni una iglesia.
Por otra parte, siguiendo con Asturias también podemos detectar esta continuidad visigótica en los símbolos de la comunidad de lucha con voluntad de reconquista surgida en el primitivo reino astur, en todo cuanto hace referencia a la continuidad familiar o de linaje, no sólo en el caso de la familia real sino entre los más antiguos linajes asturianos, la mayoría de estirpe goda. Los símbolos de la cruz junto a otros no menos visigóticos como el águila aparecen pintados en numerosas muestras heráldicas de entre las más hidalgas familias asturianas. Tirso de Avilés en su obra Armas y linajes y antigüedad del principado nos habla de apellidos como Fonfría del que recoge «de Recaredo, rey godo, es cierto que descendía el linaje de Fonfría», o de los Noriega «Los de este linaje y apellido son buenos hidalgos, y tan antiguos que se tiene por cierto que vienen del infante Pelayo y se llamaban Infanzones antiguamente teniendo su solar en el valle de Riva de Sella en las Asturias de Santillana. Traen por armas las que tomó dicho infante cuando comenzó a echar a los moros de Asturias que son en azur una cruz que llevó como estandarte y bandera». Y es que, como afirma Jesús Evaristo Casariego, «viene Oviedo a la historia para ser cabeza de una gran empresa, impregnada de neogoticismo germano hispano, y por tanto, de catolicismo, de germanismo y de romanismo, es decir, de la cristiandad europea que estaba naciendo. Por algo (curiosa coincidencia) Oviedo viene a la historia al mismo tiempo que el imperio carolingio, otro de los creadores de Europa».
Pero no será , de entre los enclaves surgidos de la España visigoda, el reino asturiano, el único en usar como lábaro y emblema de combate de la reconquista el símbolo de la cruz patada, también en Aragón se repite un proceso restaurador semejante al asturiano, y además la imagen con que tradicionalmente se representa esa cruz en monedas y demás emblemas es de cruz griega con brazos trapeciales y enmanganado, un pequeño astil para empuñadura. Símbolo que se perpetúa en el actual escudo heráldico del reino de Aragón junto a cuatro cabezas de moro cercenadas y ensangrentadas, histórico emblema que cuando esto escribo, los representantes parlamentarios aragoneses trabajan por eliminar, siguiendo el ejemplo del cabildo de Santiago, que renegó publica y vergonzosamente hace unos años de su santo patrón, Sant Yago Matamoros, patrón de la caballería neovisigótica en su lucha contra el invasor musulmán quien según la leyenda también portaba una cruz de similares características, emblema de una importante Orden Militar castellana.
De igual forma es la cruz de Sobrarbe. «Todos ellos testimonios evidentes de lo enraizada que estuvo en toda la España cristiana la tradición visigoda, y como todos los focos de reconquista buscaban restablecer ese mismo lábaro que por una parte testimoniaba su fe ante el invasor y por otra justificaba su legalidad encadenándose a lo visigodo».
Terminando con Gonzalo Menéndez Pidal recordemos que «La cruz como lábaro del ejército real fue adoptada por reyes de Asturias y Aragón (utilizada como emblema de León hasta el siglo XII y por Castilla hasta el XIII). Para ello hay que admitir una mínima continuidad, pues sólo los visigodos entre todos los pueblos germánicos, habían tenido la cruz por insignia; y el que las huestes asturianas se lanzasen al combate bajo el mismo estandarte de los ejércitos reales del Toledo visigótico, habla bien a las claras de cómo en Oviedo alentaba un ansia de continuidad. Las minuciosas rúbricas del Liber Ordinum seguían rigiendo las ceremonias con que en el aula regia del Naranco, a las afueras de Oviedo, se despedía al ejército reconquistador, igual que antes de la invasión musulmana habían regido la despedida del ejército hispanogodo en la basílica pretoriana de los arrabales toledanos.
Por eso Alfonso III traerá de su campaña toledana como preciado botín, una cruz con su lignum crucis; tal fue el lábaro de los reyes godos y tal reliquia había de constituir ahora el alma del regio lábaro alfonsí. Por eso, la cruz acabará figurando en Asturias (y por ende en León, Castilla, Aragón) como emblema real. Y por eso, según rúbrica visigótica se esculpirán protectoras cruces sobre regios palacios y fuentes. Porque en toda la vida de los renacientes reinos cristianos habrá constante deseo de mantener la peculiar tradición visigoda, y conforme prescribe el viejo Liber ordinum se seguirán ofreciendo coronas a los altares, y conforme a las mismas rúbricas se seguirá asistiendo a los moribundos. Y no acabaremos de comprender los marfiles de San Millán si olvidamos esto, porque aún la pintura y la literatura románica de los siglos XII y XIII seguían recordándolo.
Recordemos nosotros por tanto, ahora, como la Reconquista empezó siendo una empresa sentida como guerra visigótica, guerra con la que se deseaba restablecer la continuidad de una tradición toledana, y donde no se daba otra variante sino la de que antes del 711 los españoles impetraban de Dios».
Los hijos del primitivo reino visigótico de Asturias, organizados luego en León y posteriormente en Castilla, como también los no menos originalmente visigodos de Aragón, Navarra y Cataluña, siguieron utilizando años después la cruz visigoda como lábaro en la Reconquista europea de la península ibérica, constatando orgullosamente con ello al modo germánico cuales eran sus gloriosos orígenes, y cuales sus objetivos. La cruz fue sustituida por leones y castillos, las ceremonias y escritura visigótica fueron tenazmente abolidas por las autoridades religiosas desgotizadas, aunque no muchos otros modos y costumbres bien arraigadas en la población hispano-goda, pero las viejas piedras de los templos, los antiguos estandartes y las armas de los guerreros que hicieron posible la recuperación de la tierra que había sido del reino de Toledo mantuvieron bien visible para el que quisiera verlo, cuales y de que origen fueron los símbolos que animaron la Reconquista. Símbolos que todavía hoy, ocultos entre la confusión y el olvido, nos muestran un legado y una herencia que algún día habrá que recuperar, para poder iniciar una cada vez más necesaria nueva Reconquista.
E. MonsonisEs conocida por los historiadores e investigadores de esta parte de la historia la aspiración por parte de los monarcas asturianos de restablecer la continuidad visigoda en el naciente enclave, cuna de los posteriores reinos de León y Castilla que finalizarían la reconquista europea del territorio de la península ibérica a los moros, iniciado por sus antepasados de estirpe goda desde la primera llegada de aquellos. Ya uno de los primeros monarcas asturianos, Alfonso I, que reinó entre el 739 y el 756, quien fuera yerno de Pelayo –a su vez de la estirpe real de Kindaswindus, y espatario del rey Egik–, primer rey neogodo elegido al estilo germánico, elevándolo sobre su propio escudo por sus más nobles guerreros, y que arrojó a los moros de Galicia y de León, se vanagloriaba de ser de «stirpe regis Recaredi et Ermenegildi». Por su parte, su nieto Alfonso II afirmaba en el Epítome Ovetense del año 883, también llamada Cronicón Albeldense «omnem gothorum ordinem sicuti Toleto fuerat, tam in ecclesiam quam palatio in Oveto, cuncta statuit» («todo el orden de los godos tal como existió en Toledo quedó instituido en la Iglesia y la corte de Oviedo»), y es en dicha crónica tal como apunta Hernández Sáez en Las Castillas y León, teoría de una nación, donde se califica también a la relación de monarcas astures como «Ordo Gothorum Ovetensium Regum» («relación de los reyes godos de Oviedo»), pues como apunta Gonzalo Menéndez Pidal en su artículo «El lábaro primitivo de la reconquista», «en mostrarse heredera de estos visigodos residía su más prestigiosa razón de ser». Por ello, los modos, costumbres, textos refundidos de la época toledana, rituales y símbolos visigodos se perpetúan en Silos, Cardeña , San Millán y otros centros durante los primeros siglos de la reconquista hispánica. Por su parte, en los nacientes reinos peninsulares –en todos, no sólo en el asturiano–, el rito godo dentro de las costumbres religiosas continuó en vigor hasta el año 1071 fecha en la que el legado del papa Alejandro II, Hugo, fue a San Juan de la Peña y en presencia del rey Sancho Ramírez de Aragón y de toda su corte, obispos y abades, celebró la primera misa pascual conforme al rito romano, originando con ello toda una reforma en la que fue preciso copiar miles de códices para asegurar la difusión de la nueva liturgia, sustituyéndose la letra gótica, en vigor hasta esas fechas, por la carolina, y modificándose el calendario litúrgico y el santoral. También en el campo de la lingüística, la onomástica o el de la legislación, o bien en el mundo de la literatura de los nacientes reinos peninsulares permaneció un legado visigótico nada desdeñable. En definitiva, «la impronta visigoda está grabada en muchas instituciones medievales y en la epopeya castellana». Y en esta campo, es la cruz cómo lábaro de la Reconquista, una importante seña de identidad de la monarquía visigótica que continuó como tal entre las aristocracias germánicas que iniciaron la reconquista tal como veremos a continuación.
Tan sólo unos años antes de la batalla de Covadonga, la península ibérica en su totalidad se hallaba bajo el poder del reino visigodo de Toledo, y destacando entre los símbolos godos se encontraba la cruz, antiguo símbolo visigótico representado en numerosas ocasiones de una forma particular, normalmente con brazos iguales, tal como consta en los templos visigóticos de los antiguos reinos de Tolosa y Toledo, y quedando dicha cruz para la posteridad en los emblemas heráldicos de los diversos reinos y condados que devinieron durante la Edad Media procedentes del de Toledo. En la península ibérica, entre las piezas visigodas halladas en los tesoros de Guarrazar y Torredonjimeno se cuentan nunerosas cruces votivas con inscripciones, presencia constatada también en el Liber Ordinum, o en importantes joyas artísticas como la corona de Recesvinto. García Volta, destaca en su obra El mundo perdido de los visigodos , la afición de este pueblo de depositar en los altares cruces junto a otros motivos artísticos. Sabemos además por otras fuentes documentales como dice Blanco Torviso, que junto a las representaciones geométricas, vegetales y zoomórficas –repetidas en el llamado «arte asturiano»– destacaban en los templos visigodos resplandecientes elementos suntuarios, «especialmente cruces y coronas votivas». También Fernández Conde y Santos del Valle inciden en que «el mundo tardorromano y visigodo estaba mucho más cercano. Por eso, nada tiene de extraño que las grandes iglesias hispanogodas del siglo VII –San Juan de Baños de Cerrato, San Pedro de la Nave, Santa Comba de Bande, y hasta la misma Quintanilla de Viñas– presentan similitudes estilísticas notorias con la fundación de Silo en su corte asturiana». Ya en tiempos del rey Don Favila, se levantó sobre un dolmen en Cangas de Onís, una de las primeras iglesias cristianas tras la invasión musulmana, llamándose precisamente de la Santa Cruz, observando con ello Besga Marroquín que «si la vinculación de la Santa Cruz con la monarquía asturiana es patente desde el reinado de Favila, no lo es menos con el pasado visigótico», ya que según Menendez Pidal de Navascues, «de todos los pueblos germánicos, solo entre los visigodos se halla este uso de la cruz; (…).Tal signo o emblema de la monarquía visigoda se refuerza por su probable uso como enseña de las milicias reales, llevada la cruz de modo visible, sostenida por el asta, uso que veremos continuado por la monarquía asturiana», añadiendo Besga Marroquín, que «éste debe ser tenido como un elemento más que vinculado al naciente poder en Asturias con el elemento visigodo»
Por su parte el rey Alfonso II, «de quien el Epitome Ovetense dice que restauró los modos del Toledo visigótico, tanto en palacio como en la Iglesia», mandó labrar una extraordinaria cruz votiva con la forma usual entre los visigodos, es decir, brazos trapeciales e iguales, como los representados en Guarrazar, San Juan de Baños, el tablero de Alcaudete u otras muestras del arte visigótico. Es la conocida como Cruz de los Ángeles.
También Alfonso III ofreció a la recién construida basílica de Santiago otra cruz similar, ofrecimiento que se repite con sus descendientes Alfonso III y Ramiro II, ya en el 940.
Por ello, como indica Menéndez Pidal en el trabajo citado «…las cruces conservadas “de los ángeles”, de Santiago y de la Victoria –o la llamada «cruz del secreto» tal como aparece figurada en un pilar visigodo, similar a la de la victoria, con el alfa y el omega– «se nos ofrecen como supervivencias que testifican de qué manera aquella costumbre visigótica, según la cual los reyes ofrecían como dones cruces preciosas a sus iglesias, siguió siendo practicada por los reyes asturianos deseosos de persistir en los modos toledanos», costumbre que pervivirá al menos hasta el siglo XIII. Por su parte, el Liber ordinum en sus diversas ediciones nos describe con todo detalle como el rey visigodo-asturiano era recibido por el obispo y el clero en la iglesia pretoriana, recepción en la que era protagonista la cruz como estandarte victorioso de combate, y en la que acabado el ceremonial los caballeros recibían de manos del sacerdote los estandartes. «De donde resulta que la cruz era lábaro de los reyes visigodos y lo siguió siendo de los asturianos, acorde con lo cual quedan bien justificadas las inscripciones de las cruces de Alfonso II y Alfonso III».
Siguiendo a Menéndez Pidal conocemos que «La vieja tradición española parece haberse distinguido en ciertas peculiaridades: En Santa María de las Viñas un ángel y la figura central de un capitel, actualmente suelto, empuñan cruces de brazos trapeciales e iguales, en una de las cuales se ve claramente el mango que entesta con el pie de la cruz. Ambas van empuñadas con una sola mano y no con dos. En la miniatura de los Beatos, el Ángel de los Vientos marca a los elegidos con una cruz enmangada. Pero la más completa imagen de cómo este lábaro visigótico asturiano era llevado a la guerra, nos la da el estandarte de San Isidoro de León, que en pleno siglo XIII aún representa al santo de Sevilla galopando en corcel que monta con silla de guerra de altos borrenes llevando en la mano derecha una cruz gótica empuñada de igual modo a como lo hace el ángel visigodo de Santa María de Lara o el Angel de los Vientos en los Beatos mozárabes. Así se dice que apareció San Isidoro en el cerco de Baeza; así iría antes los reyes ovetenses o toledanos, el clérigo a quien el rey entregaba la cruz al partir para la guerra desde la Basílica pretoriana, centros ceremoniales donde el rey toma la cruz para partir a la guerra, , basílica en la cual se reunieron de 653 a 702 al menos seis de los grandes concilios toledanos, y en la cual fue ungido Wamba en el 672. Basílica pretoriana también se llamó en Toledo a la de Santa Leocadia. Llevarían título de pretorianas por ser las de la guardia real, por eso en ellas se celebraba la ceremonia de tomar el rey la cruz para la guerra .
