sábado, 30 de marzo de 2013

Lejos en el Sur


Por inverosímil que resulte (pues la tradición historiográfica que ha venido sosteniendo a los celtas históricos vinculados con la cultura de La Tène, siempre ha descartado prácticamente la presencia de los mismos al sur de los Pirineos), en estudios que han venido desarrollándose en una tendencia desde la década de los ochenta en el siglo XX, se apunta a la presencia de estos pueblos en lugares tan lejanos como el sur de la península ibérica. Esta línea de investigación, inaugurada por Martín Almagro-Gorbea y otros expertos, basa a grandes rasgos su metodología en un interdisciplinar proceso (mezclando etnología, antropología, mitología comparada, estudios lingüísticos, arqueología y cultura material, fuentes literarias, etc.) que apunta a que, al contrario del “celtismo” tradicional, entendido a la asociación directa de una lengua “celta” (la principal preocupación de Untermann, cuya ausencia le impedía afirmar que hubiese celtas en Hispania) a un conjunto étnico y a una arqueología, insiste más en un sustrato proto-celta al cual señalan diversos autores; un sustrato protocelta que recibiría el influjo de las culturas anteriores a ellos en las diversas oleadas que hicieron mella en las poblaciones prerromanas y “celticizaron” (permítase la licencia verbal) del mismo modo, a sus vecinos colindantes.
Tanto resulta así, que en zonas como la meseta, existen vestigios arqueológicos que son tan celtas como los que puedan mostrarse en los yacimientos de La Tène, en la Europa ultrapirenaica; incluyendo numerosos testimonios de autores clásicos como Estrabón, Pomponio Mela, Posidonio, Diodoro o Plinio el Viejo entre otros, en un espacio de tres siglos, de forma a veces un tanto imprecisa o variable, afirman conjuntamente al estudio realizado una realidad que hasta bien poco venía ignorándose en la historiografía, entre otros motivos debido a la nula representación de España en los congresos internacionales.
Así pues, cuando observamos el cuadrante suroeste del mapa en cuestión, apercibimos una etnia que mora el lar comprendido entre los ríos Guadiana y Tajo (región antiguamente llamada Baeturia, aproximadamente coincidente con el actual Alentejo portugués) en la que cohabita junto a los "lusitani", los "celtici". Según el geógrafo Estrabón, éstos eran “afables y civilizados” como sus vecinos los "túrduli", mientras que los "celtici" no merecían tal calificativo, ya que vivían normalmente en aldeas.
Un estudio del terreno descrito, muestra que, en efecto, el suelo volcánico y el clima en exceso húmedo de tal zona, hace más favorable el asentamiento y la supervivencia a través de la ganadería que de la agricultura, lo que favorece un hábitat disperso, una vez más en armonía con el registro arqueológico; se muestra un mapa deoppida repartidos por el territorio, cuyas fases van desde una transición que abandona la tradición e influencia tartésica, a una celtización potente con influjo desde el norte y en última instancia una acusada presencia de elementos romanos, previos a la conquista.
La guinda de todo el pastel viene con el análisis etimológico que se ha efectuado en los topónimos en los últimos tiempos, puesto que las ciudades de Munda y Certima, de raíces celtíberas ambas, han sido identificadas como las modernas Monda y Cártama, en el término provincial de Málaga, escorzando una "Ultima Celtiberia" que compartiría sustrato con aquellos pobladores que, según el geógrafo ya citado, Estrabón, en parte emigraría junto a los túrdulos en un viaje hasta asentarse en la zona del río Limia, donde ambos grupos concluyeron separándose.

