lunes, 28 de noviembre de 2011

Los malismos o trolls castellanos

Seguramente estamos ante uno de los cientos de miles de espíritus naturales relacionados con el mundo ancestral, que pueblan las leyendas y mitologías de Castilla, y que son totalmente desconocidos por el 100% de los castellanos. El malismo, es un ser de pequeño tamaño, no mas alto de 140cm, o quizás los mas grandes de 160cm. De feas facciones, babeantes, llenos de pelos que le cubren todo el cuerpo de piel grisácea, largas y grasientas melenas, y muy agresivos a la par que mal intencionados. Son criaturas nocturnas, relacionadas directamente con los lugares lúgubres y oscuros. Bosques húmedos otoñales, frías y solitarias montañas, profundos valles de perpetuas nieblas... o áridas y desamparadas mesetas donde una cueva o grieta en tierra, permita que el malismo se esconda y salga a determinadas horas a realizar sus maldades. De ahí le viene el nombre, de las maldades que realiza.
Estos duendes trogloditas o espíritus elementales de la naturaleza, están estrechamente relacionados con los trolls germánicos. Siendo por tanto muy posible, que su introducción en Castilla llegara de manos de los godos. Y no de los romanos o celtas, que suelen ser los pueblos a los que normalmente se atribuye cualquier ser elemental que puebla nuestra mitología.
Los godos eran un pueblo arriano cuando llegó a Hispania. Y es sabido que su principal foco de influencia étnica se estableció en la meseta central. Prácticamente un área que coincide con la totalidad de la Castilla del norte, y Toledo. Pueblo supersticioso y anclado en creencias ancestrales paganas a pesar de su fe católica. Creían en faunos de los bosques, en la brujería de los hunos, en las lamias, en unas criaturas demoníacas femeninas a las que llamaron Alirumnias. En la trasmutación de las almas en animales salvajes, en el simbolismo del oso y el lobo como seres totémicos. No es de extrañar que junto a ellos llegaran las creencias populares de unos trolls que con el tiempo y bajo otras influencias culturales, llegaron a ser llamados por su nombre actual de Malismos.
Habitantes de lúgubres cuevas o antros oscuros, se encargan de guardar tesoros ocultos bajo tierra según algunas leyendas. Otras dicen que jamas acuden a la superficie ya que la luz del sol los consume y mata. Otros piensan que solo salen en las horas crepusculares y durante la noche, o los días en los que el sol esta bajo, hay niebla o el bosque es tan oscuro y lúgubre que permite que esta criatura pueda trastear y molestar a la gente sin ningún temor.
Otra de las características que vinculan a estos duentes con los trolls nórdicos, es la capacidad que tienen para realizar sortilegios y brujería Cosa que nos recuerda muchísimo a las sagas germánicas, donde los enanos en las minas realizan artes mágicas para proteger espadas, o maldecir el oro de los nibelungos en las aguas del Rhin

sábado, 26 de noviembre de 2011

Deidades Ctónicas - Los cultos mágicos olvidados de Alcalá de Henares

Los cultos mágicos olvidados de Alcalá de Henares.
Alcalá de Henares, cuna de Miguel de Cervantes, patrimonio histórico de la humanidad, es bien conocida por ser el asentamiento romano más importante de la comunidad de Madrid: Complutum.
¿Pero que se conoce realmente de los pobladores anteriores a la colonización romana? ¿Cuales fueron los cultos religiosos que se oficiaban en esta zona?¿A que tipo de deidades? Y lo más importante, ¿donde exactamente?
Se han encontrado distintos asentamientos anteriores a la romanización de la actual Alcalá de Henares, que comprenden desde el Paleolítico, el Neolítico y el Calcolítico hasta la edad de Bronce. Estos distintos asentamientos tanto en espacio como en tiempo se han dado en las inmediaciones de las terrazas del río Henares dándose a conocer por diversos yacimientos como el del arroyo Camarmilla, Campus Universitario, Rivera del Henares o el más reciente del Soto del Henares.
Pero el primer grupo poblacional urbanístico se dará en forma de castro por una tribu carpetana en el Cerro de San Juan del Viso.

Un castro mítico sin nombre
La primera referencia histórica sobre el castro del Cerro del Viso nos viene de la mano de los historiadores antiguos Ptolomeo y Plinio quienes vendrían a mitificar la población castrense, diciendo que su fundación fué realizada por el rey fenicio Tehuero y su pueblo, al huir de la guerra de Troya, dándole estos el nombre de Iplacea.
Sobra decir que tanto Ptolomeo como Plinio dán este nombre al castro del cerro del Viso tal vez para mitificar a sus pobladores por haber mantenido una resistencia feroz a la llegada de los primeros romanos a la zona del corredor del henares, pues esta resistencia se dará en casi todas las tribus que frecuentan el paso natural comprendido entre los ríos Tajo, Duero y Ebro, culminando con el famoso asedio Numantino dentro de la campaña comandada por Marco Porcio Catón en lo que vendrá a ser la conquista de la Carpetanía, iniciada en el 195 ac. y terminada con la conquista del castro de Numancia en el 133 ac.
Pero si no es Iplacea, ¿cual es el nombre de este castro mítico?

La teoria del origen semítico para el lenguaje Ibero
La escritura ibérica, legado de la tartésica, a día de hoy se sigue manteniendo entre la bruma del conocimiento al haber distintas teorias que discuten entre si son ideogramáticas o si es un alfabeto o alefato, es decir, todos sus signos son alfabéticos.
Según Antoni Garcia mediante distintas publicaciones en internet de su estudio personal haciendo una relación entre los distintos signos ibéricos con los caracteres del hebreo clásico, la lengua Ibera estaría identificándose con los signatarios hebreos de Mesa y Ahirám y otros fenicios de su misma época. Las lenguas semíticas son lenguas de flexión y se acompaña a cada signo de ocho vocalizaciones posibles. La lectura de las monedas según la hipótesis y el criterio de Manuel Gómez Moreno, que descifró el valor de los signos de la escritura ibérica levantina en 1922, mediante un silabario o semisilabario, queda borrada de un plumazo y además es acusado "de haber provocado un gran daño y confusión en la la numismática ibérica".
Según Antoni Garcia todo esto es debido a una especie de conspiración contra el pueblo judío, citando a la Ahnenerbe de Himmler como heredera directa de los estudios arqueológicos modernos alemanes, entre otras ocurrencias (Los estudios del Ibero con relación al Vascuence se remontan al siglo XVI por poner un ejemplo, pero como en este siglo no había Nazis, este tipo de datos los omite ...)