Todavía de Alfonso III se refiere como encargó al conde Hermenegildo Gutierrez someter al rebelde Vitiza, y como le combatió con su gente y “cum omnibus militibus palatii”. Esta militia palatii evidentemente ya no osaba llevar el titulo de pretoriana , pero sin duda quería heredar la tradición toledana, y por eso era tenida como nervio de ese ejército permanente que en tantas cosas se consideraba continuador de las tradiciones visigóticas. Esa basílica palatina tendría en Oviedo una basílica preferida para su ceremonial castrense», función no del todo reconocida, o bien semiocultada, en nuestros días por parte de la historiografía oficial, aunque la estructura y emplazamiento del monumento no deje de confundir a muchos historiadores y arqueológos. Sabemos por las crónicas del siglo IX que en Naranco construyó Ramiro I un edificio y una aula regia con baño, pero en ella además de la estancia que ha sido definida como baño existió un ara consagrada a Santa María en el 848 con uso circunstancial de lo que podríamos llamar basílica pretoriana o de la milicia palatina. Y es en el interior de la sala principal de este interesante monumento, donde se pueden apreciar, tal como incluimos en las ilustraciones de este trabajo, la cruz de la que estamos hablando junto a otros motivos que nos remiten a simbologías solares guerreras. Cuando la visitamos, pensamos que no es difícil imaginar el interior de Santa María del Naranco ocupado por guerreros visigodos asturianos junto a su rey. No hay más que estudiar sus detalles con detenimiento. Definitivamente ni es un palacio ni una iglesia.
Por otra parte, siguiendo con Asturias también podemos detectar esta continuidad visigótica en los símbolos de la comunidad de lucha con voluntad de reconquista surgida en el primitivo reino astur, en todo cuanto hace referencia a la continuidad familiar o de linaje, no sólo en el caso de la familia real sino entre los más antiguos linajes asturianos, la mayoría de estirpe goda. Los símbolos de la cruz junto a otros no menos visigóticos como el águila aparecen pintados en numerosas muestras heráldicas de entre las más hidalgas familias asturianas. Tirso de Avilés en su obra Armas y linajes y antigüedad del principado nos habla de apellidos como Fonfría del que recoge «de Recaredo, rey godo, es cierto que descendía el linaje de Fonfría», o de los Noriega «Los de este linaje y apellido son buenos hidalgos, y tan antiguos que se tiene por cierto que vienen del infante Pelayo y se llamaban Infanzones antiguamente teniendo su solar en el valle de Riva de Sella en las Asturias de Santillana. Traen por armas las que tomó dicho infante cuando comenzó a echar a los moros de Asturias que son en azur una cruz que llevó como estandarte y bandera». Y es que, como afirma Jesús Evaristo Casariego, «viene Oviedo a la historia para ser cabeza de una gran empresa, impregnada de neogoticismo germano hispano, y por tanto, de catolicismo, de germanismo y de romanismo, es decir, de la cristiandad europea que estaba naciendo. Por algo (curiosa coincidencia) Oviedo viene a la historia al mismo tiempo que el imperio carolingio, otro de los creadores de Europa».
Pero no será , de entre los enclaves surgidos de la España visigoda, el reino asturiano, el único en usar como lábaro y emblema de combate de la reconquista el símbolo de la cruz patada, también en Aragón se repite un proceso restaurador semejante al asturiano, y además la imagen con que tradicionalmente se representa esa cruz en monedas y demás emblemas es de cruz griega con brazos trapeciales y enmanganado, un pequeño astil para empuñadura. Símbolo que se perpetúa en el actual escudo heráldico del reino de Aragón junto a cuatro cabezas de moro cercenadas y ensangrentadas, histórico emblema que cuando esto escribo, los representantes parlamentarios aragoneses trabajan por eliminar, siguiendo el ejemplo del cabildo de Santiago, que renegó publica y vergonzosamente hace unos años de su santo patrón, Sant Yago Matamoros, patrón de la caballería neovisigótica en su lucha contra el invasor musulmán quien según la leyenda también portaba una cruz de similares características, emblema de una importante Orden Militar castellana.
De igual forma es la cruz de Sobrarbe. «Todos ellos testimonios evidentes de lo enraizada que estuvo en toda la España cristiana la tradición visigoda, y como todos los focos de reconquista buscaban restablecer ese mismo lábaro que por una parte testimoniaba su fe ante el invasor y por otra justificaba su legalidad encadenándose a lo visigodo».
Terminando con Gonzalo Menéndez Pidal recordemos que «La cruz como lábaro del ejército real fue adoptada por reyes de Asturias y Aragón (utilizada como emblema de León hasta el siglo XII y por Castilla hasta el XIII). Para ello hay que admitir una mínima continuidad, pues sólo los visigodos entre todos los pueblos germánicos, habían tenido la cruz por insignia; y el que las huestes asturianas se lanzasen al combate bajo el mismo estandarte de los ejércitos reales del Toledo visigótico, habla bien a las claras de cómo en Oviedo alentaba un ansia de continuidad. Las minuciosas rúbricas del Liber Ordinum seguían rigiendo las ceremonias con que en el aula regia del Naranco, a las afueras de Oviedo, se despedía al ejército reconquistador, igual que antes de la invasión musulmana habían regido la despedida del ejército hispanogodo en la basílica pretoriana de los arrabales toledanos.
Por eso Alfonso III traerá de su campaña toledana como preciado botín, una cruz con su lignum crucis; tal fue el lábaro de los reyes godos y tal reliquia había de constituir ahora el alma del regio lábaro alfonsí. Por eso, la cruz acabará figurando en Asturias (y por ende en León, Castilla, Aragón) como emblema real. Y por eso, según rúbrica visigótica se esculpirán protectoras cruces sobre regios palacios y fuentes. Porque en toda la vida de los renacientes reinos cristianos habrá constante deseo de mantener la peculiar tradición visigoda, y conforme prescribe el viejo Liber ordinum se seguirán ofreciendo coronas a los altares, y conforme a las mismas rúbricas se seguirá asistiendo a los moribundos. Y no acabaremos de comprender los marfiles de San Millán si olvidamos esto, porque aún la pintura y la literatura románica de los siglos XII y XIII seguían recordándolo.
Recordemos nosotros por tanto, ahora, como la Reconquista empezó siendo una empresa sentida como guerra visigótica, guerra con la que se deseaba restablecer la continuidad de una tradición toledana, y donde no se daba otra variante sino la de que antes del 711 los españoles impetraban de Dios».
Los hijos del primitivo reino visigótico de Asturias, organizados luego en León y posteriormente en Castilla, como también los no menos originalmente visigodos de Aragón, Navarra y Cataluña, siguieron utilizando años después la cruz visigoda como lábaro en la Reconquista europea de la península ibérica, constatando orgullosamente con ello al modo germánico cuales eran sus gloriosos orígenes, y cuales sus objetivos. La cruz fue sustituida por leones y castillos, las ceremonias y escritura visigótica fueron tenazmente abolidas por las autoridades religiosas desgotizadas, aunque no muchos otros modos y costumbres bien arraigadas en la población hispano-goda, pero las viejas piedras de los templos, los antiguos estandartes y las armas de los guerreros que hicieron posible la recuperación de la tierra que había sido del reino de Toledo mantuvieron bien visible para el que quisiera verlo, cuales y de que origen fueron los símbolos que animaron la Reconquista. Símbolos que todavía hoy, ocultos entre la confusión y el olvido, nos muestran un legado y una herencia que algún día habrá que recuperar, para poder iniciar una cada vez más necesaria nueva Reconquista.
Wieland el dios de los herreros godos
conocido como el Ícaro germánico, este personaje gozó de extraordinaria celebridad en la Edad Media, y los textos en antiguo francés le llaman Galan. La leyenda dice lo siguiente: tres hermanos, Wieland, Egill y Slagfidr, descubren unas mujeres-cisne hilando lino junto a un lago. Se apoderan de sus vestidos de plumas, los esconden y las maravillosas criaturas aceptan casarse con los hermanos porque ya no pueden emprender el vuelo. Al cabo de algunos años encuentran de nuevo sus ropas mágicas y desaparecen para siempre. Egill y Slagfidr parten en busca de sus respectivas mujeres, Wieland se queda solo en el Valle de los Lobos y se consagra al arte de la forja. El rey Nidudr le despoja de sus riquezas y, a instancias de su esposa, le hace mutilar. Wieland consigue sin embargo vengarse: mata a los dos hijos de Nidudr y viola a su hija antes de emprender el vuelo con las alas que ha confeccionado.
Según la Saga de Thidrekr, el abuelo de Wieland es el rey Wilcinus y su abuela es una ondina. Su padre es Wate/Vadi, un gigante, y su hijo, Witege. En el Edda, Wieland es llamado «príncipe de los elfos», lo que establece un vínculo con Alfheimr, el mundo de Frey / Enguz.
Se ha propuesto ver en Wieland un pariente del Velchans etrusco, del oseto iraní Wärgon y del Zeus Felchanos cretense. En una tríada que cita César, —Sol, Vulcano, Luna—, tal vez Vulcano corresponda a Wieland, que sin duda es una antigua divinidad goda degradada al rango de héroe. Existen por lo demás turbadores parecidos entre estos personajes y Hefesto: ambos son mutilados, ambos cometen una violación (Hefesto viola a Minerva).
En el mundo godo, tenemos constancia del conocimiento de existencia de Wieland, en el cantar de Waltario. Donde el atlético Randolfo, se dirige al godo con estas palabras:
(..) Mas he aquí que el atlético Randolfo adelantad a caballo a sus compañeros y ataca de improvisto a Waltario, golpeándolo debajo del pecho con la lanza de hierro. Y si la coraza, forjada por Wieland, no hubiera detenido el golpe, la lanza hubiese penetrado en las vísceras del héroe(..)
Según la Saga de Thidrekr, el abuelo de Wieland es el rey Wilcinus y su abuela es una ondina. Su padre es Wate/Vadi, un gigante, y su hijo, Witege. En el Edda, Wieland es llamado «príncipe de los elfos», lo que establece un vínculo con Alfheimr, el mundo de Frey / Enguz.
Se ha propuesto ver en Wieland un pariente del Velchans etrusco, del oseto iraní Wärgon y del Zeus Felchanos cretense. En una tríada que cita César, —Sol, Vulcano, Luna—, tal vez Vulcano corresponda a Wieland, que sin duda es una antigua divinidad goda degradada al rango de héroe. Existen por lo demás turbadores parecidos entre estos personajes y Hefesto: ambos son mutilados, ambos cometen una violación (Hefesto viola a Minerva).
En el mundo godo, tenemos constancia del conocimiento de existencia de Wieland, en el cantar de Waltario. Donde el atlético Randolfo, se dirige al godo con estas palabras:
(..) Mas he aquí que el atlético Randolfo adelantad a caballo a sus compañeros y ataca de improvisto a Waltario, golpeándolo debajo del pecho con la lanza de hierro. Y si la coraza, forjada por Wieland, no hubiera detenido el golpe, la lanza hubiese penetrado en las vísceras del héroe(..)
Como podemos ver en la saga, entre los godos se conocía el mito de Wieland como herrero mitológico y mágico. El cual muy posiblemente como se apunto con anterioridad, fuera un dios menor relacionado con la metalurgia, rebajado a héroe durante el periodo cristiano. No podemos decir que en los tiempos ancestrales, los godos conocieran al herrero con el nombre que ahora apuntamos. Peri si podemos afirmar, que al menos en el siglo V, se conocía entre los godos la existencia folklórica de un herrero mitológico semi mágico, con el nombre de Wieland.
Lo realmente curioso que relaciona aun mas la existencia de Wieland con el mundo godo. Llega al descubrir que su hijo es Witege, a quien en el Diccionario de mitología germánica se emparenta con el guerrero godo Vidigoia, de quien Jordanés escribe que «pereció en las llanuras de Hungría, víctima de la perfidia de los sármatas», hacia 330.
En la mitología germánica moderna, Vidigoia / Witege, es un célebre guerrero de las epopeyas alemanas, traidor y asesino de adolescentes. Mata al hijo de dama Eche y de Atila; perseguido por Dietrich von Bern (transposición épica y legendaria de Teodorico el Grande, rey de los godos), se arroja al mar, donde le recoge la dama Wachilt, una ondina emparentada con él. Su espada se llama Mimminc y fue forjada por Wieland; su corcel es Skemming. Según la Saga de Thidrekr (siglo XIII), es hijo de Wieland el Herrero. Los textos en viejo inglés le llaman Widia/Wudge. Y le convierten en un exiliado que vive en la corte del rey Ermamarico. Y un poema del siglo IX, el Waldere, le considera también hijo de Wieland diciéndonos que ayudó a Dietrich/Teodorico a salir bien librado cuando se hallaba entre los gigantes. El inseparable compañero de Witege es Heime (Hama, Heimir).
Dejando de lado por ahora a Vidigoia y centrándonos en la equivalencia simbólica de Wieland. Diremos que será tomado como un dios menor o semi dios del mundo gótico. Wieland es una deidad forjadora de metales, como Hefestos. Es el dios de los herreros, de los forjadores de armas. Capaz de dotar a estas de magia y poder. Pero no solo de las armas, como bien se apunta en el cantar de Waltario, también posee el poder de forjar armaduras o yelmos mágicos. Wieland será por consiguiente, una deidad de los artistas y artesanos del hierro y la forja.
Teo Rodriguez
Lo realmente curioso que relaciona aun mas la existencia de Wieland con el mundo godo. Llega al descubrir que su hijo es Witege, a quien en el Diccionario de mitología germánica se emparenta con el guerrero godo Vidigoia, de quien Jordanés escribe que «pereció en las llanuras de Hungría, víctima de la perfidia de los sármatas», hacia 330.
