miércoles, 24 de abril de 2013

Santuario Celtíbero de Segeda demuestra que los celtas dieron importancia religiosa a los solsticios y Equinoccios

Durante mucho tiempo se ha creído y mantenido que los pueblos celtas no tuvieron en el pasado una relación directa y religiosa con los Ciclos Solares (Solsticios y Equinoccios). Esta tesis fue mantenida por famosos celtistas como Jean Markale, que en muchas de sus obras desmiente esta relación hasta el punto de vincularla con lo que él identificaba con el neo-druidismo romántico y el esoterismo, sin vinculación con el pasado celta y el druidismo.
Afortunadamente la arqueología, ciencia viva que evoluciona a razón de nuestra implicación en rescatar los testimonios físicos de nuestros antecesores, de un tiempo a esta parte se obceca en dar la razón evidencia tras evidencia, a quienes siempre han defendido que aquellos primeros revitalizadores del druidismo y los Cultos celtas no estaban ni mucho menos equivocados al presentar una religión mucho más compleja y asentada de lo que se pensaba en un principio, destacando sobre la idea de préstamos esotéricos posteriores, que quizá hayan sido los celtas, entre otros, quienes inspirasen las creencias de ocultistas y escuelas herméticas de la Era Moderna y no al contrario, como se creía.
Para este caso traemos a colación un hallazgo de 2011 que demuestra la importancia ritual y sagrada del Ciclo Solar para los celtas. Concretamente nos referimos al descubrimiento del que se harían eco en el Blog Noticias e Historia Antigua y Arqueología, de un medidor astronómico, único en Europa, en las excavaciones del Templo de la emblemática ciudad de Segeda (Sekaiza, en Calatayud, Zaragoza) de la tribu celtíbera de los Belos, ya histórica por diferentes motivos a cada cual más emblemático, como lo son, por ejemplo, deber a su belicosidad que los romanos cambiaran su calendario y a fecha de hoy celebremos el cambio de año en enero, o que por su causa comenzase la segunda Guerra Celtíbera.
En cuanto a las extraordinarias características de este Santuario Celtíbero de Sekaiza, por desgracia muy poco conocidas, extractamos la información que nos ofrecen desde Celtiberia Histórica:

“Este posible santuario esta situado en un pequeño altozano, a una distancia de 800m al sur del Poyo, en la periferia de la ciudad, extramuros, próximo a su muralla.
Se trata de una gran estructura aislada, cerrada por dos muros, con una longitud conservada de 10 y 16,6m y dos hiladas de altura, construidas con grandes sillares de yeso, que unen en un ángulo de 120º (no utilizado en la arquitectura de esta época). El espacio interno es una plataforma de grandes losas de yeso y caliza trabadas con arcilla. Los muros y el enlosado fueron nivelados y cubiertos, a su vez, por una capa de adobes y arcilla. Los trabajos agrícolas han destruido parte de esta construcción, sobre todo en los extremos norte y suroeste.
Después de varias propuestas anteriores sobre la posible funcionalidad de esta estructura, recientemente se ha planteado que se trata de una “santuario”. Se han llevado a cabo cálculos astronómicos y atendiendo al empleo de un ángulo, de 120º, en la piedra angular (no utilizado en la arquitectura de esta época), lo que significa el uso del sistema sexagesimal, que lo pone en relación con referentes culturales del Mediterráneas en la antigüedad. A su vez, la base de este trapecio coincidiría con el norte astronómico, mientras que el lado mayor de la plataforma estaría orientado a la Parada Mayor de la Luna, es decir, cuando la luna está más alejada, más alta en el firmamento.
Según estos datos se trataría de un santuario celtibérico que se levantó teniendo en cuenta distintas orientaciones astronómicas, ya que los celtíberos lo habrían construido alineándolo con el solsticio de verano, los equinoccios, el norte astronómico y la Parada Mayor de la luna, que marca un ciclo de 19 años (ciclo de Metón).“

Poco más nos queda ya por decir que no haya quedado perfectamente explicado con este resumen, salvo que animamos a forzar nuestra imaginación y memoria para dar sentido a las muchas coincidencias simbólicas que de seguro ya habrán llamado nuestra atención.
Fernando González-Wicca Celtíbera



miércoles, 10 de abril de 2013

Nuestra Europa


Un yacimiento íbero abandonado a su suerte

Las brechas en la valla del yacimiento del Oral permiten que cualquiera pueda pasar a contemplarlo. O a cualquier otra cosa, porque nada avisa a los curiosos del extraordinario monumento que se extiende por algo más de una hectárea entre parcelas de alcachofas y la N-332 abandonados a su suerte. Sólo un cartel descolorido en su interior sitúa ante restos arqueológicos a quien llega después de sortear acequias y bancales. No hay indicaciones de acceso. Ni avisos prohibiendo o permitiendo el paso. Ni paneles explicativos. Ni horarios de visita. Solo la cuadrícula de restos de piedra, parcialmente cubiertos con plásticos y lonas en un intento de proteger lo excavado, bajo el sol. Rodeado, eso sí, de una valla perimetral que como frágil intento de protección ha instalado el actual equipo de gobierno del PP, que aunque agujereada no deja de ser una valla. 