La epigrafía ibérica según Manuel Gómez Moreno
La solidez de las propuestas del siglo XIX, (de Gómez Moreno) és más que discutible hoy en día, todo hay que decirlo, ya que su método es una especie de acto no demasiado concluyente de interpretación de signos (Igual que el del propio Antoni Garcia). Así lo acepta cuando habla de que "...en lo ibérico hace falta una piedra roseta". Que esta teoría no pueda borrarse de un plumazo como se ha intentado al enraizar directamente al Ibero con el Hebreo, se debe a las traducciones que se han podido realizar a partir de la comparación lingüística con el Vascuence patrimonial y el Aquitano tanto fonética, morfológica y sintáctica, como léxicamente sin mencionar los distintos antropónimos...
La teoría del VascoIberismo volvería a tener peso gracias a los distintos estudios y relaciones antes citadas por Koldo Mitxelena . Tampoco hay ninguna lengua semejante en la historia de la humanidad (tres sílabas vocalizadas con cinco vocales = 15 signos, + 5 vocales + alguna consonante).Pues los silabarios más pequeños (en número de signos) conocidos, como el de Creta, pasan de 60 signos, y los signatarios con 22 signos aproximadamente suelen corresponder a abecedarios, alfabetos o alefatos, no a silabarios.
Teniendo en cuenta ya las distintas teorias que hay sobre las traducciones del Ibero, ¿Como surge la aceptación de "Ikesankom Kombouto", el supuesto nombre para el castro del cerro del Viso, que se dará equívocamente a raíz del hallazgo de un denario encontrado en lo que se ha venido a llamar el "tesorillo de la cuesta de Zulema"?...

El tesorillo de la cuesta de Zulema
Se desconoce la ubicación exacta de este hallazgo, efectuado en los años 30 del siglo XX por obreros que estaban extrayendo arcilla para una fábrica de cerámica. Será cuando el Museo Arqueológico Nacional, el día 3 de julio de 1935, dé un lote de 51 denarios de plata de los cuales 24 eran ibéricos originarios de la ceca de Bolscan (Osca, Huesca) y 27 pertenecían a la República romana, cuando ya se tenga una constancia fechada oficialmente del hayazgo.
Siguiendo la teoría de Gomez Moreno, una de las monedas, un denario del peso de un As, se le dió como lectura al anverso y reverso de la moneda como "Ikesankom Kombouto" llegando incluso a interpretarse erróneamente la palabra "Kombouto" con el latin "Complutum", dándose así el nombre de Ikesankom Kombouto al castro encontrado en el cerro del Viso.
Para Antoni Garcia, dentro de su teoría propia de relacionar directamente el Ibero con el hebreo clásico, el nombre ibérico del castro no solo no es este, si no que en la moneda vendría a poner, leyéndose de derecha a izquierda en alfabeto semítico, Elqafarnay soka taqop: Santuario del tesoro de la aldea de la Nava (o también Santuario del tesoro del Prado), haciendo referencia a la ceca donde se acuñó la moneda y no donde se encontró.
Tenemos entonces, no solo una mala interpretación de la escritura ibérica, si no una terminología erronea para el castro, que sigue sin tener un nombre propio en el dialecto carpetano anterior a la romanización.

Un castro especial en un enclave mágico
Saliendo de Madrid, al coger la nacional dos dirección Barcelona, cuando uno llega a la altura de la localidad de San Fernando de Henares, puede ver en el horizonte cercano algo que llamará poderosamente la atención.
La silueta entrecortada del cerro de San Juan del Viso se hará más inquietante según nos acerquemos a Alcalá de Henares, dándonos cuenta de que no solo es un simple cerro. Estamos ante una deidad viviente, que junto con su cerro hermano, el Ecce Homo, situado casi de forma paralela tanto en distancia como en altura, hacen de toda la zona un sitio único y mágico.
Mágico ya no solo por encontrarnos con estos dos cerros, dos deidades femeninas, las conocidas posteriormente por los romanos como "Magna Mater" (La advocación a la Diosa Cibeles con cornucopia y todo, la podemos encontrar todavía hoy en día en la catedral magistral de Alcalá en la capilla del este saliendo de la cripta de los santos niños martires Ivxto et Pastor) sino por el legado mistérico que han dejado aquellos pobladores de este castro místico y mítico, sin nombre, del que todavía hoy en día quedan ecos de estos cultos, en distintos enclaves que se pueden recorrer, ver y palpar, aunque para ello debemos iniciarnos y adentrarnos (físicamente) en los misterios de dos Diosas que representan la esencia del propio ser humano. Dos Diosas que aunque son representaciones opuestas, son una misma y única. La vida, la regeneración, el día, la luz, el calor, representado atraves de la Diosa Ataecina... y en contrapartida para cerrar este circulo místico, la muerte, el paso de los muertos de este plano al de los difuntos, la noche, la oscuridad, el frío, todo ello vertido en la figura de la Diosa Calacux...Deidades Ctónicas un tanto olvidadas, tan oscuras como el inframundo de donde provienen...