En la mitología germánica moderna, Vidigoia / Witege, es un célebre guerrero de las epopeyas alemanas, traidor y asesino de adolescentes. Mata al hijo de dama Eche y de Atila; perseguido por Dietrich von Bern (transposición épica y legendaria de Teodorico el Grande, rey de los godos), se arroja al mar, donde le recoge la dama Wachilt, una ondina emparentada con él. Su espada se llama Mimminc y fue forjada por Wieland; su corcel es Skemming. Según la Saga de Thidrekr (siglo XIII), es hijo de Wieland el Herrero. Los textos en viejo inglés le llaman Widia/Wudge. Y le convierten en un exiliado que vive en la corte del rey Ermamarico. Y un poema del siglo IX, el Waldere, le considera también hijo de Wieland diciéndonos que ayudó a Dietrich/Teodorico a salir bien librado cuando se hallaba entre los gigantes. El inseparable compañero de Witege es Heime (Hama, Heimir).
Dejando de lado por ahora a Vidigoia y centrándonos en la equivalencia simbólica de Wieland. Diremos que será tomado como un dios menor o semi dios del mundo gótico. Wieland es una deidad forjadora de metales, como Hefestos. Es el dios de los herreros, de los forjadores de armas. Capaz de dotar a estas de magia y poder. Pero no solo de las armas, como bien se apunta en el cantar de Waltario, también posee el poder de forjar armaduras o yelmos mágicos. Wieland será por consiguiente, una deidad de los artistas y artesanos del hierro y la forja.
Teo Rodriguez
domingo, 10 de octubre de 2010
Nuevo capitulo sobre la religión goda. El poder de las palabras
La religión o mejor dicho el ambiente ritual que se crea durante alguna ceremonia, ha de ser propicio para que nuestro otro yo espiritual, encuentre una conexión fuerte que separe el alma del Ufargauta con el mundo que le rodea. Entrando de esa forma y desde un punto de vista místico simbólico, en el mundo de los dioses.
Para facilitar esa concentración o esa espiritualidad, se han de crear unas condiciones adecuadas ambientales. Parte de esa fuerza espiritual ambiental se crea por medio de las oraciones, rezos, y por supuesto lengua o idioma.
Afortunadamente para los descendientes de los viejos godos, hoy en día se puede estudiar con una relativa certeza la lengua de los godos. Todo gracias a la Biblia del obispo Ulfilas. En dicho libro, escrito en lengua goda, se pueden entender fonéticamente y lingüísticamente algunas de las cientos de palabras salidas del vocabulario godo. La utilización de esas palabras en momentos determinados, potencia la fuerza de la frase o momento, creando un ambiente especial en el que fomentar nuestro mensaje. Creando por unos instantes, un puente mágico y simbólico entre los antiguos baltingos con el lugar, momento y gente que hoy pronuncia sus nombres.
Así pues, que el Ufargauta y los asistentes a las ceremonias, cierren determinados momentos rituales, gritando al unísono Wulþus Gautúr (Gracias Gautur) o Hauheins Gautúr (Honor gautur). No solo es recomendable, sino que se hace casi necesario para conseguir una potenciación mística del momento.
A continuación ofrecemos un diccionario godo castellano, donde nuestros lectores podrán adoptar las palabras del viejo idioma godo. Buscando de esta forma las que mas les gusten para cada momento del ritual.
Para facilitar esa concentración o esa espiritualidad, se han de crear unas condiciones adecuadas ambientales. Parte de esa fuerza espiritual ambiental se crea por medio de las oraciones, rezos, y por supuesto lengua o idioma.
Afortunadamente para los descendientes de los viejos godos, hoy en día se puede estudiar con una relativa certeza la lengua de los godos. Todo gracias a la Biblia del obispo Ulfilas. En dicho libro, escrito en lengua goda, se pueden entender fonéticamente y lingüísticamente algunas de las cientos de palabras salidas del vocabulario godo. La utilización de esas palabras en momentos determinados, potencia la fuerza de la frase o momento, creando un ambiente especial en el que fomentar nuestro mensaje. Creando por unos instantes, un puente mágico y simbólico entre los antiguos baltingos con el lugar, momento y gente que hoy pronuncia sus nombres.
Así pues, que el Ufargauta y los asistentes a las ceremonias, cierren determinados momentos rituales, gritando al unísono Wulþus Gautúr (Gracias Gautur) o Hauheins Gautúr (Honor gautur). No solo es recomendable, sino que se hace casi necesario para conseguir una potenciación mística del momento.
A continuación ofrecemos un diccionario godo castellano, donde nuestros lectores podrán adoptar las palabras del viejo idioma godo. Buscando de esta forma las que mas les gusten para cada momento del ritual.
Teo Rodriguez
lunes, 4 de octubre de 2010
Los hunos aliados de los godos en Tracia
Amiano menciona a los hunos y alanos tomando parte junto con los godos en los saqueos tras esta gran derrota romana. Sin duda, no se separaron después de romper el cerco en los montes Haemus. Y debido a que no hubo muchos supervivientes para contarlo, Thompson piensa que quizá el ataque por la caballería fue encabezado por los hunos, pero Maenchen- Helfen rechaza tajantamente esta suposición. A pesar de esta gran victoria, el principal problema de los bárbaros seguía siendo la falta de víveres. Y, debido a su malnutrición fueron las víctimas propicias de las grandes epidemias de peste. Tan grande fue la destrucción de los cultivos, ganados y hombres que hasta las ciudades y aldeas no directamente involucradas en las luchas comenzaron a sufrir hambre. Después de Adrianópolis numerosos grupos de visigodos se vieron forzados a unirse al ejército romano para poder comer.
El Imperio romano estaba muy afectado tras la derrota de Adrianópolis y la muerte de Valente y son numerosos los autores que «veían en los hunos los heraldos del fin del mundo o el instrumento de la cólera divina (...) que por un lado, debilitaba el poderío romano y también a la cristiandad, y, por otro, había determinado la muerte del emperador (convertido al arrianismo)castigando así a un hereje». Roma estaba en peligro y el fin del mundo parecía estar cerca.
«No sólo era aterrador el peligro huno sino que además la peste, la carestía y el hambre se extendían por todas partes. Lo que hace decir a San Ambrosio que estaba llegando el momento, ya presagiado por los profetas, en el que había que 'congratularse con los muertos y compadecerse de los vivos'.».
El retraso de Graciano en acudir en ayuda de Valente puede explicarse por el hecho de que se detuvieron para luchar contra los pueblos que los mismos hunos habían empujado hacia Pannonia y, quizá, contra los hunos. Ambrosio escribió en el 378: «Hemos oído que a lo largo de la frontera, desde Tracia, Dacia ripensis, Moesia y Valeria hay una invasión de predicadores blasfemos y bárbaros.» Más tarde dice: «Los hunos cayeron sobre los alanos, los alanos sobre los godos, los godos (los visigodos de Atanarico que no se habían unido a Fritigemo) sobre los taifali y sármatas: los godos, exiliados de su patria, nos hicieron exiliados en Illiricum, y todavía no ha llegado el En esta misma línea Pacato (XI, 4) escribió, «Lo que los godos devastan, los hunos lo saquean, los alanos se lo llevan, Arcadio luego lo echará de menos».
En diciembre del año 378, el general Teodosio, entonces en España, fue llamado, y derrotó a los invasores. finales de este año en Trier, Ausonio recibió noticias de grandes victorias romanas sobre los bárbaros (y a finales del año siguiente, exaltará a Graciano por haber pacificado las fronteras del Rhin y del Danubio «en un solo año»). Sin embargo, estas victorias no eran tan decisivas como parecían en aquel momento.
Extracto del libro – Los Alanos
El Imperio romano estaba muy afectado tras la derrota de Adrianópolis y la muerte de Valente y son numerosos los autores que «veían en los hunos los heraldos del fin del mundo o el instrumento de la cólera divina (...) que por un lado, debilitaba el poderío romano y también a la cristiandad, y, por otro, había determinado la muerte del emperador (convertido al arrianismo)castigando así a un hereje». Roma estaba en peligro y el fin del mundo parecía estar cerca.
«No sólo era aterrador el peligro huno sino que además la peste, la carestía y el hambre se extendían por todas partes. Lo que hace decir a San Ambrosio que estaba llegando el momento, ya presagiado por los profetas, en el que había que 'congratularse con los muertos y compadecerse de los vivos'.».
El retraso de Graciano en acudir en ayuda de Valente puede explicarse por el hecho de que se detuvieron para luchar contra los pueblos que los mismos hunos habían empujado hacia Pannonia y, quizá, contra los hunos. Ambrosio escribió en el 378: «Hemos oído que a lo largo de la frontera, desde Tracia, Dacia ripensis, Moesia y Valeria hay una invasión de predicadores blasfemos y bárbaros.» Más tarde dice: «Los hunos cayeron sobre los alanos, los alanos sobre los godos, los godos (los visigodos de Atanarico que no se habían unido a Fritigemo) sobre los taifali y sármatas: los godos, exiliados de su patria, nos hicieron exiliados en Illiricum, y todavía no ha llegado el En esta misma línea Pacato (XI, 4) escribió, «Lo que los godos devastan, los hunos lo saquean, los alanos se lo llevan, Arcadio luego lo echará de menos».
En diciembre del año 378, el general Teodosio, entonces en España, fue llamado, y derrotó a los invasores. finales de este año en Trier, Ausonio recibió noticias de grandes victorias romanas sobre los bárbaros (y a finales del año siguiente, exaltará a Graciano por haber pacificado las fronteras del Rhin y del Danubio «en un solo año»). Sin embargo, estas victorias no eran tan decisivas como parecían en aquel momento.
Extracto del libro – Los Alanos
domingo, 3 de octubre de 2010
Así fueron los alanos

Los alanos son generalmente altos y hermosos, teniendo los cabellos casi todos rubios. Su mirada antes es marcial que feroz, no cediendo a los hunos en la rapidez del ataque y carácter belicoso: pero están más civilizados en su manera de vestirse y alimentarse. El goce que los caracteres pacíficos y tranquilos encuentran en el reposo, lo hacen ellos consistir en los peligros y la guerra. Para los alanos el honor supremo es perder la vida en el campo de batalla. Morir de vejez o de accidente es un oprobio para el que no tienen bastantes ultrajes, y matar un hombre es heroísmo nunca bien celebrado. El trofeo más glorioso es la cabellera del enemigo, sirviendo de adorno al caballo del vencedor. Los débiles por edad o sexo se ocupan, fuera y en derredor de los carros, de las cosas que no exigen fuerza corporal. Pero los hombres robustos, avezados desde la infancia en la equitación, consideran deshonroso servirse de los pies. La guerra no tiene accidentes en que no hayan hecho riguroso aprendizaje: por eso son excelentes soldados. Si los persas son guerreros por naturaleza, lo deben a que originasiamente circuló por sus venas la sangre escita.
Entre ellos la religión no tiene templo ni edificio, ni siquiera un santuario cubierto de paja. Una espada desnuda, clavada en el suelo, es el emblema de Marte, o mejor dicho, del dios de la guerra, la divinidad suprema y altar de su bárbara devoción.
Entre ellos la religión no tiene templo ni edificio, ni siquiera un santuario cubierto de paja. Una espada desnuda, clavada en el suelo, es el emblema de Marte, o mejor dicho, del dios de la guerra, la divinidad suprema y altar de su bárbara devoción.
Amiano Marcelino
sábado, 28 de agosto de 2010
Sobre los cantos paganos en los funerales godos
Los cánticos en los funerales paganos fueron prohibidos solo en los Concilios de Toledo en el siglo VI, ya durante el establecimiento el reino Godo de Hispania, pero es posible que fueran sustituidos por los salmos cantados (psalmon), que fueron oídos mas y mas frecuentemente en los entierros Godos (usfilh, gafilh), como parte de esa incorporación al cristianismo de los ritos paganos seculares godos, ahora practicados dentro del cristianismo
Christianity and Germanic Religious Beliefs
Christianity and Germanic Religious Beliefs
lunes, 23 de agosto de 2010
La España visigoda - Cultura
El Reino de España siguió siendo, como durante el Bajo Imperio, un foco cultural de primer orden en Europa.
Hidacio y Orosio fueron los más sabios de su época.
Se fundaron nuevos monasterios que prosiguieron la labor evangelizadora.
Las sedes episcopales organizaron escuelas y se convirtieron en focos de cultura.
San Isidoro, obispo de Sevilla, fue reconocido como el más sabio de su tiempo. Escribió innumerables obras. "Las Etimologías" resume las ciencias y los conocimientos de la cultura clásica, fue traducida por Alfonso X el Sabio. También escribió: ”Historia visigothorum, sueborum, vandalorum”, “Chrónica, y “De Virus illustribus”. En sus obras se recogen el "trivium" y el "cuadrivium", división de los estudios de la Antigüedad clásica y que pasó a la enseñanza durante la Edad Media.
Cabe destacar, por la importancia de las obras conservadas, entre otros: San Leandro de Sevilla. Martín de Braga. Braulio de Zaragoza. Julián y Eugenio de Toledo. Fructuosos de Braga, Valerio del Bierzo.
La influencia cultural gótica en la formación de España como nación y Estado fue enorme. Los vestidos visigodos, como el pantalón, la camisa y los zapatos, sustituyeron los vestidos talares romanos e ibéricos y las sandalias. Los balcones y voladizos en las casas los introdujeron los godos. Las reglas armónicas de la música son godas. Nuestro concepto del honor es godo, así como gran parte de nuestra ética. La lengua española está impregnada en su vocabulario, fonética y léxico de palabras góticas. Son palabras góticas: zapato, gorro, galones, templado, daga, machete, garbo, estribo, trampa, trepar, rango, banda, bandera, ganado, heno, Galindo, Gutiérrez (hijo de godo), Godoy, Jiménez, Rico etc. Los españoles somos godos, tanto es así que todavía hoy día a los peninsulares se les llama en las islas Canarias godos.