Fuentes/Sources:Alberto J. Lorrio y Gonzalo Ruíz Zapatero, "The Celts in Iberia: An Overview", E-Keltoi, 2005.(http://www4.uwm.edu/celtic/ekeltoi/volumes/vol6/6_4/lorrio_zapatero_6_4.html) 
Luís Berrocal-Rangel, "The Celts of the Southwestern Iberian Peninsula", E-Keltoi, 2005. (http://www4.uwm.edu/celtic/ekeltoi/volumes/vol6/6_9/berrocal_6_9.html)


miércoles, 27 de marzo de 2013

Espadas tipo "gündlingen"


En un contexto previo al mostrado por las guerras contra los romanos en la Galia (s. I a.C.), en el que los celtas empuñaban largas espadas de hierro de gran calidad para ser empleadas desde una montura, las armas empleadas al inicio de lo que suele llamarse "cultura celta", presentaban una morfología más parecida a lo que quedaría como rasgo atávico en el escenario irlandés, a saber: un perfil sinuoso en la hoja, con un ensanche en la segunda mitad de la misma y un puño de madera o de otro material. Por razones histórico-culturales estas espadas acabaron evolucionando o conservándose a lo largo del tiempo: entre celtas, los combates solían ser más bien escaramuzas en estos tiempos arcaicos, protagonizados por contingentes pequeños de guerreros donde no faltaban los duelos heroicos o rituales como en el caso de Irlanda. Los reyes y los héroes se desafiarían los unos a los otros, tratando de humillar al enemigo, predominando la espada corta.
Sin embargo, la Galia y el sur de Britania sufrieron el embate de Roma, lo que significó guerras a gran escala, batallas muy grandes, y enviar a la guerra a todo hombre (y en muchos casos mujeres) capaces de empuñar un arma. 
Controvertidas hasta su extremo, las espadas tipo "Gündlingen" representan sin embargo un gran interrogante para los historiadores, debido a que tradicionalmente se las ha tenido como el ejemplo por excelencia de la Cultura de Hallstatt, de lo que se infería una oleada de migraciones de celtas desde centroeuropa hacia occidente y las Islas Británticas, y sin embargo, el diseño parece ser en origen britano, pues puede observarse la casi ausencia de modelos de espadas de esta clasificación fabricadas en hierro en las islas.

Fuentes/Sources: "The Celtic Way of Warfare" (http://www.celtlearn.org/pdfs/warfare.pdf)
"Appendix A, O'Donnel Lectures 2008" (http://www.wales.ac.uk/Resources/Documents/Research/ODonnell.pdf)


El verraco de Yecla

Provisto de 137 cm de longitud, 106 de altura y 39 de anchura, este jabalí esculpido en granito fue encontrado en la localidad salmantina de Yecla de Yeltes, revelándose como una escultura masiva realizada en una única pieza junto a su pedestal (cubierto por la caja de madera en la imagen pequeña), siendo éste último tan tosco que otrora presuntamente se mostrara enterrado. No obstante, merece la pena contrastar el esmero con que están realizadas la profunda incisión de la boca, los colmillos, los orificios nasales del animal, las orejas, la espina dorsal, el rabo, el ano y los genitales; de una forma un tanto esquemática, las patas delanteras se muestran avanzando y las traseras tienen esculpidos los corvejones.
Si bien no confunde su ubicación territorial, es decir, que la zona oriental de la meseta acusa un predominio de las formas bóvidas, (como se ilustró previamente al mencionar los Toros de Guisando, mientras que la zona occidental hasta Portugal muestra predominio de los suidos; si bien, como decíamos, a gran escala resulta coherente con lo que se estudia, su ubicación local despierta fricciones con la hipótesis de las demarcaciones territoriales, puesto que esta escultura (como muchas otras) se encontró junto al muro del Castro de Yecla, perteneciente al "populus" de los vettones.



Fuentes/Sources: R. Martín Valls y P. L. Pérez Gómez, "El Verraco de Yecla de Yeltes: Consideraciones sobre su Interpretación", ISSN: 0514-7336, 2004.



lunes, 25 de marzo de 2013

jueves, 7 de marzo de 2013

miércoles, 27 de febrero de 2013

Karo Zirgas

La Hispania de los Vikingos

sábado, 26 de enero de 2013

Musee des temps Barbares 2013


Los neandertales usaban ocre rojo hace 250.000 años, antes de lo documentado.