Diosas olvidadas, Diosas oscuras
No es dificil imaginar el castro amurallado recortando con su silueta la caida natural que se conoce hoy en día como "Salto del cura" aunque por desgracia y por los intereses económicos que movieron a construir chalets en la zona a finales de los años 70, ya no queda ni rastro de nuestros antepasados, tan solo la explanada donde estaría en parte la fortificación (Estudios recientes confirmarían que el castro sería de los más grandes de la zona del corredor del Henares, ocupando en superficie una hectárea)
Los cultos religiosos no se darían dentro del propio castro, los pobladores, con la casta guerrera y los nobles a la cabeza, realizarían un peregrinaje hasta la zona donde los sacerdotes chamanes vivían, en lo que sería la actual zona del Soto del Henares. Allí durante varios días llamarían a Ataecina, convocando su presencia mediante hecatombes de cabras en su honor, la Diosa Cabra, señora de la vida y la fertilidad. Tanto este pequeño grupo poblacional de pequeñas chozas donde vivían los chamanes, como las hecatombes de cabras, se han descubierto en las recientes excavaciones en lo que se conoce como el hayazgo del Soto del Henares, donde puede verse en parte en el museo de historia de Torrejón de Ardoz.
Los cultos a la muerte, se realizarían también en un peregrinaje que se daría en dirección al cerro hermano, el Ecce Homo, adentrandose en las entrañas mismas de la tierra, al mismísimo inframundo, en lo que se conoce como "La cueva de los gigantones".(Cueva donde distintos radiestesístas han comprobado el alto índice de energia telúrica)
Esta cueva, utilizada desde el Neolitico, serviría para rendir los cultos al inframundo. La prueba de ello nos llega hasta nuestros días gracias al culto que quedaría vigente en el interior de dicha cueva, a la efígie de San Pedro martir, "el pescador de hombres", siendo este culto al rostro de San Pedro no solo una reminiscencia al culto de la cabeza como conocimiento, en su vertiente semítica del famoso "Baphomet", si no el culto directo al craneo, a la calvera. Cultos de suma importancia en toda la zona como se puede ver en el legado directo que queda reflejado en los santos mártires Iuxto y Pastor, quienes fueron decapitados.
Este tipo de cultos, muy extendidos dentro del ámbito celta, se daría en el interior de la "cueva de los gigantones" llamando a la Diosa Calacux, nombre que proviene de los famosos "Calacús" gallegos que imitan craneos, siendo este nombre gallego un pariente semántico de la Diosa Irlandesa Cailleach, señora del invierno y de la muerte.
Su cristianización no sería de extrañar teniendo en cuenta que el papa Gregorio Magno en el siglo XIII hace la siguiente recomendación a Agustín en respuesta a la carta que este le hace al llegar a Inglaterra preguntándole que debía hacer con los santuarios paganos:
"No suprimáis los festines que celebran aquellas gentes en los sacrificios que ofrecen a sus dioses. Trasladarlos al día de las fiestas de los santos mártires, con el fin de que, consintiendo algunas groserías, alegrías de la idolatría, se predispongan más fácilmente a acoger las costumbres espirituales de la fe cristiana"
New Order post relativismo cultural

miércoles, 23 de noviembre de 2011

viernes, 18 de noviembre de 2011

DRUIDAS Y ESOTERISMO CELTA, según Guénon

Nota Previa: Como ha señalado Roger Maridort, "lo que en la obra de Guénon concierne al Celtismo se ha integrado en el libro titulado `Símbolos Fundamentales de la Ciencia agrada´: son los estudios sobre `El Santo Grial´ (cap. III y IV de dicha obra), sobre `El triple recinto druídico´ (cap. X), sobre `La Tierra del Sol´, (cap. XlI) y sobre `El Jabalí y la Osa´ (cap. XXIV)" . Lo que incorporamos son algunas referencias de Guénon al celtismo y druidismo en otros de sus ibros. Al igual que él, no creemos en "neodrudismos", es decir, en la pervivencia tradicional de una orden iniciática regular celto-druídica contemporánea, o la de una iglesia celta tradicional. Los grupos que campean por Francia, Irlanda y en torno a Stonehenge, no son sino "ismos" modernos sin que exista eslabón iniciático regular con el druidismo. Pasamos, a continuación, a recoger lo escrito por Guénon, al respecto.

INTRODUCCIÓN GENERAL AL ESTUDIO DE LAS DOCTRINAS HINDÚES

"El Celtismo no existe ya más que en estado de recuerdo histórico..."

"Se sabe, por ejemplo, que la enseñanza de los Druidas permaneció siempre exclusivamente oral, aun en una época en que los Galos conocían con seguridad la escritura, puesto que se servían corrientemente de un alfabeto griego en su relaciones comerciales; de modo que la enseñanza druídica no dejó ninguna huella auténtica, y como mucho se pueden reconstruir con más o menos exactitud algunos fragmentos muy limitados.."

APRECIACIONES SOBRE EL ESOTERISMO CRISTIANO
"No nos parece dudoso que los orígenes de la leyenda del Grial deban remitirse a la transmisión de elementos tradicionales, de orden iniciático, del Druidismo al Cristianismo; habiendo sido esta
transmisión operada con regularidad, y cualesquiera hayan sido por lo demás sus modalidades, esos elementos formaron desde entonces parte integrante del esoterismo cristiano ...".
"La leyenda, por otra parte, no dice dónde ni por quién fue conservado el Grial hasta la época de Cristo, ni cómo se aseguró su transmisión; pero el origen céltico que se le reconoce debe
probablemente dejar comprender que los Druidas tuvieron una parte de ello y deben contarse entre os conservadores regulares de la tradición primordial. En todo caso, la existencia de tal centro espiritual, o
inclusive de varios, simultánea o sucesivamente, no parece poder ponerse en duda, como quiera haya de pensarse acerca de la localización; lo que debe notarse es que se adjudicó en todas partes y
siempre a esos centros, entre otras designaciones, la de "Corazón del Mundo", y que, en todas las tradiciones, las descripciones referidas a él se basan en un simbolismo idéntico, que es posible seguir hasta en los más precisos detalles. ¿No muestra esto suficientemente que el Grial, o lo que está así representado, tenía ya, con anterioridad al Cristianismo, y aun a todo tiempo, un vínculo de los más estrechos con el Corazón divino y con el Emmanuel, queremos decir, con la manifestación, virtual o real según las edades, pero siempre presente, del Verbo eterno en el seno de la humanidad terrestre..".
" Por otra parte, en lo que a los celtas se refiere, hemos cuidado recordar qué precauciones se imponen cuando quiere hablarse de ellos, en ausencia de toda documentación escrita ..".
"Asimismo, la copa, en una u otra forma, desempeña, al igual que el corazón mismo, un papel muy importante en muchas tradiciones antiguas; y sin duda era así particularmente entre los celtas, puesto que de éstos procede lo que constituyó el fondo mismo o por lo menos la trama de la leyenda del Santo Grial. Es lamentable que no pueda apenas saberse con precisión cuál era la forma de esta tradición con anterioridad al Cristianismo, lo que, por lo demás, ocurre con todo lo
que concierne a las doctrinas célticas, para las cuales la enseñanza oral fue siempre el único modo de transmisión utilizado; pero hay, por otra parte, concordancia suficiente para poder al menos estar seguros sobre el sentido de los principales símbolos que figuraban en ella, y esto es, en suma, lo más esencial..".