La filóloga Jurate Rosales ha demostrado que la lengua Castellana o Español en la forma de hablar el Latín vulgar los godos (bálticos). Se comprueba en las diptongaciones de la o, a, e largas, en la pérdida de la f inicial, en la palatización de las silabas latinas ki y ti, en el cambio de la k latina por la g española, en la terminación ez de los patronímicos, en la ausencia de t en la terminación de la tercera persona del plural, cambios que son similares a los de las lenguas bálticas.
Esta memoria histórica se conserva muy viva en la Edad Media, tanto es así, que en el año 1073, el prusiano Adán de Bremen, escribía que llegaban a la isla de Curlandia, peregrinos godos de Espanna (nn: ñ) y Grecia
Por Javier Albert Gutiérrez, profesor de Historia.
Hidacio y Orosio fueron los más sabios de su época.
Se fundaron nuevos monasterios que prosiguieron la labor evangelizadora.
Las sedes episcopales organizaron escuelas y se convirtieron en focos de cultura.
San Isidoro, obispo de Sevilla, fue reconocido como el más sabio de su tiempo. Escribió innumerables obras. "Las Etimologías" resume las ciencias y los conocimientos de la cultura clásica, fue traducida por Alfonso X el Sabio. También escribió: ”Historia visigothorum, sueborum, vandalorum”, “Chrónica, y “De Virus illustribus”. En sus obras se recogen el "trivium" y el "cuadrivium", división de los estudios de la Antigüedad clásica y que pasó a la enseñanza durante la Edad Media.
Cabe destacar, por la importancia de las obras conservadas, entre otros: San Leandro de Sevilla. Martín de Braga. Braulio de Zaragoza. Julián y Eugenio de Toledo. Fructuosos de Braga, Valerio del Bierzo.
La influencia cultural gótica en la formación de España como nación y Estado fue enorme. Los vestidos visigodos, como el pantalón, la camisa y los zapatos, sustituyeron los vestidos talares romanos e ibéricos y las sandalias. Los balcones y voladizos en las casas los introdujeron los godos. Las reglas armónicas de la música son godas. Nuestro concepto del honor es godo, así como gran parte de nuestra ética. La lengua española está impregnada en su vocabulario, fonética y léxico de palabras góticas. Son palabras góticas: zapato, gorro, galones, templado, daga, machete, garbo, estribo, trampa, trepar, rango, banda, bandera, ganado, heno, Galindo, Gutiérrez (hijo de godo), Godoy, Jiménez, Rico etc. Los españoles somos godos, tanto es así que todavía hoy día a los peninsulares se les llama en las islas Canarias godos.
La filóloga Jurate Rosales ha demostrado que la lengua Castellana o Español en la forma de hablar el Latín vulgar los godos (bálticos). Se comprueba en las diptongaciones de la o, a, e largas, en la pérdida de la f inicial, en la palatización de las silabas latinas ki y ti, en el cambio de la k latina por la g española, en la terminación ez de los patronímicos, en la ausencia de t en la terminación de la tercera persona del plural, cambios que son similares a los de las lenguas bálticas.
Esta memoria histórica se conserva muy viva en la Edad Media, tanto es así, que en el año 1073, el prusiano Adán de Bremen, escribía que llegaban a la isla de Curlandia, peregrinos godos de Espanna (nn: ñ) y Grecia
Por Javier Albert Gutiérrez, profesor de Historia.
Nueva Gothia Blogspot

martes, 17 de agosto de 2010
Los comienzos de la conquista de Hispania: La batalla del río Orbigo (456)
El punto de arranque de esta campaña hay que buscarlo en dos hechos de suma importancia acaecidos en el siglo V: la elección con el apoyo de los visigodos de Marco Flavio Maecilio Aviti como emperador de Occidente el 9 de Julio de 455 – tras el asesinato de Valentiniano III y Aecio – y la campaña de expansión de los suevos de la mano de su rey Reckiario – yerno de Teodorico I – en Hispani. Respecto al primero de ellos, fue el monarca visigodo Teodorico II – hijo de Teodorico I y asesino de su hermano Turismundo – el que convenció al noble galoromano para que aceptara la corona imperial, entonces vacante. Las palabras del monarca visigodo, según Sidonio Apolinar, fueron:
“Es preciso que proclames Augusto. A nadie privas del Imperio; pues no esta en mano de nadie. Si tú te pones al frente de los destinos de Roma, ésta puede contar con mi amistad; si tú te proclamas príncipe, yo seré tu soldado.
Es imprescindible que el orbe se ponga a tus ordenes, si no quieres perecer”.
Es difícil conocer las razones que empujaron al monarca visigodo a adoptar esta decisión, pero está claro que su amistad con Avito era autentica y su lealtad al nuevo emperador indiscutible. Esto queda patente en el hecho de que renuncio a su expansión mas allá del Loira con objeto de proteger a su nuevo aliado. Igualmente, podemos decir que el culto Avito, que había enseñado al monarca visigodo el Latín, se comporto de la misma manera con su aliado, permitiéndole entrar en Arles, por la que con infatigable tesón había luchado sus predecesores.
Esta amistad explica en parte la actitud del monarca visigodo ante el segundo hecho decisivo que hemos citado: la política expansiva de Reckiario. Decimos en parte porque si la alianza con Avito explica el hecho de que en la campaña contra los suevos los visigodos iban a actuar como tropas imperiales, también lo es que, desde Ataulfo, los monarcas visigodos habían puesto sus ojos en Hispania. Un ejemplo de ello lo tenemos en el 454, cuando Teodorico II y su hermano Federico (fratricida como el), habían intervenido ya en la Tarraconense contra las bagaudas. Coalición formada por campesinos empobrecidos y algunos pueblos germanos y no germanos, como los vascones. Que sembraron la anarquía en la Galia e Hispania durante el siglo V. Es muy posible que ya entonces el monarca visigodo pensase en la formación de un reino en la Galia e Hispania que tuviera como espina dorsal los Pirineos. Si esta era la idea de Teodorico II, los suevos le iban a dar una excelente excusa para llevarla a cabo.
Reckiario era rey desde el año 445. Convertido al catolicismo en el 448, inicio entonces una política de expansión en toda Hispania que le llevó a controlar la mayor parte de ella hacia el año 450. Sin embargo, ni su pueblo, ni el mismo estaban a la altura de sus ambiciones. El pueblo suevo, según Osorio, habían tornado sus espadas por arados y, además, según Reinhart, no debían de sumar en su totalidad, mas de 30.000 personas, de las que solo 8.000 eran guerreros; en cuanto a su rey, Torres Rodríguez nos lo describe como:
“criado en un ambiente de mimoso triunfalismo, mas audaz que previsor; animoso si y hazañoso, pero con mas percusión que fortaleza y mas osadía que valentía”
Esta suma no era, desde luego, la mejor de las recetas para moverse en la Europa del siglo V, donde hombres inteligentes, codiciosos, aventureros y heroicos, trataban de hacerse con los despojos del imperio Romano.
Tras la batalla de los campos Catalaunicos y la consiguiente recuperación del poder imperial, Reckiario se vio obligado a firmar un tratado con los romanos en el 453 por el que devolvía las conquistas realizadas, convirtiéndose en aliado del Imperio. Pero en el 456, considerando la autoridad de Roma debilitada, Reckiario atacó la Cartaginense, provincia que había devuelto a Roma en el tratado de 453. Ante este hecho, Avito, como cabeza del Imperio Romano de Occidente, y Teodorico II, como su fiel aliado, enviaron una embajada al rey suevo, presidida por el conde Frontón, el mismo que había firmado el tratado del 453 con Reckiario.
La actitud del rey suevo ante la comisión imperial fue despectiva, amenazando incluso con atacar Tolosa. Esta era la excusa que necesitaba un personaje tan frío y calculador como Teodorico II para emprender una campaña contra él.
En primer lugar, envió una flota con siete barcos y unos 400 guerreros hérulos a la costa de Lugo, con objeto de sembrar la alarma en la retaguardia enemiga, evitando que los suevos cruzaran los Pirineos y avanzaran hacia Tolosa. Las fuerzas de Teodorico II fueron rechazadas por los suevos, aunque solo sufrieron dos bajas.
Mientras estas fuerzas atacaban la retaguardia sueva, el monarca visigodo entraba en contacto con francos y burgundios, no solo para reforzar su ejercito, sino también con objeto de evitar un ataque por la espalda. Además reforzó su ejercito con hérulos y varnos, como explica Jordanes. Una vez que tuvo sus fuerzas listas, y consciente de su superioridad, como indica Torres Rodríguez, envió una nueva embajada, portadora de un ultimátum a Reckiario. El monarca suevo contesto con una nueva campaña de pillaje en la Tarraconense. Ante esta actitud de Reckiario, Teodorico II se puso en marcha con su ejercito. San Isidoro escribió que Teodorico II
“Partiendo de Aquitania entra en Hispania con un gran ejercito y con el consentimiento del emperador Avito”
En apariencia, esta expedición tenia por objeto cumplir las ordenes del emperador contra el desleal monarca suevo, pero el verdadero propósito del visigodo era expansionar su reino en Hispania.
Desde Aquitania, el ejercito godo pasó los Pirineos y penetro en Hispania. Teodorico II tuvo gran cuidado de atravesar lo mas rápidamente posible la tarraconense, una provincia romana, con objeto de que no se le pudiese acusar de intentar conquistar territorio imperial.
El monarca godo era consciente de que era arriano, mientras la inmensa mayoría de la población hispanoromana era católica, como también lo eran los suevos. Teodorico II era lo suficientemente inteligente como para pensar que, dado el odio que los católicos sentían por los arrianos, si existía la mas mínima sospecha de que pretendían apoderarse de Hispania, la población de este territorio podía unirse a Reckiario, constituyendo asu un enemigo formidable. De ahí que en ningún momento dejara de advertir que actuaba para restablecer el poder imperial violado por los suevos.
La ruta que siguió, por tanto, fue cruzar los Pirineos por Roncesvalles y, siguiendo la vía romana, pasó por Pamplona y Briviesca, desde donde marcho a Astorga (León), ciudad en la que Reckiario tenia su base de operaciones.
Durante esta marcha las tropas godas no encontraron resistencia hasta que llegaron a las inmediaciones del río Orbigo, a 12 millas de Astorga, allí les esperaba el ejercito de Reckiario, que había iniciado una marcha apresurada desde la Tarraconense, donde se hallaba realizando la campaña de pillaje anteriormente citada.
La batalla tuvo lugar el 5 de Octubre del año 456. Conocemos su localización gracias a las obras de Jordanes e Hidacio, el gran cronista de los suevos. Sin embargo sabemos muy poco del desarrollo de la misma. Torres Rodríguez afirma que los ejércitos de ambos contendientes eran similares en numero, pero con importantes diferencias cualitativas. Los godos eran superiores en numero y fiereza, en caballería, armamento, instrucción, experiencia bélica y disciplina. Eran los mismos hombres que cinco años antes habían destrozado al ejercito del temido Atila. Por el contrario los suevos eran mas depredadores que fierons luchadores. Su ejercito se componía fundamentalmente de infantería, mal equipada y peor entrenada. La cual no había mantenido grandes luchas ni gestas desde hacia muchos años. Mas acostumbrada a saquear granjas de campesinos y esclavas, que a luchar contra fuertes ejércitos de hombres curtidos en la guerra.
Poseían algunas fuerzas de caballería montadas en pequeños y veloces caballos, pero no habituadas a la lucha contra unidades similares y dotadas de escasa instrucción. En estas condiciones, la batalla tenia ya antes de comenzar un solo resultado posible : la victoria de Teodorico II.
La lucha debió de ser frontal, según el historiador anteriormente citado, sin ninguna celada, estratagema o maniobra táctica. Parece ser que la resistencia de las tropas suevas se quebró ante la primera carga de la caballería goda. Primero lanzaron sus armas arrojadizas y a continuación acometieron con sus lanzas y espadas. Uno de los dardos alcanzó al propio Reckiario, que tuvo que ser retirado del campo de batalla y trasladado a Braga. Mientras esto ocurría, sus hombres fueron diezmados por los gardingos godos. Las bajas de los suevos fueron entonces enormes, auque un grupo numeroso de ellos, la mayoría a caballo, pudo huir en dirección Braga, dejando a sus compañeros en el campo de batalla.
Esta victoria de las tropas visigodas suponía el fin de toda posibilidad de dominio suevo en Hispania, y el comienzo del asentamiento de los visigodos en ella. San Isidoro lo explica con una frase significativa
“ Y allí (Hispania) fijaron su hogar y su imperio los visigodos”
Sin embargo Teodorico II no se conformaba con haber derrotado al ejercito suevo en la actual provincia de León, sino que estaba dispuesto a asentarse en Hispania, y para ello era necesario acabar con el poder de cualquier pueblo rival.
Roma, de la que era aliado, y como tal seguía actuando, no constituía ya ningún peligro, pues el poder imperial se desmoronaba. Pero Reckiario y las escasas tropas que aun disponía si. Por eso, tras dejar una guarnición en Astorga y avituallar a su ejercito, se encamino hacia Braga. Su objetivo era aniquilar el reino de los suevos.
El 27 de Octubre llegó a la citada ciudad. En ella no se encontraba Reckiario, que había huido con unos pocos partidarios hacia Oporto. Tras saquear Braga, especialmente los edificios de la iglesia católica que tanto había apoyado la causa del rey suevo, se encamino en dirección Oporto. Al enterarse de esto, Reckiario trato de huir nuevamente. Esta vez por mar hacia Italia, donde podría unirse a su compatriota Recimero, entonces magíster militum de Italia.
Aunque consiguió embarcar, una borrasca le obligo a regresar a su punto de partida, donde, hecho prisionero, fue entregado a Teodorico II. El monarca visigodo ordeno que fuera degollado. Terminaba así la aventura de un rey cuyos sueños de grandeza no se ajustaban ni a la capacidad militar de su pueblo ni a sus propias virtudes políticas. Pero al contrario de lo que podría suponerse por la aplastante victoria de los godos, su trono no desapareció. Sino que iba a durar un siglo y cuarto mas, aunque como un autentico protectorado de los visigodos y limitado a la región montañosa de Galicia.