Los primeros neandertales utilizaban ocres rojos desde hace al menos 250.000 años, mucho antes de lo que hasta ahora se había documentado y coincidiendo con la época en la que también lo hacían los ancestros del hombre moderno del Pleistoceno medio en África.
Esta es una de las conclusiones de un trabajo publicado en la revista PNAS, en el que han participado investigadores del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh), en Burgos.
El hallazgo se ha producido en el yacimiento arqueológico de Maastricht-Belvédère, al sur de los Países Bajos.
En los laboratorios del Cenieh se han llevado a cabo los análisis de pequeñas cantidades de material rojo recuperado en las excavaciones de este yacimiento, que indican la presencia de hematites, un óxido de hierro componente principal del ocre rojo, cuya procedencia no se ha podido precisar con exactitud.
En este sentido, Mark Sier, del Cenieh, ha explicado que dicho material tenía que haber sido transportado hasta este yacimiento, “posiblemente desde decenas de kilómetros de distancia”, ya que como se desprende de los análisis efectuados en el citado centro “el hematites no forma parte del entorno sedimentario circundante”.
Los investigadores de este estudio no han especificado cuál es el destino que los neandertales daban a este mineral.
A este respecto, Sier ha aclarado que es verdad que existe una amplia gama de aplicaciones de óxidos de hierro por parte de los últimos cazadores-recolectores, desde su utilización como pigmentos hasta su uso medicinal.
No obstante, los científicos han preferido no especular sobre los usos específicos del ocre rojo en un pasado lejano “de los que no se ha encontrado ninguna constancia”.
El trabajo está liderado por Wil Roebroeks de la Universidad de Leiden (Países Bajos) y, además de Mark J. Sier, ha participado por parte del Cenieh, Josep M. Parés, coordinador del programa de Geocronología.

miércoles, 23 de enero de 2013

¿en qué creían los carpetanos?

En las creencias de los carpetanos no queda más remedio que introducirse en el movedizo terreno de la conjetura, porque al contrario que de los pueblos vecinos, no ha quedado rastro, al menos de momento, de los dioses carpetanos en la epigrafía romana. Ni Ataecina, ni Airón, ni Endovellicus, ni Lug, ni demás dioses de los panteones célticos y lusitanos, que son los más próximos a nuestros protagonistas.
Esto no significa que los carpetanos no adorasen a dioses propios, lo que ocurre es que no han aparecido vestigios del culto, o es que entre sus costumbres no estaba la de citar por su nombre al dios al que le pedían árnica. Probablemente tuvieron sus representaciones materiales de las divinidades, pero puede ser que el material sobre el que lo realizaban fuese perecedero, como la madera, o que la intransigencia de los acólitos de posteriores religiones asentadas en el solar carpetano acabara con sus restos.
Como buenos célticos (con sus matices ibéricos), debieron adorar a un dios sin nombre, un dios superior, máximo y óptimo, como el Júpiter romano, caracterizado por un notable talante guerrero. Pero también debieron de ser devotos de la Diosa de la Naturaleza y de la Fecundidad, la Diosa Madre celta, indoeuropea. Como no se ha documentado la religión druídica en la Península Ibérica, es de suponer que tampoco hubiese druidas entre los carpetanos. No olvidemos que las corrientes culturales y humanas procedentes del centro de Europa, atravesaron los Pirineos y aquí se fosilizaron, mientras que allende nuestras montañas protectoras y separadoras al mismo tiempo, tales ideas evolucionaban. Nuestros celtas proceden de una estirpe muy antigua, donde no había todavía sitio para las creencias druídicas. No obstante los carpetanos eran devotos de la Naturaleza, y realizaban sus prácticas de culto en santuarios al aire libre, algo que a los romanos les irritaba sobremanera, puesto que ellos estaban habituados a los templos cerrados.
Los carpetanos debieron adorar al caballo, y a las divinidades acuáticas, como la inmensa mayoría de los celtas peninsulares. En Complutum eran especialmente afectuosos con las ninfas de las aguas. No olvidemos la fama de los jinetes meseteños, por cuya contratación se pegaban romanos y cartagineses.
Durante época romana, el culto a Marte, el dios de la guerra romano estaba muy extendido, y se asociaba su culto con el toro, animal de carácter sagrado en todo el Mediterráneo y sus riberas. El toro tenía además un matiz de orden astral, tiene carácter funerario y también simboliza la fecundidad. La religiosidad indígena también estaba predispuesta a los sacrificios cruentos y combates gladiatorios en los funerales de grandes personajes, como Viriato, que no era carpetano, pero sí lusitano, con quienes hubo bastante contacto, y no siempre amistoso.
Sí se conocen aras votivas en la Carpetania con inscripciones romanas, pero dedicadas a dioses romanos, aunque seguramente muchas divinidades del panteón romano se asimilaron con los indígenas, como Marte. En cambio, las alusiones a religiones mistéricas orientales, y por supuesto a los viejos dioses carpetanos, brillan por su ausencia. También está documentado en los municipios carpetanos de época imperial el culto al emperador, cuya gestión llevaban un colegio sacerdotal dominado por libertos, los sevires augustales.
Diego Salvador Conejo