FORMAS TRADICIONALES Y CICLOS CÓSMICOS
"El hecho de que esta misma figura se encuentre en otros lugares además de entre los celtas indicaría que en otras formas tradicionales hubo jerarquías iniciaticas constituidas sobre el mismo modelo (que la jerarquía druídica), lo cual es perfectamente normal...".
"En cuanto a la cuestión de anterioridad, habría que saber primero a qué época precisa se remonta el Druidismo, y es probable que se remonte mucho más allá de lo que se suele creer, tanto más que los
druidas eran poseedores de una tradición de la que parte notable era indiscutiblemente de procedencia hiperbórea...".
"Una gran dificultad, para determinar el punto de unión de la tradición atlante con la tradición hiperbórea, proviene de ciertas substituciones de nombres que pueden originar múltiples confusiones;
pero la cuestión, a pesar de todo, quizá no es del todo insoluble.Al hablar de ese "punto de unión", pensábamos sobre todo en el Druidismo...".

AUTORIDAD ESPIRITUAL Y PODER TEMPORAL
"Se ha señalado que, entre los celtas, los símbolos que figuraban en las monedas no pueden explicarse más que si se los refiere a conocimientos doctrinales propios de los druidas, lo que implica una intervención directa de estos en tal dominio..".
"El nombre de los druidas, se lee "dru-vid", en el que la primera raíz significa la fuerza, y la segunda la sabiduría (1); y la reunión de ambos atributos en ese nombre, como la de los dos elementos de la Esfinge en un solo y mismo ser, además de indicar que la realeza está
implícitamente contenida en el sacerdocio, es sin duda un recuerdo de la lejana época en que los dos poderes estaban todavía unidos, en estado de indistinción primordial, en su principio común y supremo...

(Nota 1. Este nombre tiene por lo demás un doble sentido, que se refiere a otro simbolismo: "dru" o "deru", como el latín "robur", designa a la vez la fuerza y el roble (en griego "drus"); por otra parte, "vid" es, como en sánscrito, la sabiduría o el conocimiento, asimilada a la visión, mientras que también es el muérdago; así, "dru-vid" es el muérdago del roble, que en efecto era uno de los principales símbolos del Druidismo, y al mismo tiempo es el hombre en quien reside la sabiduría apoyada sobre la fuerza. Además, la raíz "dru", como se ve en las formas sánscritas equivalentes "dhru" y "dhri", implica la idea de estabilidad, que por otra parte es uno de los sentidos del símbolo del árbol en general y del roble en particular; y este sentido de estabilidad corresponde aquí muy exactamente a la actitud de la Esfinge en reposo).

Debemos decir por otra parte que los dos símbolos del jabalí y el oso no siempre aparecen forzosamente como estando en lucha o en oposición, sino que también pueden representar a veces los dos poderes espiritual y temporal, o las dos castas de los Druidas y los Caballeros, en sus
relaciones normales y armónicas, como se ve especialmente en la leyenda de Merlín y Arturo, que, en efecto, son también el jabalí y el oso..".

EL REINO DE LA CANTIDAD Y EL SIGNO DE LOS TIEMPOS
¡Hay una observación que es muy fácil de hacer y para la cual basta con tener «ojos para ver»: las monedas antiguas están literalmente cubiertas de símbolos tradicionales, escogidos incluso entre aquellos que presentan un significado especialmente profundo. Así ha podido comprobarse sobre todo que, entre los Celtas, los símbolos que figuran en las monedas no pueden explicarse más que si se ponen en relación con los conocimientos doctrinales propios de los Druidas, lo que por añadidura implica una intervención directa de éstos en el campo de la acuñación. Naturalmente cuanto es cierto en este aspecto para los Celtas conserva su validez al ser referido a otros pueblos de la Antigüedad, habida cuenta, como es lógico, de sus propias modalidades y de sus respectivas organizaciones tradicionales. Ello concuerda muy exactamente con la inexistencia de un punto de vista profano en las civilizaciones estrictamente tradicionales: allí donde existía, la moneda no podía ser esa cosa profana en la que se ha convertido posteriormente ..".

Nazgul - Under the barbarian swords

jueves, 17 de noviembre de 2011

Federación de ANtiguas Religiones Hispánicas

Federación de las Antiguas Religiones Hispánicas, se ha creado para representar a las entidades religiosas paganas españolas ante el Reino de España, con la finalidad exclusiva de obtener la declaración de religión de notorio arraigo para poder ejercer plenamente los derechos legales que como religión le corresponden, y ejercer ante el Reino de España la representación y responsabilidades que de dicha declaración pudieran derivarse. A tal efecto esta Federación se inscribe en el Registro de Entidades Religiosas a fin de tener personalidad jurídica propia.

El fin de la FARH es la representación de las entidades religiosas practicantes de las Antiguas Religiones Hispánicas, a los efectos expresados en él, para impulsar y facilitar su práctica.

Condiciones de ingreso de nuevas entidades religiosas en esta Federación:

1.- Estar debidamente registradas en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia del Reino de España.
2.- Practicar los ritos de alguna de las Antiguas Religiones Hispánicas Paganas.
3.- Rechazar de forma total y plena a todo tipo de acto violento, discriminatorio o delictivo.
4.- Ser avalada por al menos dos entidades religiosas ya federadas.

Facultades del Secretario General.

1.- La Plena representación legal de la Federación.
2.- Velar por el cabal cumplimiento del fin de la Entidad.
3.- Representará legalmente a la Entidad en la celebración de cuantos actos jurídicos y contratos se deriven de los acuerdos del Asamblea General, salvo que en el momento de adoptarse el acuerdo se hubiera delegado la representación en algún miembro en particular.
4.- También, previo acuerdo de la Junta Directiva, representará a la Entidad en cuantos litigios, cuestiones y asuntos administrativos, gubernativos, judiciales y extrajudiciales, resulte interesada la Entidad como demandante o demandada, o por cualquier otro título, hallándose facultado para otorgar poderes a abogados y procuradores para que representen a la Entidad ante toda clase de autoridades u órganos jurisdiccionales.
5.- Abrir y cancelar cuentas bancarias o cartillas de ahorro, pudiendo disponer de fondos de las mismas, librar talones y, en general, cuantas operaciones se deriven de la existencia de tales cuentas y cartillas, con la firma mancomunada de cualquier otro miembro de la Junta Directiva.
6.- La firma social en cuantos asuntos le incumban.

Contacto:

federacion@antiguareligion.es

martes, 8 de noviembre de 2011

lunes, 7 de noviembre de 2011

jueves, 3 de noviembre de 2011

El MEH de Burgos nos acerca la historia y la vida de los neandertales

Hasta el próximo 25 de marzo una interesante exposición nos mostrará en Burgos la vida de los neandertales, una de las especies humanas que nos precedió.