Por su parte, Teodorico II, tras la destitución y muerte de Avito en Septiembre del 456, continuo su política de expansión por Hispania. En este sentido, San Isidoro escribe:
“Teodorico marcha victorioso de Galicia a Lusitania y, cuando pensaba depredar la ciudad de Mérida, retrocede aterrado ante los milagros de la beatísima mártir Eulalia. Seguidamente, asustado por noticias adversas, sale de Mérida y se dirige a las Galias, enviando de nuevo a las regiones gallegas parte de su ejercito con sus generales, quienes, tras saquear la región de Astorga, regresan otra vez a las Galias.”
Esta política del rey visigodo fue posible gracias al triunfo de la batalla del rio Orbigo. Torres Rodríguez ha plasmado perfectamente el significado de este hecho en el siguiente parrafo:
“(..) de lo que no cabe la menor duda es de que Teodorico II, con la victoria en el rio Orbigo, el saqueo de Braga y la ejecución de Reckiario y de sus consejeros. Habia arrebatado a los suevos la bandera del dominio nacional de España. Sus objetivos inmediatos fueron la incorporación de la lusitania y de la Betica al reino visigodo, los cuales tuvo la fortuna de ver logrados antes de terminar sus dias. La definitiva eliminación del reino suevo y la conquista del resto de España habia de ser tarea larga, reservada a sus sucesores”
Roberto Muñoz – El ejercito visigodo desde sus origenes a la batalla de Guadalete –
“Es preciso que proclames Augusto. A nadie privas del Imperio; pues no esta en mano de nadie. Si tú te pones al frente de los destinos de Roma, ésta puede contar con mi amistad; si tú te proclamas príncipe, yo seré tu soldado.
Es imprescindible que el orbe se ponga a tus ordenes, si no quieres perecer”.
Es difícil conocer las razones que empujaron al monarca visigodo a adoptar esta decisión, pero está claro que su amistad con Avito era autentica y su lealtad al nuevo emperador indiscutible. Esto queda patente en el hecho de que renuncio a su expansión mas allá del Loira con objeto de proteger a su nuevo aliado. Igualmente, podemos decir que el culto Avito, que había enseñado al monarca visigodo el Latín, se comporto de la misma manera con su aliado, permitiéndole entrar en Arles, por la que con infatigable tesón había luchado sus predecesores.
Esta amistad explica en parte la actitud del monarca visigodo ante el segundo hecho decisivo que hemos citado: la política expansiva de Reckiario. Decimos en parte porque si la alianza con Avito explica el hecho de que en la campaña contra los suevos los visigodos iban a actuar como tropas imperiales, también lo es que, desde Ataulfo, los monarcas visigodos habían puesto sus ojos en Hispania. Un ejemplo de ello lo tenemos en el 454, cuando Teodorico II y su hermano Federico (fratricida como el), habían intervenido ya en la Tarraconense contra las bagaudas. Coalición formada por campesinos empobrecidos y algunos pueblos germanos y no germanos, como los vascones. Que sembraron la anarquía en la Galia e Hispania durante el siglo V. Es muy posible que ya entonces el monarca visigodo pensase en la formación de un reino en la Galia e Hispania que tuviera como espina dorsal los Pirineos. Si esta era la idea de Teodorico II, los suevos le iban a dar una excelente excusa para llevarla a cabo.
Reckiario era rey desde el año 445. Convertido al catolicismo en el 448, inicio entonces una política de expansión en toda Hispania que le llevó a controlar la mayor parte de ella hacia el año 450. Sin embargo, ni su pueblo, ni el mismo estaban a la altura de sus ambiciones. El pueblo suevo, según Osorio, habían tornado sus espadas por arados y, además, según Reinhart, no debían de sumar en su totalidad, mas de 30.000 personas, de las que solo 8.000 eran guerreros; en cuanto a su rey, Torres Rodríguez nos lo describe como:
“criado en un ambiente de mimoso triunfalismo, mas audaz que previsor; animoso si y hazañoso, pero con mas percusión que fortaleza y mas osadía que valentía”
Esta suma no era, desde luego, la mejor de las recetas para moverse en la Europa del siglo V, donde hombres inteligentes, codiciosos, aventureros y heroicos, trataban de hacerse con los despojos del imperio Romano.
Tras la batalla de los campos Catalaunicos y la consiguiente recuperación del poder imperial, Reckiario se vio obligado a firmar un tratado con los romanos en el 453 por el que devolvía las conquistas realizadas, convirtiéndose en aliado del Imperio. Pero en el 456, considerando la autoridad de Roma debilitada, Reckiario atacó la Cartaginense, provincia que había devuelto a Roma en el tratado de 453. Ante este hecho, Avito, como cabeza del Imperio Romano de Occidente, y Teodorico II, como su fiel aliado, enviaron una embajada al rey suevo, presidida por el conde Frontón, el mismo que había firmado el tratado del 453 con Reckiario.
La actitud del rey suevo ante la comisión imperial fue despectiva, amenazando incluso con atacar Tolosa. Esta era la excusa que necesitaba un personaje tan frío y calculador como Teodorico II para emprender una campaña contra él.
En primer lugar, envió una flota con siete barcos y unos 400 guerreros hérulos a la costa de Lugo, con objeto de sembrar la alarma en la retaguardia enemiga, evitando que los suevos cruzaran los Pirineos y avanzaran hacia Tolosa. Las fuerzas de Teodorico II fueron rechazadas por los suevos, aunque solo sufrieron dos bajas.
Mientras estas fuerzas atacaban la retaguardia sueva, el monarca visigodo entraba en contacto con francos y burgundios, no solo para reforzar su ejercito, sino también con objeto de evitar un ataque por la espalda. Además reforzó su ejercito con hérulos y varnos, como explica Jordanes. Una vez que tuvo sus fuerzas listas, y consciente de su superioridad, como indica Torres Rodríguez, envió una nueva embajada, portadora de un ultimátum a Reckiario. El monarca suevo contesto con una nueva campaña de pillaje en la Tarraconense. Ante esta actitud de Reckiario, Teodorico II se puso en marcha con su ejercito. San Isidoro escribió que Teodorico II
“Partiendo de Aquitania entra en Hispania con un gran ejercito y con el consentimiento del emperador Avito”
En apariencia, esta expedición tenia por objeto cumplir las ordenes del emperador contra el desleal monarca suevo, pero el verdadero propósito del visigodo era expansionar su reino en Hispania.
Desde Aquitania, el ejercito godo pasó los Pirineos y penetro en Hispania. Teodorico II tuvo gran cuidado de atravesar lo mas rápidamente posible la tarraconense, una provincia romana, con objeto de que no se le pudiese acusar de intentar conquistar territorio imperial.
El monarca godo era consciente de que era arriano, mientras la inmensa mayoría de la población hispanoromana era católica, como también lo eran los suevos. Teodorico II era lo suficientemente inteligente como para pensar que, dado el odio que los católicos sentían por los arrianos, si existía la mas mínima sospecha de que pretendían apoderarse de Hispania, la población de este territorio podía unirse a Reckiario, constituyendo asu un enemigo formidable. De ahí que en ningún momento dejara de advertir que actuaba para restablecer el poder imperial violado por los suevos.
La ruta que siguió, por tanto, fue cruzar los Pirineos por Roncesvalles y, siguiendo la vía romana, pasó por Pamplona y Briviesca, desde donde marcho a Astorga (León), ciudad en la que Reckiario tenia su base de operaciones.
Durante esta marcha las tropas godas no encontraron resistencia hasta que llegaron a las inmediaciones del río Orbigo, a 12 millas de Astorga, allí les esperaba el ejercito de Reckiario, que había iniciado una marcha apresurada desde la Tarraconense, donde se hallaba realizando la campaña de pillaje anteriormente citada.
La batalla tuvo lugar el 5 de Octubre del año 456. Conocemos su localización gracias a las obras de Jordanes e Hidacio, el gran cronista de los suevos. Sin embargo sabemos muy poco del desarrollo de la misma. Torres Rodríguez afirma que los ejércitos de ambos contendientes eran similares en numero, pero con importantes diferencias cualitativas. Los godos eran superiores en numero y fiereza, en caballería, armamento, instrucción, experiencia bélica y disciplina. Eran los mismos hombres que cinco años antes habían destrozado al ejercito del temido Atila. Por el contrario los suevos eran mas depredadores que fierons luchadores. Su ejercito se componía fundamentalmente de infantería, mal equipada y peor entrenada. La cual no había mantenido grandes luchas ni gestas desde hacia muchos años. Mas acostumbrada a saquear granjas de campesinos y esclavas, que a luchar contra fuertes ejércitos de hombres curtidos en la guerra.
Poseían algunas fuerzas de caballería montadas en pequeños y veloces caballos, pero no habituadas a la lucha contra unidades similares y dotadas de escasa instrucción. En estas condiciones, la batalla tenia ya antes de comenzar un solo resultado posible : la victoria de Teodorico II.
La lucha debió de ser frontal, según el historiador anteriormente citado, sin ninguna celada, estratagema o maniobra táctica. Parece ser que la resistencia de las tropas suevas se quebró ante la primera carga de la caballería goda. Primero lanzaron sus armas arrojadizas y a continuación acometieron con sus lanzas y espadas. Uno de los dardos alcanzó al propio Reckiario, que tuvo que ser retirado del campo de batalla y trasladado a Braga. Mientras esto ocurría, sus hombres fueron diezmados por los gardingos godos. Las bajas de los suevos fueron entonces enormes, auque un grupo numeroso de ellos, la mayoría a caballo, pudo huir en dirección Braga, dejando a sus compañeros en el campo de batalla.
Esta victoria de las tropas visigodas suponía el fin de toda posibilidad de dominio suevo en Hispania, y el comienzo del asentamiento de los visigodos en ella. San Isidoro lo explica con una frase significativa
“ Y allí (Hispania) fijaron su hogar y su imperio los visigodos”
Sin embargo Teodorico II no se conformaba con haber derrotado al ejercito suevo en la actual provincia de León, sino que estaba dispuesto a asentarse en Hispania, y para ello era necesario acabar con el poder de cualquier pueblo rival.
Roma, de la que era aliado, y como tal seguía actuando, no constituía ya ningún peligro, pues el poder imperial se desmoronaba. Pero Reckiario y las escasas tropas que aun disponía si. Por eso, tras dejar una guarnición en Astorga y avituallar a su ejercito, se encamino hacia Braga. Su objetivo era aniquilar el reino de los suevos.
El 27 de Octubre llegó a la citada ciudad. En ella no se encontraba Reckiario, que había huido con unos pocos partidarios hacia Oporto. Tras saquear Braga, especialmente los edificios de la iglesia católica que tanto había apoyado la causa del rey suevo, se encamino en dirección Oporto. Al enterarse de esto, Reckiario trato de huir nuevamente. Esta vez por mar hacia Italia, donde podría unirse a su compatriota Recimero, entonces magíster militum de Italia.
Aunque consiguió embarcar, una borrasca le obligo a regresar a su punto de partida, donde, hecho prisionero, fue entregado a Teodorico II. El monarca visigodo ordeno que fuera degollado. Terminaba así la aventura de un rey cuyos sueños de grandeza no se ajustaban ni a la capacidad militar de su pueblo ni a sus propias virtudes políticas. Pero al contrario de lo que podría suponerse por la aplastante victoria de los godos, su trono no desapareció. Sino que iba a durar un siglo y cuarto mas, aunque como un autentico protectorado de los visigodos y limitado a la región montañosa de Galicia.
Por su parte, Teodorico II, tras la destitución y muerte de Avito en Septiembre del 456, continuo su política de expansión por Hispania. En este sentido, San Isidoro escribe:
“Teodorico marcha victorioso de Galicia a Lusitania y, cuando pensaba depredar la ciudad de Mérida, retrocede aterrado ante los milagros de la beatísima mártir Eulalia. Seguidamente, asustado por noticias adversas, sale de Mérida y se dirige a las Galias, enviando de nuevo a las regiones gallegas parte de su ejercito con sus generales, quienes, tras saquear la región de Astorga, regresan otra vez a las Galias.”
Esta política del rey visigodo fue posible gracias al triunfo de la batalla del rio Orbigo. Torres Rodríguez ha plasmado perfectamente el significado de este hecho en el siguiente parrafo:
“(..) de lo que no cabe la menor duda es de que Teodorico II, con la victoria en el rio Orbigo, el saqueo de Braga y la ejecución de Reckiario y de sus consejeros. Habia arrebatado a los suevos la bandera del dominio nacional de España. Sus objetivos inmediatos fueron la incorporación de la lusitania y de la Betica al reino visigodo, los cuales tuvo la fortuna de ver logrados antes de terminar sus dias. La definitiva eliminación del reino suevo y la conquista del resto de España habia de ser tarea larga, reservada a sus sucesores”
Roberto Muñoz – El ejercito visigodo desde sus origenes a la batalla de Guadalete –
sábado, 14 de agosto de 2010
Las luchas contra los vascones
Los vascones, aparecen en la historia militar, como bien indica Garate Córdoba, en la segunda guerra punica, formando primero parte de los ejércitos cartagineses y, mas tarde, de los romanos. Pueblo duro, indómito y pobre, soportan muy bien la dominación romana, tal vez porque necesitaban su ayuda contra los cantabros y astures (celtas), sus enemigos seculares. Esta lealtad a Roma les llevo a formar parte de la guardia personal de Octavio Augusto, como estudio García Bellido. Mas tarde, tras la derrota de astures y cantabros, se integraron en la milicia romana, no siendo ningún factor de perturbación para el imperio.
No obstante, esta situación comenzó a cambiar cuando Roma entro en crisis. Según Sánchez Albornoz, fueron los reductos vascones no romanizados de los Pirineos los que unidos a campesinos empobrecidos por la presión fiscal imperial constituyeron las bandas bagaudas que asolaron el valle del Ebro en el siglo V. Esta teoría del gran medievalista español ha sido puesta en duda por diversos historiadores posteriores, como Gonzalo Bravo , que niega la identificación entre vascones y bagaudas. En todo caso, no se puede negar que hubo cierta relación entre los habitantes de Vasconia y los integrantes de las bagaudas, que actuaron juntos contra los ejércitos que enviaba el Imperio contra los saqueadores. Así ocurrió en el 411, cuando el general romano Asturias actuó contra los bagaudas en territorio vascon, o en el 443, cuando le correspondió el turno a Merobaudes.