Estudiado desde 1981, este "monumento de primer orden" según los arqueólogos, es un excelente ejemplo de poblado construido con planificación previa. La malla perfecta de calles perpendiculares de nueva planta se extiende a la vista de cualquiera (entendido o no) en este suave promontorio de la Sierra del Molar, a 40 metros sobre el nivel del mar, y con unas vistas de la desembocadura del Segura que para sus chalés hubieran querido muchos promotores inmobiliarios de la zona. Uno se pregunta de hecho cómo ha podido sobrevivir este lugar a la vorágine urbanística de la Vega Baja, en cuya lista de despropósitos y depredación del suelo el municipio de San Fulgencio brilla con luz propia. Aunque tampoco se puede decir que se haya librado de la agresividad económica de su entorno, como lo demuestra el "paseo" que se dio la excavadora de una cantera próxima en 2004 y que terminó arrasando de un "palazo" un tercio del yacimiento, según informe técnico de la Universidad de Alicante. Menos mal que la zona era propiedad del Ayuntamiento de San Fulgencio desde 1992. Ahí estaban ya las autoridades atentas protegiendo el patrimonio de todos.
Los estudios de Lorenzo Abad y Feliciana Sala hablan del Oral como un espacio rodeado de albufera y con variada economía. Sus gentes tendrían quizá en el comercio su motor de desarrollo local según atestiguan ánforas púnicas, griegas y etruscas encontradas en el lugar, y además se dedicarían a trabajos de tipo extractivo y de transformación relacionados con la industria del salazón. Hasta ahora y en diferentes campañas se han excavado 21 casas, alguna de especial interés.

sábado, 30 de marzo de 2013

Lejos en el Sur


Por inverosímil que resulte (pues la tradición historiográfica que ha venido sosteniendo a los celtas históricos vinculados con la cultura de La Tène, siempre ha descartado prácticamente la presencia de los mismos al sur de los Pirineos), en estudios que han venido desarrollándose en una tendencia desde la década de los ochenta en el siglo XX, se apunta a la presencia de estos pueblos en lugares tan lejanos como el sur de la península ibérica. Esta línea de investigación, inaugurada por Martín Almagro-Gorbea y otros expertos, basa a grandes rasgos su metodología en un interdisciplinar proceso (mezclando etnología, antropología, mitología comparada, estudios lingüísticos, arqueología y cultura material, fuentes literarias, etc.) que apunta a que, al contrario del “celtismo” tradicional, entendido a la asociación directa de una lengua “celta” (la principal preocupación de Untermann, cuya ausencia le impedía afirmar que hubiese celtas en Hispania) a un conjunto étnico y a una arqueología, insiste más en un sustrato proto-celta al cual señalan diversos autores; un sustrato protocelta que recibiría el influjo de las culturas anteriores a ellos en las diversas oleadas que hicieron mella en las poblaciones prerromanas y “celticizaron” (permítase la licencia verbal) del mismo modo, a sus vecinos colindantes.
Tanto resulta así, que en zonas como la meseta, existen vestigios arqueológicos que son tan celtas como los que puedan mostrarse en los yacimientos de La Tène, en la Europa ultrapirenaica; incluyendo numerosos testimonios de autores clásicos como Estrabón, Pomponio Mela, Posidonio, Diodoro o Plinio el Viejo entre otros, en un espacio de tres siglos, de forma a veces un tanto imprecisa o variable, afirman conjuntamente al estudio realizado una realidad que hasta bien poco venía ignorándose en la historiografía, entre otros motivos debido a la nula representación de España en los congresos internacionales.
Así pues, cuando observamos el cuadrante suroeste del mapa en cuestión, apercibimos una etnia que mora el lar comprendido entre los ríos Guadiana y Tajo (región antiguamente llamada Baeturia, aproximadamente coincidente con el actual Alentejo portugués) en la que cohabita junto a los "lusitani", los "celtici". Según el geógrafo Estrabón, éstos eran “afables y civilizados” como sus vecinos los "túrduli", mientras que los "celtici" no merecían tal calificativo, ya que vivían normalmente en aldeas.
Un estudio del terreno descrito, muestra que, en efecto, el suelo volcánico y el clima en exceso húmedo de tal zona, hace más favorable el asentamiento y la supervivencia a través de la ganadería que de la agricultura, lo que favorece un hábitat disperso, una vez más en armonía con el registro arqueológico; se muestra un mapa deoppida repartidos por el territorio, cuyas fases van desde una transición que abandona la tradición e influencia tartésica, a una celtización potente con influjo desde el norte y en última instancia una acusada presencia de elementos romanos, previos a la conquista.
La guinda de todo el pastel viene con el análisis etimológico que se ha efectuado en los topónimos en los últimos tiempos, puesto que las ciudades de Munda y Certima, de raíces celtíberas ambas, han sido identificadas como las modernas Monda y Cártama, en el término provincial de Málaga, escorzando una "Ultima Celtiberia" que compartiría sustrato con aquellos pobladores que, según el geógrafo ya citado, Estrabón, en parte emigraría junto a los túrdulos en un viaje hasta asentarse en la zona del río Limia, donde ambos grupos concluyeron separándose.