Tras las exposiciones "Cómo se hizo...", "La Dieta que nos hizo humanos", "Revolución" y "La Joya del Silo", la Junta de Castilla y León presenta la quinta exposición temporal del Museo de la Evolución Humana: Neandertales, desde Iberia hasta Siberia, que estará abierta al público hasta el 25 de marzo de 2012.
La muestra reúne los principales fósiles originales de Neandertales hallados en Castilla y León, además de piezas depositadas en el Museo Arqueológico Nacional, en el Museo Geominero, y reproducciones realizadas expresamente para el Museo de la Evolución Humana de piezas expuestas en el Neanderthal Museum de Alemania, el Musée Tautavel de Francia, el IPHES de Tarragona y del Área de Prehistoria de la Universidad de Burgos.
La Consejería de Cultura y Turismo ha organizado esta exposición con el objetivo de acercar al público la visión global de la historia de los neandertales, explicar su lugar en el proceso evolutivo y su escenario territorial, ubicado fundamentalmente en Europa. La exposición desarrolla un discurso divulgativo sobre la historia de los descubrimientos de este linaje, su contexto filogenético, las peculiares características anatómicas, el medio natural en el que se desenvolvieron, cómo vivían y lo que supuso la llegada de los cromañones para terminar abordando su extinción.
Como parte de la exposición, el Museo de la Evolución Humana exhibe por primera vez en España una reproducción de un bebé neandertal realizado a partir del molde del cráneo de la Roc-de-Marsal, uno de los yacimientos más importantes ubicado en Dordoña (Francia). Esta reproducción es obra de Elizabeth Daynés, escultora francesa especializada en reconstrucciones antropológicas y autora de las piezas que se exhiben en la Galería de los Homínidos del Museo.
Los visitantes que acudan a la exposición también tendrán la oportunidad de contemplar los únicos fósiles humanos encontrados en Castilla y León de Neandertales, procedentes de la cueva de Valdegoba en la localidad burgalesa de Huérmeces, y muestra la industria lítica encontrada en la Cueva de la Ermita en Hortigüela, en Burgos.

El hombre del neandertal
El hombre del neandertal fue el primer fósil humano identificado a mediados del siglo XIX tras los descubrimientos en Bélgica, Gibraltar y en el valle del Neander en Alemania. En 1863 ya se propuso el nombre de Homo neanderthalensis, poco después de la publicación del libro de Darwin El origen de las especies.
En 1996 se extrae por vez primera restos de ADN de un humano fósil, precisamente de un neandertal, y los resultados, publicados en el primer borrador del genoma neandertal en 2010, apuntan a una posible hibridación con los sapiens.
La península Ibérica es un referente internacional para entender la historia evolutiva de los neandertales. La colección de fósiles humanos de la Sima de los Huesos y restos de Galería en la sierra de Atapuerca son los mejores ejemplos de ancestros neandertales en Europa. Se conocen unos treinta yacimientos que han conservado fósiles neandertales clásicos.
Los últimos neandertales vivieron en el sur de la Península Ibérica, donde desaparecieron hace alrededor de 30.000 años. Su territorio se extendió desde las costas de Portugal hasta Siberia Occidental pasando por el próximo Oriente, y desde las penínsulas del sur de Europa hasta casi rozar el círculo polar ártico. Los neandertales eran eminentemente carnívoros y recientemente se ha conocido que su dieta en Gibraltar incluía el consumo de animales marinos como crustáceos, moluscos o delfines. Usaban el fuego de forma regular y diversificada y son los primeros humanos que enterraron de forma intencionada sus muertos. También está demostrada la práctica del canibalismo en algunos yacimientos.
En la exposición han colaborado el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Geominero, el Museo de Burgos, el Museo Numantino de Soria, el Museo de Palencia, el Museo de Salamanca, el Museo Arqueológico y Paleontológico de Salas de los Infantes, el Museo de Valladolid, el Museo de Fauna Salvaje de Valdehuesa de Boñar, la Universidad de Burgos, el Grupo de PaleoAntropología MNCN-CSIC, el equipo de investigación de El Sidrón, el equipo de investigación de Atapuerca, el CENIEH, SierrActiva y el IPHES de Tarragona.

sábado, 29 de octubre de 2011

Samhain 2011

lunes, 17 de octubre de 2011

¿De filo o de punta?. La Antigüedad hispana.