Esta situación se complico mas si cabe con la invasión de Hispania por los pueblos germánicos. El suevo Reckiario actuó contra las bagaudas en dos campañas localizadas en los años 499 y 456; mientras que Federico, hermano de Teodorico II, lo hizo en el 455. Tales acciones fomentaron la hostilidad de los vascones hacia los pueblos germánicos, que asolaban ahora sus tierras cuando ya estaban liberadas del poder romano.
Desde este momento, los vascones vivieron un estado de guerra permanente contra los pueblos invasores, especialmente los visigodos. Pero no fue una guerra convencional entre dos ejércitos que luchaban por conquistar un territorio. Pues las acciones desarrolladas por los vascones tenían por objetivo el pillaje – una de sus actividades primordiales hasta bien avanzada la edad media. Como queda patente en el códice Calixtino-, mientras que los visigodos intentaron evitar las mismas, arrebatando a éstos el territorio en el que se asentaban, o, si esto no era posible por las dificultades orográficas, infligiéndoles duros castigos y estableciendo un limes, como ya sabemos. Esta actitud de los visigodos queda patente desde época muy temprana. Así, durante el reinado de Eurico se apoderaron del territorio vascon y conquistaron Pamplona en el año 481. San Isidoro, refriéndose a esta acción del gran rey visigodo, escribe.
“Después , enviando su ejercito, se apodera de Pamplona y Zaragoza y somete a su dominación la Hispania superior”
No por mucho tiempo. La crisis en la que entro eñ reino visigodo tras Vouille permitió a los vascones recuperar su territorio, que fue independiente hasta el reinado de Leovigildo. El gran rey arriano inicio en el año 581 una campaña contra ellos, como nos indica Juan de Biclaro. Es difícil explicar este hecho, si tenemos en cuenta que en ese momento el monarca visigodo tenia que hacer frente a enemigos mas poderosos, como eran los bizantinos en el sudeste, o si propio hijo San Hermenegildo (Cristiano).
De nuevo, Orella Unzue aprovecha este hecho para afirmar que los vascones eran un enemigo tan poderoso para los visigodos como los bizantinos. Sin embargo, esta explicación cae por su propio peso. Bizancio era, desde el punto de vista militar, el enemigo mas fuerte que jamás tuvieron los visigodos, junto a lo francos, mientras que los vascones no pasaron de ser un grupo que perturbaba la frontera norte. La razón de que Leovigildo arremetiese contra ellos en el 581 hay que buscarla en el hecho de que en una de sus expediciones de saqueo, según Thompson, habían llegado al Mediterráneo, ocupando la ciudad de Rosas. El monarca godo decidió castigar de forma severa a los montañeses del norte, lanzando contra ellos una fuerte acción que los expulso primero de dicha ciudad y luego continuo en sus propias tierras, parte de las cuales pasaron al poder godo. Leovigildo no se contento con eso, sino que además fundo la ciudad de Victoriacum en un paraje cercano a la Vitoria actual para controlar a los vascones. Y construyo el limes del que hemos hablado con anterioridad.
Los combates entre ambos pueblos continuaron en el siglo VII, aunque los vasconesse mostraron incapaces de reconquistar el territorio que les había arrebatado Leovigildo. Suintila, el monarca que expulso de forma definitiva a los bizantinos, llevo una campaña contra los vascones en los años 621 y 622 para castigar sus correrías de pillaje en la Tarraconense. San Isidoro nos proporciona el siguiente relato de la misma:
“Hizo también al comienzo de su reinado una expedición contra los vascones, que con sus correrías infestaban la provincia de la tarraconense, en aquella ocasione, estos pueblos, acostumbrados a correr por las montañas, fueron victimas de tal terror ante la llegada de Suintila, que al punto, como si reconocieran ser justos deudores, arrojando sus armas y dejando expeditas sus manos para la suplica, doblegaron ante el sus cuellos, suplicantes; le dieron rehenes, fundaron la ciudad goda de Ologico con sus prestaciones de trabajo, y prometieron obediencia a su reino y a su autoridad y cumplir cuantas ordenes les fueran impuestas”.
Sobre este texto, Orella Unzue afirma
“Esta edificación de Olite, suponía un duro revés para los vascones que veían así frenada su expansión hacia el Ebro, pero no impediría que según San Braulio en el 625 los vascones amenazaran de nuevo al región de Zaragoza”
La ciudad de Olite aparece en los textos como Oligitum, no como Iriberri.
Sin embargo, con esta acción no terminaron las correrías de los vascones. Durante el reinado de Recesvinto se unieron al pretendiente Froya, enfrentándose de nuevo a los visigodos. La situación se repitió durante el de su, Wamba, en los años 672 y 673, coincidiendo en este caso con la rebelión del duque Paulo en la Septimania, a la que según San Julián, los vascones pretendían ayudar.
En su historia Wambae – la mejor fuente para el conocimiento de este periodo - , San Julián hace referencia a esta coincidencia:
“En aquel tiempo, cuando estas cosas ocurrían dentro de las Galias, el religioso príncipe Wamba, que estaba en la parte de Cantabria disponiéndose para combatir contra las feroces gentes de los vascones, entra con todo el ejercito por tierra de vasconia”
El hecho de que aparezca el nombre de Cantabria ha llevado a Orella a afirmar:
“Wamba se encontraba en estos momentos en Cantabria luchando contra los vascones, no en una guerra de conquista, sino en una campaña de contención de unos vascones que se habían incrustado en tierras visigodas”
Sin embargo, como muy bien ha explicado Orlandis, no se trataba de que los vascones, que Thompson confunde con los vascos, cuando jamás ha existido un pueblo vasco, desde ningún punto de vista. Hubieran conquistado Cantabria, que nunca fue vasconia., sino que esta región de España era en esos momentos la base de reclutamiento y de partida para el ataque contra los vascones. Ataque que el rey visigodo llevaría a cabo con notable éxito. así lo narra San Julián:
“apenas se llega con todo el ejercito a las partes de vasconia, se lleva a cabo con tanta eficacia el saqueo de los campos, el hostigamiento de los castros y el incendio de las casas, que al cabo de siete días, depuesta la ferocidad de sus ánimos, los rebeldes aceptan someterse y, pagados los tributos consiguen para si la vida y la paz entregando rehenes, no tanto por los ruegos como por los regalos”
Si Wamba no acabo con las acciones de pillaje de los vascones de forma definitiva fue porque la rebelión de la Septimania, que mas adelante explicaremos, le obligo a llevar sus fuerzas allende los Pirineos. así lo explica San Julián:
“por tanto, aceptados los regalos, cobrados los impuestos, concertada la paz y emprendimiento marcha directamente a las Galias (...).
La ultima campaña visigoda contra los vascones tendrá lugar durante el reinado de Rodrigo. De acuerdo con las crónicas, el ultimo rey visigodo se encontraba sitiando Pamplona cuando se produjo el desembarco de tariq, que había de suponer, como una vez dijo Claudio Sánchez Albornoz, la “perdida de España”. En ese sentido, Garate Córdoba escribe:
“El hispanismo de los vascones frente a los hispano-godos tal vez contribuyo a la perdida de España, deteniendo muy lejos al ejercito que habría de salvarla”.
Roberto Muñoz – El ejercito visigodo desde sus origenes a la batalla de Guadalete –
No obstante, esta situación comenzó a cambiar cuando Roma entro en crisis. Según Sánchez Albornoz, fueron los reductos vascones no romanizados de los Pirineos los que unidos a campesinos empobrecidos por la presión fiscal imperial constituyeron las bandas bagaudas que asolaron el valle del Ebro en el siglo V. Esta teoría del gran medievalista español ha sido puesta en duda por diversos historiadores posteriores, como Gonzalo Bravo , que niega la identificación entre vascones y bagaudas. En todo caso, no se puede negar que hubo cierta relación entre los habitantes de Vasconia y los integrantes de las bagaudas, que actuaron juntos contra los ejércitos que enviaba el Imperio contra los saqueadores. Así ocurrió en el 411, cuando el general romano Asturias actuó contra los bagaudas en territorio vascon, o en el 443, cuando le correspondió el turno a Merobaudes.
Esta situación se complico mas si cabe con la invasión de Hispania por los pueblos germánicos. El suevo Reckiario actuó contra las bagaudas en dos campañas localizadas en los años 499 y 456; mientras que Federico, hermano de Teodorico II, lo hizo en el 455. Tales acciones fomentaron la hostilidad de los vascones hacia los pueblos germánicos, que asolaban ahora sus tierras cuando ya estaban liberadas del poder romano.
Desde este momento, los vascones vivieron un estado de guerra permanente contra los pueblos invasores, especialmente los visigodos. Pero no fue una guerra convencional entre dos ejércitos que luchaban por conquistar un territorio. Pues las acciones desarrolladas por los vascones tenían por objetivo el pillaje – una de sus actividades primordiales hasta bien avanzada la edad media. Como queda patente en el códice Calixtino-, mientras que los visigodos intentaron evitar las mismas, arrebatando a éstos el territorio en el que se asentaban, o, si esto no era posible por las dificultades orográficas, infligiéndoles duros castigos y estableciendo un limes, como ya sabemos. Esta actitud de los visigodos queda patente desde época muy temprana. Así, durante el reinado de Eurico se apoderaron del territorio vascon y conquistaron Pamplona en el año 481. San Isidoro, refriéndose a esta acción del gran rey visigodo, escribe.
“Después , enviando su ejercito, se apodera de Pamplona y Zaragoza y somete a su dominación la Hispania superior”
No por mucho tiempo. La crisis en la que entro eñ reino visigodo tras Vouille permitió a los vascones recuperar su territorio, que fue independiente hasta el reinado de Leovigildo. El gran rey arriano inicio en el año 581 una campaña contra ellos, como nos indica Juan de Biclaro. Es difícil explicar este hecho, si tenemos en cuenta que en ese momento el monarca visigodo tenia que hacer frente a enemigos mas poderosos, como eran los bizantinos en el sudeste, o si propio hijo San Hermenegildo (Cristiano).
De nuevo, Orella Unzue aprovecha este hecho para afirmar que los vascones eran un enemigo tan poderoso para los visigodos como los bizantinos. Sin embargo, esta explicación cae por su propio peso. Bizancio era, desde el punto de vista militar, el enemigo mas fuerte que jamás tuvieron los visigodos, junto a lo francos, mientras que los vascones no pasaron de ser un grupo que perturbaba la frontera norte. La razón de que Leovigildo arremetiese contra ellos en el 581 hay que buscarla en el hecho de que en una de sus expediciones de saqueo, según Thompson, habían llegado al Mediterráneo, ocupando la ciudad de Rosas. El monarca godo decidió castigar de forma severa a los montañeses del norte, lanzando contra ellos una fuerte acción que los expulso primero de dicha ciudad y luego continuo en sus propias tierras, parte de las cuales pasaron al poder godo. Leovigildo no se contento con eso, sino que además fundo la ciudad de Victoriacum en un paraje cercano a la Vitoria actual para controlar a los vascones. Y construyo el limes del que hemos hablado con anterioridad.
Los combates entre ambos pueblos continuaron en el siglo VII, aunque los vasconesse mostraron incapaces de reconquistar el territorio que les había arrebatado Leovigildo. Suintila, el monarca que expulso de forma definitiva a los bizantinos, llevo una campaña contra los vascones en los años 621 y 622 para castigar sus correrías de pillaje en la Tarraconense. San Isidoro nos proporciona el siguiente relato de la misma:
“Hizo también al comienzo de su reinado una expedición contra los vascones, que con sus correrías infestaban la provincia de la tarraconense, en aquella ocasione, estos pueblos, acostumbrados a correr por las montañas, fueron victimas de tal terror ante la llegada de Suintila, que al punto, como si reconocieran ser justos deudores, arrojando sus armas y dejando expeditas sus manos para la suplica, doblegaron ante el sus cuellos, suplicantes; le dieron rehenes, fundaron la ciudad goda de Ologico con sus prestaciones de trabajo, y prometieron obediencia a su reino y a su autoridad y cumplir cuantas ordenes les fueran impuestas”.
Sobre este texto, Orella Unzue afirma
“Esta edificación de Olite, suponía un duro revés para los vascones que veían así frenada su expansión hacia el Ebro, pero no impediría que según San Braulio en el 625 los vascones amenazaran de nuevo al región de Zaragoza”
La ciudad de Olite aparece en los textos como Oligitum, no como Iriberri.
Sin embargo, con esta acción no terminaron las correrías de los vascones. Durante el reinado de Recesvinto se unieron al pretendiente Froya, enfrentándose de nuevo a los visigodos. La situación se repitió durante el de su, Wamba, en los años 672 y 673, coincidiendo en este caso con la rebelión del duque Paulo en la Septimania, a la que según San Julián, los vascones pretendían ayudar.
En su historia Wambae – la mejor fuente para el conocimiento de este periodo - , San Julián hace referencia a esta coincidencia:
“En aquel tiempo, cuando estas cosas ocurrían dentro de las Galias, el religioso príncipe Wamba, que estaba en la parte de Cantabria disponiéndose para combatir contra las feroces gentes de los vascones, entra con todo el ejercito por tierra de vasconia”
El hecho de que aparezca el nombre de Cantabria ha llevado a Orella a afirmar:
“Wamba se encontraba en estos momentos en Cantabria luchando contra los vascones, no en una guerra de conquista, sino en una campaña de contención de unos vascones que se habían incrustado en tierras visigodas”
Sin embargo, como muy bien ha explicado Orlandis, no se trataba de que los vascones, que Thompson confunde con los vascos, cuando jamás ha existido un pueblo vasco, desde ningún punto de vista. Hubieran conquistado Cantabria, que nunca fue vasconia., sino que esta región de España era en esos momentos la base de reclutamiento y de partida para el ataque contra los vascones. Ataque que el rey visigodo llevaría a cabo con notable éxito. así lo narra San Julián:
“apenas se llega con todo el ejercito a las partes de vasconia, se lleva a cabo con tanta eficacia el saqueo de los campos, el hostigamiento de los castros y el incendio de las casas, que al cabo de siete días, depuesta la ferocidad de sus ánimos, los rebeldes aceptan someterse y, pagados los tributos consiguen para si la vida y la paz entregando rehenes, no tanto por los ruegos como por los regalos”
Si Wamba no acabo con las acciones de pillaje de los vascones de forma definitiva fue porque la rebelión de la Septimania, que mas adelante explicaremos, le obligo a llevar sus fuerzas allende los Pirineos. así lo explica San Julián:
“por tanto, aceptados los regalos, cobrados los impuestos, concertada la paz y emprendimiento marcha directamente a las Galias (...).