Fuentes/Sources:Alberto J. Lorrio y Gonzalo Ruíz Zapatero, "The Celts in Iberia: An Overview", E-Keltoi, 2005.(http://www4.uwm.edu/celtic/ekeltoi/volumes/vol6/6_4/lorrio_zapatero_6_4.html) 
Luís Berrocal-Rangel, "The Celts of the Southwestern Iberian Peninsula", E-Keltoi, 2005. (http://www4.uwm.edu/celtic/ekeltoi/volumes/vol6/6_9/berrocal_6_9.html)


miércoles, 27 de marzo de 2013

Espadas tipo "gündlingen"


En un contexto previo al mostrado por las guerras contra los romanos en la Galia (s. I a.C.), en el que los celtas empuñaban largas espadas de hierro de gran calidad para ser empleadas desde una montura, las armas empleadas al inicio de lo que suele llamarse "cultura celta", presentaban una morfología más parecida a lo que quedaría como rasgo atávico en el escenario irlandés, a saber: un perfil sinuoso en la hoja, con un ensanche en la segunda mitad de la misma y un puño de madera o de otro material. Por razones histórico-culturales estas espadas acabaron evolucionando o conservándose a lo largo del tiempo: entre celtas, los combates solían ser más bien escaramuzas en estos tiempos arcaicos, protagonizados por contingentes pequeños de guerreros donde no faltaban los duelos heroicos o rituales como en el caso de Irlanda. Los reyes y los héroes se desafiarían los unos a los otros, tratando de humillar al enemigo, predominando la espada corta.
Sin embargo, la Galia y el sur de Britania sufrieron el embate de Roma, lo que significó guerras a gran escala, batallas muy grandes, y enviar a la guerra a todo hombre (y en muchos casos mujeres) capaces de empuñar un arma. 
Controvertidas hasta su extremo, las espadas tipo "Gündlingen" representan sin embargo un gran interrogante para los historiadores, debido a que tradicionalmente se las ha tenido como el ejemplo por excelencia de la Cultura de Hallstatt, de lo que se infería una oleada de migraciones de celtas desde centroeuropa hacia occidente y las Islas Británticas, y sin embargo, el diseño parece ser en origen britano, pues puede observarse la casi ausencia de modelos de espadas de esta clasificación fabricadas en hierro en las islas.

Fuentes/Sources: "The Celtic Way of Warfare" (http://www.celtlearn.org/pdfs/warfare.pdf)
"Appendix A, O'Donnel Lectures 2008" (http://www.wales.ac.uk/Resources/Documents/Research/ODonnell.pdf)


El verraco de Yecla

Provisto de 137 cm de longitud, 106 de altura y 39 de anchura, este jabalí esculpido en granito fue encontrado en la localidad salmantina de Yecla de Yeltes, revelándose como una escultura masiva realizada en una única pieza junto a su pedestal (cubierto por la caja de madera en la imagen pequeña), siendo éste último tan tosco que otrora presuntamente se mostrara enterrado. No obstante, merece la pena contrastar el esmero con que están realizadas la profunda incisión de la boca, los colmillos, los orificios nasales del animal, las orejas, la espina dorsal, el rabo, el ano y los genitales; de una forma un tanto esquemática, las patas delanteras se muestran avanzando y las traseras tienen esculpidos los corvejones.
Si bien no confunde su ubicación territorial, es decir, que la zona oriental de la meseta acusa un predominio de las formas bóvidas, (como se ilustró previamente al mencionar los Toros de Guisando, mientras que la zona occidental hasta Portugal muestra predominio de los suidos; si bien, como decíamos, a gran escala resulta coherente con lo que se estudia, su ubicación local despierta fricciones con la hipótesis de las demarcaciones territoriales, puesto que esta escultura (como muchas otras) se encontró junto al muro del Castro de Yecla, perteneciente al "populus" de los vettones.



Fuentes/Sources: R. Martín Valls y P. L. Pérez Gómez, "El Verraco de Yecla de Yeltes: Consideraciones sobre su Interpretación", ISSN: 0514-7336, 2004.



lunes, 25 de marzo de 2013

jueves, 7 de marzo de 2013

miércoles, 27 de febrero de 2013

Karo Zirgas

La Hispania de los Vikingos