PLANTEAMIENTO
"Praeterea non caesim sed punctim ferire discebant", "además enseñaban a herir no de filo sino de punta". Así describía FlavioVegecio Renato (Epitoma Rei Militaris 1, 12) la esencia del entrenamiento con la espada de los legionarios romanos. Vegecio continúa explicando que los romanos sometieron con facilidad a quienes se enfrentaron con ellos empleando armas diseñadas para golpes tajantes, porque éstos, incluso los de mayor fuerza, rara vez matan, dado que los órganos más vitales del cuerpo están protegidos tanto por huesos como por armaduras. El tratado de ciencia militar de Vegecio fue escrito en una fecha indeterminada entre 383 d.C. y 450 d.C., en plena crisis del Imperio Romano, y, más que de la ciencia militar de su propia época, es un resumen -a menudo caótico- de textos muy anteriores, la mayoría hoy perdidos, junto con datos contemporáneos al autor.
La tradición romana de preferir los golpes de espada dados de punta frente a los de filo se remonta muchos siglos atrás, al menos a la época inmediatamente anterior a las Guerras Púnicas. Así, ya Polibio (c. 200- c. 118 a.C.) escribía en el contexto de las campañas contra galos boyos e insubres de 224-222 a.C. que "por su construcción, las espadas galas sólo tienen eficaz el primer golpe, después del cual se mellan rápidamente, y se tuercen de largo y de ancho de tal modo que si no se da tiempo a los que las usan de apoyarlas en el suelo y así enderezarlas con el pie, la segunda estocada resulta practicamente inofensiva [...] Los romanos, en cambio, que utilizan sus espadas no de filo, sino de punta, porque no se tuercen, y su golpe resulta muy eficaz, herían, golpe tras golpe, pechos y frentes, y mataron así a la mayoría de enemigos..." (Polibio, 2, 33; también interesantes 2, 30, 8, Dionisio de Halicarnaso, 14, 10, 17 y Polieno, Estratagemas 8,7,2).
Cuando narra Polibio la batalla de Cannas (216 a.C.), en la que el ejército cartaginés de Aníbal contaba con contingentes galos e hispanos, además de los africanos, insiste en la misma idea: "los iberos y los galos tenían el escudo muy parecido, pero en cambio las espadas eran de factura diferente. Las de los iberos podían herir tanto de punta como por los filos; la espada gala, en cambio, servía sólo para herir de filo, y ello aún a cierta distancia" (3, 114, 3). Parece evidente que Tito Livio, autor posterior a Polibio, seguía a éste cuando en su narración de la misma batalla de Cannas escribía: "Los galos y los hispanos tenían escudos de casi idéntica forma, mientras que las espadas se diferenciaban en forma y tamaño: las de los galos, muy largas y sin punta; las de los hispanos, manejables por lo cortas y con punta, pues estaban acostumbrados a atacar al enemigo clavando más que dando tajos" (Livio, 22, 46, 5). Por cierto que la propia redacción del original latino de Livio hace sospechar que pudo ser la fuente del texto tardío de Vegecio con que abríamos estas páginas: "Hispano, punctim magis quam caesim adsueto petere hostem, brevitate habiles et cum mucronibus".
Contamos pues, hasta ahora, con tres datos: los antiguos romanos preferían las espadas punzantes a las tajantes por su inherente superioridad; las espadas galas eran sólo tajantes, y las empleadas por los iberos eran mixtas, punzantes y tajantes. A esto hay que añadir una cuarta información: según las propias fuentes antiguas, en un momento indeterminado, pero probablemente entre el 225 y el 200 a.C., los romanos adoptaron una espada de origen ibérico, que denominaron gladius hispaniensis. La fuente más explícita (aunque hay otras varias) es un manuscrito bizantino del s. X d. C., la Suda, que en este caso recoge un texto de Polibio (fr. 96) "los celtíberos difieren mucho de los otros en la preparación de las espadas. Tienen una punta eficaz y doble filo cortante. Por lo cual los romanos, abandonando las espadas de sus padres, desde las guerras de Aníbal cambiaron sus espadas por las de los iberos...". Fragmento éste que enlaza con la descripción que de la espada romana de su época hace Polibio: "la espada, que llevan colgada sobre la cadera derecha y que se llama 'española'. Tiene una punta potente y hiere con eficacia por ambos filos, ya que su hoja es sólida y fuerte" (6, 23,6-7).

PRIMERA CUESTIÓN: LA SUPERIORIDAD DE LA PUNTA SOBRE EL FILO.
Por lo que se refiere a la primera cuestión (la supuesta superioridad inherente de las espadas punzantes frente a las tajantes), los tratados modernos tienden a confirmarla, aunque con matices. En lo que hay acuerdo general es que las heridas punzantes son más peligrosas que las tajantes (Quesada, 1992:68-69; Clements, 1997:8-9). El notable personaje que fue Richard F. Burton, aventurero, viajero, lingüista, militar, escritor y esgrimista, publicó en 1884 una obra, The book of the Sword, en la que, muy en la línea de las concepciones etnográficas y raciales de su tiempo, atribuía características 'raciales' a los tipos de armas: "He dado precedencia a la hoja curva porque el golpe cortante es más natural para el hombre que el punzante. La naturaleza humana tiende al golpe 'curvo' hasta que un entrenamiento severo le enseña a golpear directo desde el hombro. [...] Y sin embargo no hay duda sobre la superioridad del golpe punzante sobre el cortante. Como muestra el diagrama, A, que ataca de punta, tiene ventaja en tiempo y distancia sobre B que usa el filo. [...] Las gentes de las latitudes meridionales (por ejemplo, las que habitan alrededor del Mediterráneo, el foco de la civilización antigua, donde la espada ha jugado su papel más brillante y dominante) son razas activas y ágiles de constitución ligera y poder muscular comparativamente reducido. En consecuencia han preferido habitualmente, y todavía prefieren, el arma de punta, cuya estocada mortal puede darse sin necesitar fuerza o peso. Por la razón inversa los hijos del Norte han elegido el Espadon propiamente dicho, la hoja larga, recta, pesada, de doble filo, que se adecuaba con su superior estatura y poder de momento. Esta es una visión geográfica y etnológica de la distribución de la espada, una regla sin embargo tan general que deben esperarse multitud de excepciones..." (Burton, 1884, 126-128).
No sería prudente sonreír con superioridad ante la aparente ingenuidad de Burton: hay mucho en la arqueología y en las fuentes literarias antiguas que tiende a apoyar su visión etnográfica. Y en todo caso, todos los tratadistas en esgrima y estudiosos de las armas blancas más recientes mantienen la superioridad de la espada punzante o mixta sobre la exclusivamente tajante, más primitiva dado que la tendencia general del hombre es a tajar (así por ejemplo Oakeshott, 1963:33-35; Clements, 1997:13-14; Bridgfoot, 1997:113).
Por otro lado, también debe tenerse en cuenta que la ciencia de la esgrima con armas exclusivamente punzantes, que alcanzó su carta de naturaleza sólo en el s. XVI (Clements, 1997:5 ss.) y su plenitud sólo en el s. XVIII (Oakeshott, 1963:34), es realmente útil sólo en duelos individuales (Clements, 1997:8, 11-13), en defensa personal en la ciudad (ibidem pp. 21-22) y en especial cuando se enfrentan combatientes sin protección corporal (Bridgfoot, 1997:113).
En circunstancias de batalla, cuando el combatiente debe esperar ser atacado desde varias direcciones y por distintos enemigos protegidos con corazas, cascos y escudos, la situación puede ser muy diferente. Entonces una espada ropera (o rapière) sólo punzante puede ser menos útil que una espada sólo tajante: la segunda tiene al menos la oportunidad de herir el hombro, brazo o cabeza del rival e incapacitarle; el estoque, en teoría más peligroso, debe primero encontrar puntos débiles en la protección del enemigo para poder penetrar (la axila, el cuello o el bajo vientre), y esta selección del blanco es problemática en el caos del combate. Mientras que una punta de flecha o un pilum, lanzados con gran impulso, pueden penetrar una coraza, la espada estoque, impulsada sólo por la fuerza del brazo (y con suerte, del cuerpo entero), encuentra más problemas. Por eso la gran mayoría de las espadas de guerra a lo largo de la historia (hasta la generalización de las armas de fuego y consecuente desaparición de las corazas) han sido, o bien puramente tajantes, o de uso mixto; no estoques puros, caracterizados por su hoja estrecha y muy aguda y que no se encuentran en la Antigüedad o Edad Media. Incluso la corta y ancha espada griega hoplita (xiphos) y la romana imperial (gladius), de la que las fuentes enfatizan su uso punzante, eran armas de uso mixto, aunque en el contexto de una táctica de formaciones cerradas se emplearan sobre todo pero no exclusivamente para punzar, en una secuencia que incluía primero empujar con el escudo al enemigo para desequilibrarle, y luego tratar de herirle en el vientre.