La ultima campaña visigoda contra los vascones tendrá lugar durante el reinado de Rodrigo. De acuerdo con las crónicas, el ultimo rey visigodo se encontraba sitiando Pamplona cuando se produjo el desembarco de tariq, que había de suponer, como una vez dijo Claudio Sánchez Albornoz, la “perdida de España”. En ese sentido, Garate Córdoba escribe:
“El hispanismo de los vascones frente a los hispano-godos tal vez contribuyo a la perdida de España, deteniendo muy lejos al ejercito que habría de salvarla”.
Roberto Muñoz – El ejercito visigodo desde sus origenes a la batalla de Guadalete –
domingo, 8 de agosto de 2010
La conquista del reino suevo
Este reino germánico como ya sabemos, perdió toda capacidad expansiva tras la derrota del río Orbigo, en la que demostró una inferioridad bélica notable frente a los visigodos. Los reyes que sucedieron a Reckiario no mejoraron su capacidad militar, distinguiéndose, como dice Torres Rodríguez, por sus rapacerías y sus ataques a las poblaciones desarmadas o grupos de campesinos, que por luchar con éxito contra los visigodos. Eran, según afirma el propio autor, “mas codiciosos y turbulentos, que tenaces y heroicos”. Pero a pesar de todos estos defectos no estaban exentos de astucia, habilidad política y relativa fuerza, lo que les permitió subsistir durante 177 años
Sin embargo, esta situación llego a su fin cuando los visigodos se empeñaron en conseguir el dominio completo de Hispania, coyuntura en la que hay que enmarcar el final del reino suevo.
En el 573, Leovigildo, tras haber combatido duramente a los bizantinos en el sudeste de Hispania, decidió enviar a sus ejércitos al norte. Ese mismo año conquisto la región de Sabaria, devastando las tierras de sappi. Thompson y Orlamdis piensan que se trataba de un reino semiindependiente de Asturias.
En el 574 le toco el turno a Cantabria, una región situada entre las tierras de Santander y Burgos, según Ordalis. El rey godo extermino a todo senado de Cantabria, uno de cuyos componentes se llamaba Abundantius, un nombre romano, y conquisto Amaya. Historiadores nacionalistas vascos como Orella Unzue consideran que esta campaña fue contra los cantabros y los vascones y que estos últimos fueron expulsados de Amaya; mientras que Torres Rodríguez afirma que eran suevos. Sin embargo, las fuentes que tratan esa época, fundamentalmente la vida de san Emiliano, escrita por San Braulio de Zaragoza, rechazan esta interpretación, afirmando que los verdaderos gobernantes de esa zona eran terratenientes hispanoromanos deseosos de crear una estructura política independiente en la zona.
Al año siguiente, el 575, el ejercito visigodo penetro en las montañas de Orense, zona limítrofe con el reino suevo, y se apodero de un príncipe llamado Aspidio junto con su esposa e hijos, apoderándose de la región. En el 576 le toco el turno al propio reino suevo.
Dos años antes, el monarca del mismo, Mirón, aterrado por las campañas de Leovigildo, había enviado una embajada al gran enemigo de los visigodos, Gotran de Borgoña. Sin embargo, no pudo llegar a su destino, pues Chilperico les intercepto. Es muy posible que al enterarse de lo ocurrido el monarca visigodo decidiese castigar a los suevos. Porque, como dice Torres Rodríguez:
“Leovigildo debió de ser unos cinco o seis años mas viejo que Mirón: de suerte que le supero en edad, y sobre todo en talla polotica y guerrera”
Pero esto no fue posible por el momento. Según el citado historiador gallego, la causafundamental fue:
“la resistencia que debieron de ofrecer en esta acción los suevos y gallegos, hermanados en idéntica fe católica, aumentada con la guerra o guerrillas de montaña, difícil para la caballería goda”
Pero es mas probable que fuese la situación en el sudeste de Hispania la que obligo a Leovigildo a aceptar la oferta de paz de Mirón, dejando el castigo de los suevos para mejor ocasión.
En los años siguientes, y temiendo un nuevo ataque visigodo, el rey suevo intento debilitar la monarquía toledana. La ocasión se le presento cuando estallo la rebelión de San Hermenegildo, de la que luego hablaremos. Mirón, no solo apoyo al hijo católico de Leovigildo, sino que envió embajadores a Gotran de Borgoña y al emperador Mauricio para unirlos en una gran coalición contra el monarca visigodo.
Sin embargo sus proyectos no fructificaron, y a la hora de la verdad fue el único apoyo para el rebelde. No obstante, no dudo en cumplir sus compromisos, trasladando un ejercito a Sevilla en el año 583 con objetivo de combatir al lado de Hermenegildo. Pero sus fuerzas fueron cercadas por los visigodos y Mirón obligado a firmar un duro tratado de paz que fue acompañado de una promesa de permanecer fiel y leal a la monarca visigodo. Esto le permitió salvar su ejercito y regresar a Galicia. Poco después, el joven rey, murió. Según Gregorio de Tours, victima de las aguas infectas y de los aires nocivos de la España meridional. Torres Rodríguez nos ha dejado, por su parte, un relato mas poético de las causas que provocaron el fallecimiento de este monarca.
“Había sido cobarde ante la mirada escrutadora y terrible de Leovigildo; había traicionado sus ideales, aunque fuera a precio de salvar su vida y la de sus soldados. Cobardía y traición eran crímenes imperdonables que roerían su conciencia de germano y de caballero; por ello fue presa del desaliento y desconsuelo al considerarse fracasado”
La muerte de Mirón significo el principio del fin de la monarquía sueva. Su sucesor, Eurico o Eborico, era un joven de carácter apocado, tal vez demasiado niño, que siguiendo las recomendaciones de su padre moribundo, o quizá de sus consejeros, opto por seguir una política de sumisión a Leovigildo. El monarca visigodo le exigió un juramento de fidelidad y a continuación le hizo entrega simbólica del reino. Esto puede indicar que ya en esta época el reino suevo era una especie de feudo de los visigodos. Esta afirmación de Torres Rodríguez, teniendo en cuenta la época histórica, hay que aceptarla con cuidado.
Esta política de sumisión a Leovigildo provoco una reacción muy temprana entre la nobleza del reino bajo la dirección de Audeca o Andeca, un noble suevo prometido o esposo de la hermana del joven rey.. los rebeldes reunieron un ejercito que se enfrento a las tropas reales, derrotándolas completamente en el año 585. Audeca ordeno que Eurico fuera torturado y, por tanto, reducido a la condición de clérigo. Poco después le nombro presbítero, a la vez que se desposaba con su madre Siseguta, viuda de Mirón.
Leovigildo estaba entonces ocupado con la sublevación de su hijo Hermenegildo. Sin embargo, las noticias que provenían del noroeste de la Península debieron preocuparle bastante, pues decidió enviar una expedición contra Audeca.
Esta expedición, que habría de conquistar el reino, se desarrollo en menos de un año.
El ejercito visigodo opto por seguir la vía costera occidental, pues la ruta montañosa que había tomado en la operación del 576 era demasiado difícil. Según Torres Rodríguez, la ruta fue Evora, Beja, Lisboa, Santarém, y Coimbra. Desde esta ciudad cruzo el Duero y se apodero rápidamente de Oporto. Sin detenerse, pues la sorpresa era su mejor arma, tomo Braga. Allí apreso a Audeca y se apodero del tesoro de los suevos. La reacción del monarca visigodo fue igual que la que este había tenido con su antecesor en el trono: Audeca fue tonsurado, ordenado presbitero, y recluido en el monasterio de Beja.
La toma de la capital y la prisión del monarca suevo supusieron el final de este reino, pues la nobleza se rindió en masa a Leovigildo. San Isidoro escribe: “Destruido el reino suevo, paso al poder de los visigodos”. Por su parte, Juan de Biclaro afirma que “El rey Leovigildo devasta Galicia, desposee el reino al rey Audeca apresado y somete a su poder el pueblo, el tesoro y patria de los suevos, y hace provincia de los godos”. Sin embargo, salvo lo que hemos apuntado con anterioridad, carecemos de datos precisos sobre el desarrollo de la campaña. No sabemos nada de la composición de los ejércitos contendientes ni de los principales combates, teniéndonos que conformar con la afirmación de Juan de Biclaro de que la campaña del monarca godo había sido rápida y devastadora.
Al enterarse de la caída del reino suevo, el gran enemigo de los godos, Gotram de Borgoña, decidió enviar una flota en su ayuda. Según Gregorio de Tours, las naves fueron interceptadas y apresadas por la armada de Leovigildo. Es muy posible que aunque estas naves no pudieran cumplir su misión, los agentes de Gontran fueran en parte responsables de la sublevación del noble suevo Amalarico. Pero esta acción estaba condenada al fracaso desde su mismo comienzo; pues el ejercito visigodo, que controlaba los pasos pirenaicos, y la armada, que hacia lo propio con las costas atlánticas de Hispania, impedían cualquier posibilidad de ayuda exterior a los rebeldes. Y sin esta ayuda no podían soñar con el triunfo. No obstante, los generales de Leovigildo no se confiaron, y actuando con rapidez, sofocaron la revuelta, tomaron prisionero a Amalarico y se lo entregaron a Leovigildo encadenado.
Con este ultimo y frustrado intento de solevación, termina la historia del reino de los suevos en Hispania. A partir de este momento, pasa a ser la sexta provincia del reino godo.
Sin embargo, esta situación llego a su fin cuando los visigodos se empeñaron en conseguir el dominio completo de Hispania, coyuntura en la que hay que enmarcar el final del reino suevo.
En el 573, Leovigildo, tras haber combatido duramente a los bizantinos en el sudeste de Hispania, decidió enviar a sus ejércitos al norte. Ese mismo año conquisto la región de Sabaria, devastando las tierras de sappi. Thompson y Orlamdis piensan que se trataba de un reino semiindependiente de Asturias.
En el 574 le toco el turno a Cantabria, una región situada entre las tierras de Santander y Burgos, según Ordalis. El rey godo extermino a todo senado de Cantabria, uno de cuyos componentes se llamaba Abundantius, un nombre romano, y conquisto Amaya. Historiadores nacionalistas vascos como Orella Unzue consideran que esta campaña fue contra los cantabros y los vascones y que estos últimos fueron expulsados de Amaya; mientras que Torres Rodríguez afirma que eran suevos. Sin embargo, las fuentes que tratan esa época, fundamentalmente la vida de san Emiliano, escrita por San Braulio de Zaragoza, rechazan esta interpretación, afirmando que los verdaderos gobernantes de esa zona eran terratenientes hispanoromanos deseosos de crear una estructura política independiente en la zona.
Al año siguiente, el 575, el ejercito visigodo penetro en las montañas de Orense, zona limítrofe con el reino suevo, y se apodero de un príncipe llamado Aspidio junto con su esposa e hijos, apoderándose de la región. En el 576 le toco el turno al propio reino suevo.
Dos años antes, el monarca del mismo, Mirón, aterrado por las campañas de Leovigildo, había enviado una embajada al gran enemigo de los visigodos, Gotran de Borgoña. Sin embargo, no pudo llegar a su destino, pues Chilperico les intercepto. Es muy posible que al enterarse de lo ocurrido el monarca visigodo decidiese castigar a los suevos. Porque, como dice Torres Rodríguez:
“Leovigildo debió de ser unos cinco o seis años mas viejo que Mirón: de suerte que le supero en edad, y sobre todo en talla polotica y guerrera”
Pero esto no fue posible por el momento. Según el citado historiador gallego, la causafundamental fue:
“la resistencia que debieron de ofrecer en esta acción los suevos y gallegos, hermanados en idéntica fe católica, aumentada con la guerra o guerrillas de montaña, difícil para la caballería goda”
Pero es mas probable que fuese la situación en el sudeste de Hispania la que obligo a Leovigildo a aceptar la oferta de paz de Mirón, dejando el castigo de los suevos para mejor ocasión.
En los años siguientes, y temiendo un nuevo ataque visigodo, el rey suevo intento debilitar la monarquía toledana. La ocasión se le presento cuando estallo la rebelión de San Hermenegildo, de la que luego hablaremos. Mirón, no solo apoyo al hijo católico de Leovigildo, sino que envió embajadores a Gotran de Borgoña y al emperador Mauricio para unirlos en una gran coalición contra el monarca visigodo.
Sin embargo sus proyectos no fructificaron, y a la hora de la verdad fue el único apoyo para el rebelde. No obstante, no dudo en cumplir sus compromisos, trasladando un ejercito a Sevilla en el año 583 con objetivo de combatir al lado de Hermenegildo. Pero sus fuerzas fueron cercadas por los visigodos y Mirón obligado a firmar un duro tratado de paz que fue acompañado de una promesa de permanecer fiel y leal a la monarca visigodo. Esto le permitió salvar su ejercito y regresar a Galicia. Poco después, el joven rey, murió. Según Gregorio de Tours, victima de las aguas infectas y de los aires nocivos de la España meridional. Torres Rodríguez nos ha dejado, por su parte, un relato mas poético de las causas que provocaron el fallecimiento de este monarca.
“Había sido cobarde ante la mirada escrutadora y terrible de Leovigildo; había traicionado sus ideales, aunque fuera a precio de salvar su vida y la de sus soldados. Cobardía y traición eran crímenes imperdonables que roerían su conciencia de germano y de caballero; por ello fue presa del desaliento y desconsuelo al considerarse fracasado”
La muerte de Mirón significo el principio del fin de la monarquía sueva. Su sucesor, Eurico o Eborico, era un joven de carácter apocado, tal vez demasiado niño, que siguiendo las recomendaciones de su padre moribundo, o quizá de sus consejeros, opto por seguir una política de sumisión a Leovigildo. El monarca visigodo le exigió un juramento de fidelidad y a continuación le hizo entrega simbólica del reino. Esto puede indicar que ya en esta época el reino suevo era una especie de feudo de los visigodos. Esta afirmación de Torres Rodríguez, teniendo en cuenta la época histórica, hay que aceptarla con cuidado.