 

martes, 15 de enero de 2013

La utilización del Sax en la alta edad media hispanica

A día de hoy se pone en duda la utilización del tradicional cuchillo de los sajones, (Sax), en la alta edad media hispánica. De los siglos IX al XI no se han encontrado pruebas testimoniales ni arqueológicas, que puedan demostrar si los soldados de leva o guerreros utilizaban este arma a modo de ataque una vez llegados al cuerpo a cuerpo.
No obstante el sax esta documentado en los tiempos visigodos, tanto en Castilla como en el ámbito vasco / navarro desde los siglos VI al VIII. Los visigodos utilizaban este arma atado al cinturón en su parte delantera, al contrario que los sajones y vikingos, quienes parece que solían utilizarlo a su espalda. El sax, era un arma corta, empleada para el combate cuerpo a cuerpo como una espada secundaria de menor tamaño.
Durante los siglos IX al XI, se sabe que los ejércitos se des profesionalizaron, y pasaron a ser ejércitos de leva. Donde altos aristócratas adinerados obligaban a los campesinos a combatir a su lado en defensa de sus intereses. Estos ejércitos, según diferentes testimonios históricos, como el documento fundacional de Covarrubias. Acudían a la batalla armados principalmente con lanzas y escudos. ¿Pero?, una vez rotas las lanzas, que armas utilizaban esos antiguos antepasados.
En el ámbito anglosajón, se sabe que utilizaban hachas de mano que cumplían una doble función. Por un lado agrícola, y en segundo lugar de ataque en las batallas. Pero en la península, las cabezas de hachas encontradas durante los siglos IX al XI son prácticamente nulas. Esto no significa que no se utilizaran, ya que en los siglos VI al VIII hay numerosos restos arqueológicos. Simplemente significa que durante los siglos posteriores, parece que desaparecieron desde un unto de vista arqueológico.
De cualquier forma, la lógica hace pensar que los soldados de leva utilizarían algún tipo de arma para solucionar los combates cuerpo a cuerpo, una vez rotas o superadas las lineas de lanzas. ¿sax?, ¿hachas de campo usadas para la guerra?.
Aun cuando no hay pruebas concluyentes de su utilización, nos inclinamos a pensar que utilizarían hachas de campo como armas cortas, y seguramente algún tipo de sax que desconocemos, y que a buen seguro también tendría una doble función como herramienta y arma. Máxime cuando en épocas anteriores, sus antepasados godos, si habían utilizado y conocido este arma.

X najazd Barbarzyncow 2013