SEGUNDA CUESTIÓN: LAS ESPADAS GALAS.
Por lo que se refiere a las espadas galas, la arqueología confirma en buena parte las afirmaciones citadas de Polibio. Aunque las primeras espadas celtas (del periodo de La Tène I, hacia el s. IV a.C.) son piezas de hoja recta y punta aguda, de uso mixto tajante-punzante, hacia el s. III a.C. habían evolucionado hacia un tipo de espada más larga, de hasta un metro de hoja, con filos paralelos y rectos, únicamente utilizables para asestar grandes golpes de sable (Dionisio de Halicarnaso, 14, 10, 17). En cambio, y aunque no se puede negar que algunas espadas de mala calidad se doblaran con facilidad, los estudios recientes permiten afirmar que muchas espadas de La Tène II-III son de buena calidad metalúrgica (Pleiner, 1993:159ss.). En todo caso, esta cuestión no nos afecta ahora porque, aunque en Iberia aparecen numerosas espadas rectas de tipo de La Tène I y derivados locales, apenas si existen, salvo en Cataluña, espadas tajantes de La Tène II-III.

LA TRADICIÓN DE LAS ESPADAS DE IBERIA Y EL 'GLADIUS HISPANIENSIS' ROMANO.
Las cuestiones tercera y cuarta son para nosotros de la mayor importancia: según Polibio y Livio, las espadas de los hispanos eran muy eficaces, por su doble capacidad de herir de filo y de punta; tanto que fueron adoptadas por el ejército romano republicano como gladii hispanienses, espadas hispanas que causaron terror entre otros enemigos de Roma, como los macedonios en 199 a.C. (Tito Livio, 31, 34).
Planteada así la cuestión en sus términos de significado histórico, es como como podemos pasar a examinar la tradición formal y funcional de las espadas de la Pnínsula Ibérica desde el final de la Edad del Bronce y hasta la llegada de los romanos a fines del s. III a.C., para averigüar si efectivamente hay una tradición homogénea, y cuál pudo ser la espada que los romanos copiaron.
Aunque en el Bronce Pleno (en torno al s. XV a.C.) surgieron, por ejemplo en el Egeo, esapdas de bronce aparentemente diseñadas como estoques, hay suficientes pruebas arqueológicas de que a menudo se empleaban de otro modo: la empuñadura no es integral con el arma, sino que consiste de una pieza independiente remachada a la hoja. Los desgarros laterales que a menudo presentan los orificios de remaches en los hombros de estas espadas indican claramente que fueron -mal- utilizadas en golpes tajantes: su carácter punzante era pues resultado de su debilidad estructural (Oakeshott, 1963:34; contra Godon, 1953:74); incluso se han planteado dudas sobre su misma funcionalidad (Drews, 1993:198 con más referencias; Harding, 1999:162 ss.). En el Bronce Final de la Península Ibérica, como en el resto del Mediterráneo, se popularizaron después espadas de hoja más o menos pistiliforme y empuñadura de lengüeta solidaria con la hoja, de función mixta, tajante y punzante, aunque el ensanchamiento de la hoja en el tercio distal (hacia la punta) implica un mayor énfasis en los golpes tajantes. Algunas de las espadas de este tipo se cuentan entre las mejor diseñadas, sólidas y equilibradas de la historia de las armas blancas. Con todo, en el Bronce Final del Mediteráneo Occidental y en el Bronce Final Atlántico, hacia los siglos X-IX a.C. se produjo una novedad curiosa consistente en la aparición de unos tipos de espada (llamadas 'de lengua de carpa' y sus evoluciones 'Vénat' y 'Sa Idda'), con nervio marcado, en las que la punta se aguza y estrecha considerablemente, todo lo cual implica un nuevo énfasis hacia la función punzante, aunque la tajante no se pierde del todo. La composición del bronce, binario, es buena, con una media del 10% de estaño (Rovira, 1995); la tecnología parte de la fundición en un molde de piedra.
Con la extensión del uso de la metalurgia del hierro en Iberia, hacia los ss. VII-VI a.C., asitimos a un fenómeno notable: los artesanos tartésicos y los del área levantina trataron de imitar la vieja tradición de espadas broncíneas largas de hoja recta y punta aguda del Bronce Final pero en hierro forjado, primero copiando exactamente los modelos de bronce (espada de Cástulo) y luego ensayando otros derivados (Palmarón en Huelva, Can Canyis en Tarragona, La Solivella en Castellón). Al tiempo, en la zona nororiental aparecen espadas de hoja larga y recta y empuñadura de antenas (alguna, como la de Camallera, de hasta 73 cm. de hoja). Sin embargo, estas dos tradiciones de armas de larga hoja recta murieron en el s. VI a.C., probablemente porque la metalurgia inicial del hierro todavía no estaba bien adaptada a forjar hojas sólidas y que a la vez fueran largas y estrechas. En todo caso, cuando tras un cierto hiato en nuestra información volvemos a contar con espadas en yacimientos arqueológicos, ya a fines del s. V a.C., la situación ha cambiado por completo: la tradición de largas espadas ha desaparecido para siempre, sustituida por otra basada en las espadas cortas (Quesada, 1997:194-203).
En el ámbito de la Cultura Ibérica (a grandes rasgos, Andalucía, Sureste y Levante) desde el s. V y hasta el I a.C. encontramos básicamente dos tradiciones de espadas: la famosa falcata (Quesada, 1992) y las de hoja recta, corta y ancha. El área catalana responde a una tradición armamentística diferente, de tipo galo.