Esta política de sumisión a Leovigildo provoco una reacción muy temprana entre la nobleza del reino bajo la dirección de Audeca o Andeca, un noble suevo prometido o esposo de la hermana del joven rey.. los rebeldes reunieron un ejercito que se enfrento a las tropas reales, derrotándolas completamente en el año 585. Audeca ordeno que Eurico fuera torturado y, por tanto, reducido a la condición de clérigo. Poco después le nombro presbítero, a la vez que se desposaba con su madre Siseguta, viuda de Mirón.
Leovigildo estaba entonces ocupado con la sublevación de su hijo Hermenegildo. Sin embargo, las noticias que provenían del noroeste de la Península debieron preocuparle bastante, pues decidió enviar una expedición contra Audeca.
Esta expedición, que habría de conquistar el reino, se desarrollo en menos de un año.
El ejercito visigodo opto por seguir la vía costera occidental, pues la ruta montañosa que había tomado en la operación del 576 era demasiado difícil. Según Torres Rodríguez, la ruta fue Evora, Beja, Lisboa, Santarém, y Coimbra. Desde esta ciudad cruzo el Duero y se apodero rápidamente de Oporto. Sin detenerse, pues la sorpresa era su mejor arma, tomo Braga. Allí apreso a Audeca y se apodero del tesoro de los suevos. La reacción del monarca visigodo fue igual que la que este había tenido con su antecesor en el trono: Audeca fue tonsurado, ordenado presbitero, y recluido en el monasterio de Beja.
La toma de la capital y la prisión del monarca suevo supusieron el final de este reino, pues la nobleza se rindió en masa a Leovigildo. San Isidoro escribe: “Destruido el reino suevo, paso al poder de los visigodos”. Por su parte, Juan de Biclaro afirma que “El rey Leovigildo devasta Galicia, desposee el reino al rey Audeca apresado y somete a su poder el pueblo, el tesoro y patria de los suevos, y hace provincia de los godos”. Sin embargo, salvo lo que hemos apuntado con anterioridad, carecemos de datos precisos sobre el desarrollo de la campaña. No sabemos nada de la composición de los ejércitos contendientes ni de los principales combates, teniéndonos que conformar con la afirmación de Juan de Biclaro de que la campaña del monarca godo había sido rápida y devastadora.
Al enterarse de la caída del reino suevo, el gran enemigo de los godos, Gotram de Borgoña, decidió enviar una flota en su ayuda. Según Gregorio de Tours, las naves fueron interceptadas y apresadas por la armada de Leovigildo. Es muy posible que aunque estas naves no pudieran cumplir su misión, los agentes de Gontran fueran en parte responsables de la sublevación del noble suevo Amalarico. Pero esta acción estaba condenada al fracaso desde su mismo comienzo; pues el ejercito visigodo, que controlaba los pasos pirenaicos, y la armada, que hacia lo propio con las costas atlánticas de Hispania, impedían cualquier posibilidad de ayuda exterior a los rebeldes. Y sin esta ayuda no podían soñar con el triunfo. No obstante, los generales de Leovigildo no se confiaron, y actuando con rapidez, sofocaron la revuelta, tomaron prisionero a Amalarico y se lo entregaron a Leovigildo encadenado.
Con este ultimo y frustrado intento de solevación, termina la historia del reino de los suevos en Hispania. A partir de este momento, pasa a ser la sexta provincia del reino godo.
Roberto Muñoz - El ejército visigodo desde sus orígenes a la batalla de Guadalete

lunes, 5 de julio de 2010
Instituciones y sociedad en la España visigoda. Población Libre no privilegiada
Vivía principalmente en las ciudades. Entre ellos había artesanos de todo tipo: orfebres, herreros, arquitectos, ingenieros, escultores, toreutas, canteros, carpinteros, tintoreros, curtidores, médicos, maestros, etc. Algunos oficios eran muy considerados y pagados.
En las ciudades importantes siguieron las comunidades de judíos del Bajo Imperio que se dedicaban al comercio, y que desde Caracalla en 212 eran considerados ciudadanos romanos. Tenían un estatus medio-alto y algunos eran muy ricos, como los transmarinii negotiatores. A partir de Recaredo empezaron a ser perseguidos y acosados con más o menos intensidad según épocas.
En ciertas ciudades vivían también algunos griegos y sirios dedicados al comercio transmediterráneo. Principalmente en la provincia llamada Spania (ni: ñ) por el Imperio bizantino desde mediados del s. VI hasta que fueron expulsados en 625 por el rey Suintila, aprovechándose del acoso mahometano al Imperio por el Este.
Los possesores eran los campesinos propietarios, que también se les denomina ingenui, privati y viliores personae, que servían como peones en el ejército.
Los rusticani eran los más pobres.
Javier Albert Gutiérrez
En las ciudades importantes siguieron las comunidades de judíos del Bajo Imperio que se dedicaban al comercio, y que desde Caracalla en 212 eran considerados ciudadanos romanos. Tenían un estatus medio-alto y algunos eran muy ricos, como los transmarinii negotiatores. A partir de Recaredo empezaron a ser perseguidos y acosados con más o menos intensidad según épocas.
En ciertas ciudades vivían también algunos griegos y sirios dedicados al comercio transmediterráneo. Principalmente en la provincia llamada Spania (ni: ñ) por el Imperio bizantino desde mediados del s. VI hasta que fueron expulsados en 625 por el rey Suintila, aprovechándose del acoso mahometano al Imperio por el Este.
Los possesores eran los campesinos propietarios, que también se les denomina ingenui, privati y viliores personae, que servían como peones en el ejército.
Los rusticani eran los más pobres.
Instituciones y sociedad en la España visigoda. Los nobles
Los duques (dux, ducis) eran gobernadores de las provincias (ducados). Pertenecían a la estirpe real. Mandaban un ejercito formado por Thiufas, unidad de mil hombres mandada por un thiufado. El quingentenario mandaba un batallón de 500 hombres. El centenario mandaba cien hombres. El decano, diez, formadas en los útimos tiempos también por saiones y buccellarii.
Los condes (comes, comitatis) gobernaban un condado, una ciudad y su “territoria”, unidad territorial subordinada a la provincia. Es el antiguo “municipio romano” es decir una comarca con una ciudad importante. Tenían funciones militares.
Otros funcionarios menores, que controlaban la recaudación de impuestos, eran los numerarios, exactores, tabularios, talonarios y susceptores.
Las estirpes senatoriales del Imperio romano siguieron estando en la cúspide social. Algún senador desempeñó el cargo de duque, como Claudio, duque de Galicia. A través de la Iglesia desde el III C. de Toledo tuvieron gran influencia política.
Los visigodos pretendieron instaurar un Estado centralizado, a cuya cabeza estaba la institución monárquica con tendencia hereditaria. El rey era el jefe supremo de la comunidad y tenía amplios poderes judiciales, legislativos, militares y administrativos. Para reforzar su prestigio, los reyes visigodos adoptaron los atributos y el ceremonial de los emperadores. El rito de la 'unción regia', que recibían de los obispos, les confería carácter sagrado. En el IV Concilio de Toledo (633) se aprobó, de acuerdo con la tradición romano-católica, que el Rey tenía que ser elegido con la aprobación de los obispos en Toledo o en el lugar de muerte del monarca. Tanto los duques (de sangre real) como los condes pertenecían a los escalones más altos de la nobleza y se erigieron en los grandes funcionarios de la administración territorial. Las grandes asambleas políticas del reino fueron el Aula Regia y los Concilios.
Javier Albert Gutiérrez
Los condes (comes, comitatis) gobernaban un condado, una ciudad y su “territoria”, unidad territorial subordinada a la provincia. Es el antiguo “municipio romano” es decir una comarca con una ciudad importante. Tenían funciones militares.
Otros funcionarios menores, que controlaban la recaudación de impuestos, eran los numerarios, exactores, tabularios, talonarios y susceptores.
Las estirpes senatoriales del Imperio romano siguieron estando en la cúspide social. Algún senador desempeñó el cargo de duque, como Claudio, duque de Galicia. A través de la Iglesia desde el III C. de Toledo tuvieron gran influencia política.
Los visigodos pretendieron instaurar un Estado centralizado, a cuya cabeza estaba la institución monárquica con tendencia hereditaria. El rey era el jefe supremo de la comunidad y tenía amplios poderes judiciales, legislativos, militares y administrativos. Para reforzar su prestigio, los reyes visigodos adoptaron los atributos y el ceremonial de los emperadores. El rito de la 'unción regia', que recibían de los obispos, les confería carácter sagrado. En el IV Concilio de Toledo (633) se aprobó, de acuerdo con la tradición romano-católica, que el Rey tenía que ser elegido con la aprobación de los obispos en Toledo o en el lugar de muerte del monarca. Tanto los duques (de sangre real) como los condes pertenecían a los escalones más altos de la nobleza y se erigieron en los grandes funcionarios de la administración territorial. Las grandes asambleas políticas del reino fueron el Aula Regia y los Concilios.
Javier Albert Gutiérrez
La España visigoda. La evolución política de la Monarquía
Los visigodos fueron enviados a Hispania (ni= ñ) por el Imperio para restablecer el orden, por lo que en todo momento respetaron la propiedad, la organización administrativa y el Derecho romano. Confiscaron un tercio de las propiedades a los grandes latifundistas. Formaron una superestructura política y militar que había sido legitimada por Roma. Aportaron elementos propios”, como la Monarquía hereditaria y el Derecho consuetudinario que, en principio, coexistieron con las instituciones romanas y luego se integraron en ellas. La Iglesia Católica, en el III Concilio de Toledo, impuso la elección del rey, como en el Imperio Romano. Los francos les ganaron la hegemonía europea al convertirse primero su rey Clodoveo, en el año 496, al catolicismo y apoyar su política en el Imperio, la Iglesia romana y los indígenas romanizados católicos.
La Monarquía visigoda llevó a cabo un proceso unificador en todos los aspectos: unidad territorial, unidad del poder político y jurídico, unas creencias comunes y fusión de godos e hispanos:
Leovigildo (573-586) derogó la ley que prohibía el matrimonio entre visigodos e hispanos y emprendió la tarea de unificación del territorio, venciendo a los suevos en el 585 y anexionándose su territorio. Realizó expediciones contra los vascones y fundó Victoriaco (Vitoria) para impedir los levantamientos. Instauró en el año 577 el Imperium Hispánico nombrando Sede Regia a Toledo, adoptando el título de Princeps, símbolos reales, como el trono, el cetro, el manto real y la diadema, y todo el ceremonial bizantino de los emperadores.
Intentó la unidad religiosa, imponiendo el arrianismo como religión dominante, pero los hispanos de la Bética con la ayuda de los Bizantinos y de los suevos eligieron a su hijo Hermenegildo duque de la Bética como líder y se rebelaron. Perdieron la guerra, y Hermenegildo fue condenado a muerte por alta traición (primer mártir de la Iglesia Española), pero se demostró que sin la colaboración de los hispanos católicos era imposible gobernar España.
Su segundo hijo y sucesor Recaredo (586-601) así lo entendió y en el Tercer Concilio de Toledo, el 8 de mayo del 589, él y todo su pueblo abandonaron el arrianismo y aceptaron el catolicismo como religión oficial. La Iglesia Católica consiguió mucho, entre otras cosas, dar su visto bueno al heredero. Recaredo que, con la intransigencia del converso, destruyó todos los libros en lengua visigoda.
Suintila (621-631) expulsó a los bizantinos de sus últimos dominios, con lo que consiguió la unidad territorial.
Recesvinto (653-672) estableció un mismo código para ambos pueblos, el Liber Iudiciorum o Fuero Juzgo, con lo que se restableció la unidad jurídica en la Península, y abolió el Derecho Romano. Este código estará vigente entre los cristianos durante toda la Edad Media. A su muerte el Reino de España era un Estado independiente y unificado.
Javier Albert Gutiérrez
La Monarquía visigoda llevó a cabo un proceso unificador en todos los aspectos: unidad territorial, unidad del poder político y jurídico, unas creencias comunes y fusión de godos e hispanos:
Leovigildo (573-586) derogó la ley que prohibía el matrimonio entre visigodos e hispanos y emprendió la tarea de unificación del territorio, venciendo a los suevos en el 585 y anexionándose su territorio. Realizó expediciones contra los vascones y fundó Victoriaco (Vitoria) para impedir los levantamientos. Instauró en el año 577 el Imperium Hispánico nombrando Sede Regia a Toledo, adoptando el título de Princeps, símbolos reales, como el trono, el cetro, el manto real y la diadema, y todo el ceremonial bizantino de los emperadores.
Intentó la unidad religiosa, imponiendo el arrianismo como religión dominante, pero los hispanos de la Bética con la ayuda de los Bizantinos y de los suevos eligieron a su hijo Hermenegildo duque de la Bética como líder y se rebelaron. Perdieron la guerra, y Hermenegildo fue condenado a muerte por alta traición (primer mártir de la Iglesia Española), pero se demostró que sin la colaboración de los hispanos católicos era imposible gobernar España.
Su segundo hijo y sucesor Recaredo (586-601) así lo entendió y en el Tercer Concilio de Toledo, el 8 de mayo del 589, él y todo su pueblo abandonaron el arrianismo y aceptaron el catolicismo como religión oficial. La Iglesia Católica consiguió mucho, entre otras cosas, dar su visto bueno al heredero. Recaredo que, con la intransigencia del converso, destruyó todos los libros en lengua visigoda.
Suintila (621-631) expulsó a los bizantinos de sus últimos dominios, con lo que consiguió la unidad territorial.
Recesvinto (653-672) estableció un mismo código para ambos pueblos, el Liber Iudiciorum o Fuero Juzgo, con lo que se restableció la unidad jurídica en la Península, y abolió el Derecho Romano. Este código estará vigente entre los cristianos durante toda la Edad Media. A su muerte el Reino de España era un Estado independiente y unificado.
Javier Albert Gutiérrez
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