La falcata ibérica procede de un prototipo itálico del s. VI a.C., muy modificado hasta el punto de constituir un arma diferente. Las machairas itálicas son sables largos y curvos, de un sólo filo, con una media de 64,5 cm. de longitud de hoja, y de función exclusivamente tajante. Los artesanos ibéricos modificaron este arma para convertirla en una espada mucho más corta (hoja de 48,5 cm. de media), y sobre todo de doble uso, tajante-punzante. Esto se aprecia sobre todo en la aparición de un contrafilo en el dorso de la hoja que abarca en torno a un tercio de la longitud de la misma, y en una menor curvatura de la espada. Así, la falcata se convierte en una espada cortante y punzante pero de hoja muy ancha, adecuada para un combate tanto en orden cerrado, al modo romano o griego (donde se usarían golpes de punta hacia el vientre del enemigo, tal y como se observa en el caso del relieve de Osuna en Sevilla), como para un combate algo más abierto, con golpes cortantes laterales o verticales desde el hombro. Este último empleo es el documentado por un texto de Séneca (De Beneficiis, 5, 24): "Recuerdas, César, aquella ocasión en la campaña de Hispania?. Te habías torcido el tobillo, no podías andar, y estabas sediento. Uno de tus soldados recogió agua en su casco y te la trajo... tú crees que podrías recordar perfectamente a aquel hombre que te ayudó. Y sin embargo no me reconoces, porque en aquel entonces yo era todavía un hombre completo; después, en la batalla de Munda, perdí un ojo y parte de los huesos de mi cabeza... Tampoco reconocerías el casco que llevaba, porque una falcata hispana lo partió por la mitad".
Aunque la falcata fue, con diferencia, la espada de más éxito entre los antiguos ibéricos, entre otras cosas por sus connotaciones simbólicas (Quesada, 1992:201 ss.; 1997:162 ss.), durante los siglos V y IV a.C. aparece a menudo acompañada de espadas de hoja recta simétrica, de dos tipos diferentes. Uno es la espada de frontón, de origen mediterráneo, con hoja muy ancha y ligeramente pistiliforme y una peculiar empuñadura rematada en un pomo curvo en forma de frontón (de ahí su nombre). Es un arma mediana, con una hoja de en torno a los 40 cm., pesada y de funcionalidad muy similar a la de la falcata. El otro tipo, menos frecuente, es de fabricación ibérica pero de origen distinto, pues procede de la Meseta: son espadas con pomo rematado en 'antenas atrofiadas', de empuñadura redonda o facetada, a menudo decorada con damasquinados en plata o cobre. Aunque tipológicamente son muy diferentes, y tienden a ser aún más cortas, su función es también mixta, aunque probablemente se emplearan más en función punzante dada su corta longitud. La gran anchura de las hojas de todas estas espadas (falcata, frontón y antenas) hace que no sean demasiado eficaces como armas punzantes contra enemigos muy protegidos con corazas metálicas, pero lo cierto es que todo lo que sabemos sobre la guerra en la Iberia prerromana indica que el armamento defensivo se limitaba sobre todo escudos y cascos, mientras que la coraza, cuando existía, era sobre todo de cuero o material orgánico acolchado, más fácil de perforar; además, el muslo y el bajo vientre estaban mal protegidos, probablemente en aras de la movilidad.
A lo largo de toda la Segunda Edad del Hierro, el área catalana adoptó una panoplia esencialmente distinta, de tipo galo, basado en la espada recta de tipo de La Tène I, de mayor longitud (hoja en torno a los 60 cm.), pero también de función mixta tajante-punzante. A lo largo del tiempo, estas espadas evolucionaron en la misma línea que sus vecinos al Norte de los Pirineos, alargándose y enfatizando la función cortante, aunque probablemente sin llegar al extremo del mundo galo.
En el interior peninsular, y en especial en la Meseta Norte, la evolución del armamento siguió líneas diferentes. Aquí la tradición mayoritaria y casi exclusiva es la de espadas de antenas atrofiadas de origen norpirenaico, aunque mucho más cortas, de en torno a los 30 cm. de hoja, hasta el punto que, para los estandares centroeuropeos, las espadas peninsulares serían casi puñales. En todo caso, a lo largo del tiempo se aprecia una cierta -y sólo parcial- tendencia a la aparición de tipos ligeramente más largos (longitud media de la hoja, 35cm. ) y con hoja pistiliforme, como el tipo Quesada VI (1997:221 ss.), que podría indicar un empleo de filo más frecuente. De todos modos, resulta difícil visualizar una función tajante para armas de hoja tan corta. En todo caso, debe recordarse que el arma principal en toda la Península durante toda la Edad del Hierro es la lanza y la jabalina, mientras que la espada sólo debía emplearse como último recurso.
Junto a las espadas de antenas, a partir de fines del s. IV se extendieron por la Meseta las versiones locales de la espada de La Tène I galas, modificando sobre todo la vaina y el sistema de suspensión, más que la espada en sí misma. Estas armas perduraron y alcanzaron gran popularidad durante los ss. III-II a.C., mientras que en la propia Galia habían sido sustituidas por los largos espadones ya comentados. Estas espadas de unos 60 cm. de hoja son mucho más útiles como armas de empleo mixto (Quesada, 1997:248 ss.).
Volvemos así, por fin, a una de las cuestiones que planteábamos al principio: ¿cuál es el prototipo del gladius hispaniensis romano?. Esta es una cuestión que ha sido muy discutida desde principios del s. XX pero, a la vista de recientes descubrimientos arqueológicos de espadas romanas de este tipo sólo cabe una respuesta (Quesada, 1997b): de entre todos los candidatos, sólo la versión celtibérica tardía modificada de la espada de La Tène I gala es adecuada como prototipo; más aún, es prácticamente imposible distinguir estas espadas de necrópolis meseteñas relativamente tardías como Arcóbriga o La Osera, o incluso quizá en algunos yacimientos ibéricos como Puntal dels Llops (Valencia), de las espadas romanas republicanas halladas desde La Rioja en España hasta Delos en Grecia, pasando por el sur de Francia o Eslovenia.
En cuanto a los puñales, exigirían un estudio aparte dada la gran variedad de tipos y variantes que existe tanto en el ámbito mediterráneo como en el interior de la Península. En todo caso, y aunque hay algunos tipos perfectamente funcionales como armas, la mayoría, por su pequeño tamaño, por la forma de la hoja (por ejemplo los puñales de hoja triangular andaluces y murcianos), y por las peculiaridades decorativas (por ejemplo los puñales 'Monte Bernorio' del Alto Ebro), debieron ser objetos de prestigio, símbolos de status más que armas proipiamente dichas, y por tanto su análisis funcional resulta aún más resbaladizo que en el caso de las espadas.
Fernando Quesada